De políticos y politiqueros

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Imposible, para un ser humano, prescindir de la política o la religiosidad. Tan imposible como prescindir del aire.

Por Jorge Guebely

Sin el aire, el ser humano muere biológicamente. Sin la política o la religiosidad, muere humanamente. Por eso, político y religioso fue el discurso del Papa en su reciente visita. Refrescó el aire enrarecido de un país volcado a la falsa religiosidad y a la fermentada política.

Si despertó enorme interés, fue por eso: porque fue un discurso auténticamente político. Político en el concepto original de los griegos. “El hombre se organiza, primero en familias; después, en aldeas; por último, en polis (ciudades)”, afirmaba Platón. Por eso, “El hombre es un animal político”. Le es imposible vivir fuera de la ciudadanía. Para construirse como ser humano, tarea vital, no busca el desierto, sino a las aglomeraciones citadinas. La ciudad se convierte en barca donde todos deberían remar hacia un norte humano. Hacer el viaje de las sombras a la idea, -Platón-; de la tierra al cielo, -Cristo-; de la bestia al súper-hombre, -Nietzsche-.

El Papa encarnó, durante cinco días, el verdadero líder político según Platón: “Un rey filósofo”. Un hombre con suficiente sabiduría para promover la inclusión en vez de la exclusión, la justicia en vez de los privilegios, el perdón en vez de la venganza, el amor en vez del odio. “La política es el arte –afirmaba Martí- de conciliar la fiera egoísta con el ángel generoso, y de armonizar para el bien general”.

Si nos pareció grande se debió a la enorme pequeñez de nuestros líderes políticos o religiosos. Pastores que actúan como astutos lobos y precipitan sus ingenuas ovejas en el precipicio de la estupidez. Líderes con rostros de políticos y corazón de politiqueros, el sida humano de la política. Personajes oscuros de lenguaje brillante, políticos en el hablar y politiqueros en el actuar, el propio para defender el desfalco capitalista, el primer anillo de la prosperidad para las élites económicas.

Allí reside la esencial diferencia entre políticos y politiqueros. Los primeros sirven al ser humano, a la especie; los segundos: al prestamista, al banquero, al delincuente estatal, a la cofradía de sus copartidarios y a la voracidad personal. Pero sucede que el interés por el bolsillo excluye el interés por lo humano. “El diablo entra por los bolsillos”, según el Papa, y “no se puede servir a dos señores”, según Mateo.  Dios o dinero, ser humano o élites económicas, poderosa disyuntiva entre políticos y politiqueros, cuidadosa elección entre el futuro o el abismo.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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