Bamboleo infernal

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La atracción por una figura dictatorial sigue vigente. Se consolida cada vez más con la corrupción exagerada de los demócratas. Hablemos de Colombia.

Por Jorge Guebely

“Prefiero la dictadura a la democracia”, me confesó una campesina española en 1978. Para ella, el ‘Generalísimo’ Franco cumplía con las promesas mientras que la democracia las posponía. Extrañaba el orden de antes y detestaba el desorden de ahora. “La democracia no favorece a los pobres”, concluyó la señora que sobrepasaba los 50 años y luchaba por una pensión. Tenía razón, la democracia capitalista no está diseñada para servir a los ciudadanos, sino a las élites económicas a través de sus “políticos”.

En la década del 30, el país más democrático del mundo, los Estados Unidos, vivió una de sus peores hambrunas por la Crisis del 29, fenómeno orquestado por los banqueros. La misma hambruna que promovió el ascenso multitudinario de Hitler y Mussolini. La multitud alemana e italiana confiaba más en sus dictadores que en sus demócratas.

En América Latina, Perón era recordado con nostalgia por los argentinos y Fidel castro era glorificado por los cubanos. En Colombia, Gaitán, quien gesticulaba como Mussolini, fue reverenciado por la masa. En 1953, Rojas Pinilla horadó el corazón de muchos colombianos, repartiendo leche en polvo a través de SENDA. Y en 1970, fue elegido democráticamente por esa misma multitud. En la conciencia colectiva, todo dictador representaba la figura del salvador terrenal.

En verdad, la democracia capitalista no es peor que la dictadura de cualquier tipo. Tampoco mejor. Ambos regímenes degradan la condición humana. Toda dictadura termina, según Octavio Paz, “en las dos formas predilectas de la esquizofrenia: el monólogo y el mausoleo”. Y Bukowski no percibe ninguna diferencia esencial entre los dos regímenes. Dictaduras o democracia capitalista, dos variantes del mismo poder económico. Pocos valores humanos hay en sus ejercicios.

La atracción por una figura dictatorial sigue vigente. Se consolida cada vez más con la corrupción exagerada de los demócratas.

Un resultado favorable a la tendencia despótica, en las próximas elecciones colombianas, no se descarta. Varios fenómenos, nacionales e internacionales, así lo indican: el plebiscito colombiano, el presidente norteamericano y las recientes elecciones en Alemania.

Ningún futuro humano se vislumbra en el horizonte. Quizás debamos recordar que el microbio de la dictadura surge en la podredumbre de la democracia. Y viceversa. Bamboleo infernal y cerrado. Dictaduras o democracias capitalistas, dos regímenes inhumanos al servicio del poder económico. Los demócratas de la década del 30 engendraron sus dictadores y la segunda guerra mundial, donde todos perdieron, menos los banqueros. Sus dineros sirvieron a ambos bandos para que se mataran entre sí, pues la guerra es negocio muy lucrativo para el capitalismo salvaje.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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