De masacres y conservadores

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La moral veleidosa de los conservadores en Estados Unidos colinda con la infamia y el absurdo.

Por Jorge Guebely

Los conservadores rechazan el aborto por considerarlo un crimen en el vientre materno; sin embargo, defienden el negocio de las armas, principal motor de masacres ciudadanas, absurdos asesinatos de adultos y niños. Niños asesinados, no en el vientre materno, sino en escuelas y colegios. Moralmente, son falsos moralistas; económicamente, verdaderos criminales.

Por esa infame moral, no les importa mantener un país con el mayor número de masacres ciudadanas en el mundo a pesar de no estar en guerra alguna. Superan a Colombia, donde conservadores criollos alimentan su voracidad económica y política con guerras.

La reciente matanza en Las Vegas es la última de una larga y vergonzosa lista: hubo una al estrenar una película de Batman en el condado de Aurora; otra, en el condado de Miami-Dade; otra, en la discoteca de Pulse en Orlando… Proliferan las masacres en Estados Unidos. Conmueve el documento cinematográfico de Michael Moore sobre la masacre de Columbine, una institución escolar.

Y no les importa porque las armas domésticas constituyen un jugoso y siniestro negocio manejado por conservadores. –La Asociación Nacional del Rifle, defensora de la segunda enmienda, apoyó económicamente a Donald Trump-. Porque, siendo conservadores en la moral y capitalistas en lo económico, resultaron más voraces que los peores liberales. Actúan como verdaderos gallinazos que viven de mortecinas. Setenta mil millones de dólares produce anualmente el criminal negocio. Hay tantos habitantes como armas en su territorio. “Un gobierno conservador es una hipocresía organizada”, afirmaba el conservador británico Benjamin Disraeli.

Para lograr semejante negocio, han logrado amordazar la conciencia de los norteamericanos con el embeleco de La Seguridad Nacional. Pregonan que un enemigo invisible -el coco para los niños inocentes- vendrá a perpetrar el apocalipsis del país. Terror de Estado, utilizado como estrategia perversa para obtener dividendos económicos y políticos, constituye la política preferida de los conservadores del mundo.

Basta mirar nuestros conservadores tercermundistas para constatar la afirmación. También ondean banderas de terror: el castro-chavismo, la venezuelización y las Farc.; olvidan que la actual Venezuela surgió de la podredumbre liberal-conservadora, la misma que padece actualmente Colombia. Siempre esgrimen fuentes de terror para sobrecoger a incautos –ayer fueron los liberales-. Así, hemos padecido 200 años de guerras, masacres y pobreza para los excluidos. Mientras la élite de godos criollos no es pobre, ni sufre masacres, ni va a la guerra. Elevado costo pagamos por una ideología que no nos pertenece, ni nos beneficia, ni nos dignifica humanamente.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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