Jaime Cabrera, el escritor desnudo

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Le traemos dos de los cuentos breves que harán parte del libro ‘En un bosque de la China’, a publicarse en 2018, y que tienen el color de Barranquilla.

Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Jaime Cabrera González se encierra en su apartamento, se desnuda y escribe durante horas. Escribe de pie, con la pantalla del computador en una mesa que le queda a la altura de los ojos; y el teclado en otra mesa, de planchar, que casa manera perfecta con la medida de sus brazos.

El escritor reveló su rito creativo en la sala de teatro Luneta 50, de Barranquilla, donde se realiza cada quince días el evento literario Lecturas Vitales. Allí los escritores muestran las costuras de su arte y por ahí también su vida, así como la marca de influencias de otros autores, en una entrevista conversada que termina por crear una suerte de espejos para las personas que asisten.

Jaime Cabrera fue la noche de este viernes 6 de octubre ese espejo vital, primero para los amigos de su infancia y familiares que lo vinieron a saludar, como aquellos con quienes estudió en el colegio Biffi La Salle. Pero no fueron solo sus anécdotas personales y su rostro sonriente y vigoroso que guarda la juventud del pequeño velocista de colegio lo que reconfortó a sus amigos. No: también fue la cita especial con su obra literaria, tan vívida y propia de la cultura barranquillera, con sus paisajes de antaño, sus edificios y calles con nombres propios, la música, el fraseo, el tempo que hace a una generación sentir que sus vidas tienen sentido en un lugar.

Y los que no conocimos su infancia ni pudimos llamar a las calles de Barranquilla por su nombre, no estuvimos para nada excluidos este viernes. Al contrario: De la narrativa sencilla y directa de Jaime Cabrera salen las voces de una ciudad que vive y se expresa aunque las nuevas modas y construcciones quieran erigir futuro lapidando memoria.

Mantener el sabor

Su forma de narrar la ha forjado con disciplina de loco, para escribir y para leer. Sobre todo le ha aprendido a los norteamericanos la economía de lenguaje, la voz que cuenta y punto. El minimalismo de Raymond Carver. “El homenaje a Carver”, enfatiza Carlos Polo, responsable de conducir la charla con Cabrera en Lecturas Vitales.

Carlos Polo agregó la consigna de tablero que nos legó Cortázar: “La novela siempre gana por puntos, mientras que el cuento debe ganar por nocaut”, para subrayar que Cabrera en literatura se ha dedicado toda su vida a escribir cuentos, y que sustrajo del periodismo la contundencia de los datos y las acciones como fuerza motora. “Pero yo no creo en el golpe final que se le exige al cuento -aclara Cabrera-. Ese mito de que todo cuento debe dejar al lector electrizado con una revelación. ¿Por qué tiene que ser así? Me gusta más que haya sosiego y que al lector le quede también el cuento entre líneas. Como el estilo norteamericano, me gusta hacer más inteligente al lector”.

Cabrera también habló de su relación con Barranquilla desde su faceta como escritor. “Yo pensaba que después de veinticinco años de vivir por fuera, así sea en una ciudad tan presente aquí como Miami, iba a perder el toque, la identidad del lenguaje con el que habla el ser barranquillero”. Hay que aclarar que Cabrera no dijo esto en Luneta 50, sino departiendo después con nosotros en la tienda de la esquina, con una fría en la mano y luciendo una camisa negra que tiene estampadas montones de mini-paletas, tan fosforescentes que parecen del Gran Pijuán. Con una estampa así, Jaime Cabrera no puede haber perdido nada de Barranquilla. Al contrario, la ciudad tiene en figuras como la suya el pasaporte del tiempo, con nombres y apellidos, con su sello de formas, sabor, olores y sonidos.

El edificio que flota

En Miami Beach, Jaime Cabrera vive en el 1403 de “un edificio que flota y que se me parece mucho al edificio K en la calle Progreso con 41, donde viví en Barranquilla hasta los nueve años de edad”. Dice que su edificio flota, y uno siente que es verdad, o que al menos es la figura para decirnos que se puede transportar en él desde la Florida hasta las playas de Puerto Colombia, pasando por las esquinas de La Habana. Sin embargo, ese mismo escritor ritual que se desnuda para escribir, tiene una explicación muy sencilla de la elevación arquitectónica: “A mi edificio llega mucha gente joven, en especial vienen de Rusia, se la pasan fumando marihuana, y todo el que habita allí termina flotando”.

A ese edificio llegó Aníbal Tobón a visitar a Cabrera. Duró tres días. El gran Aníbal Tobón (qepd), el mismo que volvía loca a la ciudad con sus poesías, sus revistas en vivo, su teatro, sus perfomances, le dijo a Cabrera en el momento de despedirse: “Creo que me siento un poco loco después de visitarte”.

Cabrera reveló el viernes en Luneta 50 que Aníbal Tobón fue la primera persona que creyó en su talento. Le publicó un texto suyo en la página Contacto del desaparecido diario barranquillero El Nacional. “Yo debo ser un invento de él”, dijo Cabrera, para quien Luneta 50 es también desde los inicios una de sus gratitudes.

La poeta Fadir Delgado, que estuvo presente este viernes en la noche, se quedó pensando en el edificio que flota y en los rusos que levitan; y en el escritor que se encierra y se desnuda y respira como pajarito; así que después, en la equina de la cerveza, le dijo: “¿Me dejas robarte el edificio que flota?”.

Las paletas fosforescentes

En la actualidad, Cabrera dirige talleres literarios y escribe todos los días. Se ve más de ciento cincuenta películas al año. Cuando se fue de Barranquilla realizaba documentales con sus entrañables Julio Charris y Livingston Crawford. También era docente de periodismo y de guiones. Y  escribía como loco. “Desde niño yo veía a mi familia contar historias a cada momento. Nací entre mujeres, ya pueden imaginárselo”.

Yo lo escuché atento en todo momento, en Luneta 50 y en la tienda de la esquina, y cuando dijo esto de su familia me vi reflejado, porque también nací en un hogar así. Cabrera también fue para mí un espejo, un reflejo que sigue siendo de mi ciudad en todo lo que es, en su forma de hablar, de caminar, de tomarse una cerveza, en su forma de escribir, de vivir y de vestirse.

Al despedirnos, estuve a punto de decirle: “Ey Jaime, regálame esa camisa bacana”. Menos mal atiné a pedirle mejor dos de los cuentos breves que leyó en Luneta 50, los mismos que saldrán en su libro ‘En el bosque de la China’, un compendio de 100 cuentos breves. Fue un acierto porque ahora puedo publicarlos aquí y compartirlos con ustedes, como se comparte una fría, por el disfrute de leer a un man que escribe desnudo y que lleva en el alma una camisa que fosforece.

Cuentos de Jaime Cabrera González: 

Dorina

Pescadería

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Acerca del Autor

4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Periodista y poeta. Editor General de Lachachara.co y conductor del programa radial La Cháchara, por 94.1 Uniautonoma FM Stereo. Desde los 8 años, siendo reportero radial de Voz infantil y presentador del noticiero de televisión infantil, Chiquinoticias, ha construido una experiencia de 20 años en medios de comunicación. Se ha desempeñado también como comunicador en empresas y catedrático universitario. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Tw: @jorgemariosf

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