¿Cuál es la tarea política?

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Dado el momento que vivimos, de incertidumbre y de río revuelto, no son pocas las voces y, digo yo, también las pretensiones de asaltar el Palacio de la Aduana desde la fe, por algunos que hoy se profesan cristianos, pero no sé si mañana puedan confesar su fe.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

Padre Rafael Castillo

Padre Rafael Castillo Torres

Nunca han sido fáciles las relaciones entre fe y política. Tampoco entre la Iglesia católica y los políticos. Y menos veo claro el relacionamiento de otras iglesias cristianas y movimientos religiosos con el ámbito de la política.

De una parte, están los políticos habilidosos que usan lo religioso para defender su propia causa. Como también la Iglesia y otras iglesias se han servido de ellos para sus propios intereses. Lo triste es que, desde estas relaciones equivocadas no se valora debidamente el importante quehacer del político ni se le ayuda a descubrir el papel que la fe puede jugar en su tarea.

Para poner luz en este desafío que vive la ciudad, yo quiero partir de dos datos muy concretos que hoy son ampliamente admitidos por la exégesis bíblica y son parte fundamental de la enseñanza social de la Iglesia. Lo primero es el proyecto del Reino de Dios que Jesús puso en marcha allá en Galilea, orientado hacia una transformación profunda en la convivencia humana con repercusiones políticas en el sentido amplio y aristotélico del término: promover el bien común en la sociedad.

Lo segundo es que Jesús no utiliza el poder para llevar adelante su proyecto y, por ello, se aleja de la “política” en el sentido moderno de la palabra, que es el uso técnico del poder para estructurar la convivencia.

Dar

El Reino de Dios no se impone por el poder, la fuerza o la coacción, sino que penetra en la sociedad por la siembra y la acogida de valores como la justicia, la solidaridad o la defensa de los débiles.

Cuando decimos: “Dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, no separamos política y religión, como si la primera se ocupara de los problemas terrestres y la segunda de lo espiritual. Cuando a Jesús le preguntan por los derechos del César, él responde recordando los derechos de Dios. Si la moneda tiene la imagen de Tiberio… el ser humano tiene grabada la imagen de Dios. Derecho violado al ser humano…derecho violado a Dios.

El político cristiano no debe utilizar a Dios para legitimar sus posturas partidistas. La fe cristiana no se identifica con ninguna opción partidista. Los valores evangélicos se promueven desde mediaciones técnicas diversas, lo cual no significa que se deba arrinconar la fe al ámbito privado. Ojalá nuestros políticos cristianos puedan descubrir que el Evangelio les ofrece una inspiración, una visión de la persona y unos valores que pueden orientar y estimular su quehacer en la moralización de la ciudad.

*Vicario de Pastoral de la
Arquidiócesis de Cartagena.

 

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