Miami, Cuba, el Caribe, México, de ida y de regreso a la vida

456

Mucho más fuerte que la amenaza de un presidente de Estados Unidos, mucho más fuerte que cualquier crisis económica o política. La naturaleza.

Por Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Apenas 15 días después de que Irma tocara tierra en un largo recorrido destructivo desde la isla de Barbuda, en el Caribe, hasta el sur de la Florida, Estados Unidos, sus estragos siguen presentes en la vida de innumerables familias.

En este trabajo periodístico recopilamos relatos, informes y expresiones de lo que aconteció y de lo que aún acontece en la vida de Cuba y de Miami, porque las dificultades no solo fueron en el momento en que llegó el huracán, sino todo lo que tienen que afrontar las personas luego de su paso para recuperar el sendero de la vida. Tanto como sucede ahora mismo con Puerto Rico y México, justo en el mismo momento en el que los líderes del mundo se pelean en la ONU por ver quién tiene las armas más grandes y las amenazas más fuertes.

Diego David Tulcán

En esta primera entrevista, con Diego David Tulcán, barranquillero que vive en Brickell, Miami, recibimos su relato mientras él nos muestra con la cámara de su móvil las calles en el sector que habita.

 

Rafael Escalona (cubano)

El siguiente es el relato de un cubano que tiene uno de los nombres más famosos de Colombia, Rafael Escalona. Este joven, que compartió con LaChachara.co en el Encuentro de Periodismo Iberoamericano realizado por la FNPI en Cartagena en el año 2016, nos contó desde La Habana lo siguiente el 12 de septiembre, muy poco tiempo después del paso de Irma:

La calle Tercera parece el día después de la guerra. Hay familias que lo han perdido todo. Así que no tiene caso quejarme por las tres boberías que mi negligencia puede haber olvidado guardar.
Estoy bien, y la casa está bien, aunque pasarán varios días antes que pueda quitarle las sucesivas capas de churre que tiene el piso y las paredes. El agua subió como nunca antes. Ni siquiera con Wilma. Y los hay que aún se burlan del cambio climático.
Me alegra ver el despliegue de recursos para la recuperación, en un país en el que tanto falta, en la misma medida que me jode ver tanta apatía de gente que no se preocupa por limpiar al menos la entrada de su casa de restos del desastre.
Pasará mucho tiempo antes que la ciudad vuelva a tener una fisionomía ligeramente decente (destruida estaba desde antes). La Habana es una ciudad muy joven, y no tiene esa cultura de la destrucción de otras grandes urbes que han vivido la destrucción y han tenido que levantarse desde sus cenizas. Pero de algún modo saldremos adelante. La resiliencia se esconde en los rincones más insospechados del corazón de las ciudades y sus pobladores. Y todavía amanece gratis, qué carajo.

 

Alexis Díaz y Juvenal Balán Neyra

El siguiente es el relato de Alexis Díaz sobre una imagen que aparece siempre en nuevas fotografías cuando Cuba enfrente la calamidad:

Sobre esta foto y mucho más

Foto por

Foto por: Juvenal Balán Neyra

Se ha generado cierta polémica sobre esta foto. Cuatro jóvenes cubanos juegan al dominó en medio del desastre, con el mar como mesa. Unos ven un gran gesto, otros (menos) han visto un acto de irresponsabilidad. Unos (muchos) dicen que representan el carácter y la idiosincracia del cubano, de un pueblo. Otros no quieren que se nos identifique con este tipo de actitud.

Alguien me escribe, me pregunta, quiere que opine. Y lo complazco.

Hace unos años una gran amiga mía española, escritora y narradora (Ana Griottt) estaba de visita en Cuba tras el paso de un terrible huracán. Estaba en Baracoa, y nuestra ciudad primada había sido literalmente barrida por el agua y el viento. Destrozada. A la mañana siguiente del paso de la bestia, sostiene Ana que salió de su hotel a mirar qué pasaba. Y todo estaba destruido. Sostiene Ana entonces que, sentada en un piedra, frente a su casa, encontró a una anciana baracaoense. Sostiene Ana que la mujer estaba sola, sentada en la piedra y mirando su hogar sin techo, con todo a la intemperie. Sostiene Ana que ella, Ana Griott, estaba sobrecogida y que así, con mirada de pena, lástima y solidaridad, miró a la pobre anciana sentada sobre la piedra ante la humilde casa sin techo, más humilde que nunca. Sostiene Ana que la vieja entonces la vio, levantó la mirada y con una amplia sonrisa, le dijo: ¿ha visto que fresquita tengo yo la casa hoy, señora? Sostiene Ana que aquella sonrisa y aquella frase le devolvieron el alma al cuerpo. Sostiene Ana que aquella sonrisa y aquella frase le dieron una lección de vida. Sostiene Ana que aquella sonrisa y aquella frase le enseñaron mucho sobre el carácter de esa cubana y del pueblo cubano. Sostiene Ana (y sostengo yo) que fue un ejemplo de muchas cosas, irreductibles a palabras.
Se llama resiliencia, muy de moda ahora el término, por cierto. Resiliencia, y la señora no lo sabe, por supuesto. Ser resiliente es una asignatura pendiente en todo el mundo. Saber reponerse ante la adversidad, o darle la vuelta. Y tiene un gran impacto psicológico. En esas personas que lo hacen y en la comunidad que los rodea. Frases del tipo: “la vida sigue”, “de jodido pa’lante no hay más pueblo”, “a mal tiempo buena cara”, etc, resumen esta foto y esta anécdota.
Otra anécdota, esta vez mía: en el año 2005 pasó por Cuba otro animal atmosférico, el “Wilma”. Ha sido el más parecido a este, aunque ya nadie se acuerde, en alarma, en alerta, en peligrosidad, aunque hizo menos daño. Lo recuerdo perfectamente porque yo estaba en La Habana y porque escribí una novela sobre su paso por Cuba (¿verdad, Paquita Armas Fonseca?) Pues bien, cuando pasó el huracán “Wilma” (hasta en el nombre se parecen) estuve viendo los reportajes de la TV cubana. Lacrimosos y dolorosos reportajes sobre los desastres y las muertes en Bahamas, Haití, Dominicana, etc. Y luego un largo reportaje sobre los destrozos en Cuba. Y aunque te parezca mentira, en uno de esos reportajes vi, por televisión, la misma imagen que se debate ahora en tu página de Facebook: en una esquina de la Habana cuatro jóvenes jugaban al dominó y bebían ron con el agua a la cintura, sentados en el medio del mar prácticamente. Surrealista, sí. La periodista de la TV cubana se acercó, cámara en mano y entrevistó a los jugadores. Entre risas, uno de ellos, le dijo algo así como: “mira, mi cielo, en esta esquina hace 20 años que los domingos a las 5 de la tarde se juega al dominó y se bebe ron. Los domingos a las 5 de la tarde. Así que si la tal “Wilma” cree que va estropearnos la partida, está jodida. ¿Que el mar entró? Ya se irá por donde vino”. Y siguieron jugando. Risas. Risas. Más risas, y uno de ellos se pegó. Y comenzaron otra “data”.
Resiliencia. Se llama “resiliencia”. Y carácter. En fin, Cuba. Yo lo veo así. Y estos dos ejemplos me siguen emocionando tanto como cuando, hundido en la pobreza, tienes un solo dólar, un jodido cuc que no te alcanza para nada, y decides beberte una cerveza. Te la bebes y ya no tienes nada. O sí: un pequeño sabor a normalidad, a felicidad, a bien-estar que es un poco distinto al bienestar tan manipulado. Un rayito de vida en la pobreza.
(Autor de la foto: Juvenal Balán Neyra)
Compartir.

Acerca del Autor

4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Periodista y poeta. Editor General de Lachachara.co y conductor del programa radial La Cháchara, por 94.1 Uniautonoma FM Stereo. Desde los 8 años, siendo reportero radial de Voz infantil y presentador del noticiero de televisión infantil, Chiquinoticias, ha construido una experiencia de 20 años en medios de comunicación. Se ha desempeñado también como comunicador en empresas y catedrático universitario. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Tw: @jorgemariosf

Los comentarios están cerrados