El cerebro, laboratorio de la mentira

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La “verdad” es una interpretación que el cerebro hace de la realidad, así pues que ella es relativa.

Por: Ulises Redondo Cienfuegos

Durante 2.5 millones de años el cerebro se ha potenciado para leer la realidad y adaptarse a ella. No obstante colisiona con un gran obstáculo: la realidad es inconmensurable. La masa gris no tendría capacidad cognitiva para el aprendizaje de la realidad absoluta, por lo tanto toma lo que más necesita, aquello que sirve a la sobrevivencia del hombre. En ese ejercicio se puede decir que el cerebro interpreta la realidad y se adapta a lo que toma. La “verdad” es una interpretación que el cerebro hace de la realidad, así pues que ella es relativa.

Pero para que parezca verdadero lo que no lo es en su absolutismo, el cerebro se auto engaña a sí mismo con la única intención de preservar la vida. El auto engaño es, entonces, un instinto natural y primitivo de conservación.

Para el cerebro, la existencia de la vida humana tiene que prevalecer y por tanto los actos que haga el hombre para mantener esa existencia deben ser creíbles. El cerebro no tiene la capacidad ni el tiempo para leer lo real-absoluto. Es incapaz de informarnos con certeza acerca de nuestro futuro remoto o nuestro fin como especie, en caso de que este vaya a ocurrir. La masa cris cuasi analfabeta no puede leer lo absoluto y solo nos informa de la realidad actual, del entorno y el medio del horizonte más próximo.

La interpretación del mundo no nos muestra toda la realidad, solo un fragmento. Esa partícula de realidad es la que nos sirve para desenvolvernos en la cotidianidad y es lo que el cerebro auto concibe como normalidad. La normalidad es lo que el género humano ha construido durante el transcurso de toda su historia. La normalidad es la  suma del conocimiento de realidades parciales en momentos determinados. Ese acervo es lo que le ha valido para constituir cultura. Esa es la razón por la cual la cultura universal, tradicional, es interpretada por el cerebro como normalidad.

El cerebro en el ejercicio de la lectura de la realidad toma como normal lo útil, lo que ya conoce y puede seguir conociendo, llegando a un estado de confort, de statu quo y desestima, rechaza lo que no conoce lo que le resulta extraño, “anormal”. La tradicionalidad, la normalidad, el statu quo, siempre opondrá resistencia al cambio, porque el cambio, la novedad es lo desconocido, aparentemente.

El filósofo realista o metafísico como Xavier Zubiri, a quien German Marquinez Argote cita en su libro: Metafísica desde Latinoamérica, expresa que “La realidad no es el ser, es anterior a él. El ser se funda en la realidad. La realidad es lo primario, el ser es una interpretación de la realidad”. Pero las interpretaciones de la realidad tienen una carga psicológica, sujetiva, parcial, no nos informan de verdades absolutas. No obstante una interpretación sujetiva parcial de la realidad puede imponerse como verdad absoluta obturando automáticamente la posibilidad que da lugar a la génesis de la mentira, cuando se hace para “preservar” la vida y los intereses de una sociedad o pueblo, cuando por lo general se hace para salvaguardar intereses de un rey, presidente, “líder” nacional o mundial, de un selecto grupo, o de unas cuantas familias poderosas.

El reconocimiento que cada persona tiene de sí mismo como ser único, individuo, conciencia singular, yo, persona, en medio de la diversidad y diferenciándose de esta, es función del cerebro. La diferencia que existe entre unas y otras personas, la individualidad en medio de la generalidad la establece la masa gris. El cerebro, en cada persona tiene la facultad de recibir y  percibir estímulos del entorno de manera relativamente diferente y de dar respuestas relativamente variadas, eso nos hace diferentes. Los cambios de personalidad, carácter y temperamento se dan al interior del cerebro.

El cerebro desarrolla diversas actividades de cierta complejidad. Entre estas funciones destacan la memoria, el lenguaje, el habla, la praxia, la gnosia y la inteligencia.  También realiza las funciones más complejas como las ejecutivas que son necesarias para planificar, organizar, guiar, revisar, regularizar y evaluar el comportamiento necesario para adaptarse eficazmente al entorno y para alcanzar metas. Ejecuta cognición social, un conjunto de procesos cognitivos y emocionales mediante los cuales interpretamos, analizamos, recordamos y empleamos la información sobre el mundo social. Hace referencia a cómo pensamos acerca de nosotros mismos, de los demás y su comportamiento y de las relaciones sociales, y cómo damos sentido a toda esa información y emitimos comportamientos en base a ella.

El mundo gira alrededor de la mentira finamente elaborada. Los hilos del poder son manejados por la mentira elaborada a propósito.

La mentira elaborada opera como un proceso comunicativo en el cual se necesita un emisor o varios quienes son los encargados de enviar un mensaje mentiroso y un receptor o varios quienes se encargan de recibirla.  Y cuando hablamos de receptor nos referimos a alguien que asume los roles simultáneos de agente pasivo y activo. Pasivo frente al mensaje recibido cuando no tiene conocimientos, información,  preparación intelectual, cuando su educación se basa en la aprensión de datos bancarios, cuando no tiene cultura de la investigación, y está moldeado por la estructura de los sistemas de educación que hacen del educando un robot que solo recibe órdenes pero no tiene capacidad para cuestionarlas. Ese agente pasivo es aquel que no ha sido formado intelectualmente en la escuela de la autocrítica, solo de la crítica que viene del emisor. Este rol del receptor pasivo se caracteriza por carecer de capacidad para la investigación, la reflexión, la evaluación y el análisis, por lo tanto no es capaz de sacar conclusiones propias que se aproximen a la verdad. Y es receptor activo cuando, una vez engañado, multiplica la mentira. La mentira prospera en medio de sociedades que no tienen capacidad reflexiva de tal manera que siempre va en una sola dirección, emisor-receptor, sin posibilidad de ser refutada al menos con contundencia al viajar por una vía casi expedita en donde muy pocos obstáculos se oponen como contrapesos de opinión.

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