Análisis.- Como el deporte no da votos, le quitan la plata

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La misma mala suerte sufren la ciencia, la tecnología y la cultura, en un país que tanto necesita de estas disciplinas para su desarrollo y la paz. 

Por Rafael Sarmiento Coley

2 Búho Bonito

Cultura y Ciencia y Tecnología han visto reducido su presupuesto en forma paulatina desde 2014, con la mala suerte de que el más drástico recorte será para 2018, según presupuesto aprobado este año por el Congreso de la República y presentado por el Gobierno Santos. En este presupuesto de 2018 al deporte le dieron un tijeretazo mortal. En el año 2017 su presupuesto fue de $587 mil millones. Para el 2018 será de solo $223 mil millones. Dejará de recibir $364 mil millones.

¿Así, cómo quiere el mezquino Estado que el país avance en unos escenarios tan importantes como el deporte, cultura, ciencia y tecnología? Que son, en la cruda realidad que afronta Colombia, los elementos básicos para alcanzar un pleno desarrollo incluyente.

El Estado se gana la lotería

Antes de pasar a la lotería que se ganó el Estado, veamos este video certero, no importa si es de izquierdozos, de mamertos, de derecha, de centro, lo importante es que vale por su contenido y porque induce a la reflexión:

Y mientras el Estado, por intermedio del detestable Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, centralista hasta los tuétanos, recorta el presupuesto  a entidades que no dan votos pero dan triunfos y talento, es tan suertudo que se gana el baloto acumulado por la bicoca de $4,7 billones de pesos, que tienen que pagarle Movistar y Claro por cuenta de la revisión de activos, según fallo del Tribunal de Arbitramento de la Cámara de Comercio de Bogotá.

El Ministro de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, MinTic, David Luna brinca en una sola pata porque, según dice a voz en cuello, “es el primer pleito que gana el Estado en todo su historia”.

La pregunta que salta a la vista es, si se ratifica el fallo a favor del Estado, ¿ese baloto para qué bolsillo irá? El sentido común, que es el menos común de los sentidos, indica que ese dinero debe usarse para cubrir el déficit social en vivienda, educación, cultura, ciencia y tecnología, más inclusión más accesibilidad.

Con esos $4,7 billones se podrían hacer tantas cosas útiles. Más no sueñen porque se les va a convertir en una pesadilla terrible: unos señores gordiflones derraman 20 sacos de billetes (los $4,7 billones) en un barril gigante, alrededor del cual están decenas de panzudos marranos  sucios y hambrientos eternamente por comerse el contenido del barril a dentelladas, por eso merodean y merodean, hasta cuando el Mayordomo ordena, desde la Casa de Nariño, cómo será el reparto y a qué marranos les darán la tajada más grande.

Es lo que un célebre presidente gringo llamó el Barril de los Marranos, donde cae el presupuesto de cada año y balotos como el que se le ganó a Movistar y Claro. A propósito, ¿Se acordará el Estado del compromiso que tiene con los pensionados de Telecom? No es de creer que en medio de tanta euforia por los 4,7 billones alguien en la Casa de Nariño se acuerde de esos pobres viejos servidores de la descabezada y sepultada Telecom.

Se mueven, se mueven

El Escritor William Ospina pone el dedo en la llaga en una excelente entrevista que inevitablemente invita a exclamar…¡Qué está haciendo el pueblo colombiano para cambiar todo esto!

Lo dicho ya en anterior columna, todos los candidatos, sin excepción, miran con ambiciones poco santas hacia la Costa Caribe. Una región que pone voto. Porque la acostumbraron a votar en forma masiva, no por madurez política sino por la vulgar compra y venta del sufragio. Esa es la verdad lironda y pelá.

Ya los tenientes políticos de varios candidatos están proponiendo compras masivas de colectores de votos en los barriales. Da lástima y vergüenza, pero así es. Como un saludo a la bandera se hace un llamado a la población que no venda su voto, que prefiera votar en blanco si ya recibió el dinero o los objetos materiales o comestibles.

La historia del Par Vial

Sí. Algo inaceptable y vergonzoso por lo que este video muestra y debe servir para que los colombianos piensen seriamente en votar tanto en el debate de marzo para elegir Representante a la Cámara y Senadores, como en el debate de mayo para escoger Presidente, de manera inteligente, pondera, precisa, con firmeza e independencia y con grandeza de patria.¡Por Dios! ya no vendan el voto por una mochila de maguey con un pastel, una botella de ron blanco y la camiseta de un candidato sabidamente corrupto.

Cuando se puso en marcha el proyecto del Transmetro en forma paralela se dio inició a la culminación de la obra de la carrera 50, que incluía el famoso puente que no comunicaba con  ninguna parte, y algunos tramos de la vía mal construidos.

La obra costaba mucho y no había plata para terminarla. Entonces sabiamente se dejó en responsabilidad de la Empresa de Desarrollo Urbano de Barranquilla (Edubar), ponerle el pecho a dicho chicharrón pelú. ¿Qué hizo Edubar? Clavar a todos los barranquilleros con un impuesto por derrame de valorización. Como el que tiene la información tiene el poder, algún funcionario de alma mugrienta  aprovechó que tenía acceso a toda la información de Edubar.

Se consiguió un calanchín lavador de dólares, es decir con una buena tula, y le propuso el negocio más lindo para taparse de plata “limpia de coca”. El negocio consistió en comprar una carrandanga de casitas viejitas a lo largo de la carrera 50 especialmente en el Barrio Abajo, Rosario y Boston. El calanchín llegó a comprar inmuebles hasta por $30 millones. Casitas sucias, casi en el suelo, sus dueños envejecidos por las penurias, vegetando desde cuando quedaron pensionados como maestros o como empleados del sepultado y saqueado Colpuertos.

Esas casas que el avivato interno de Edubar sugería que comprara su calanchín a bajos precios, antes de que la gente supiera que por ahí iba a pasar la futura vía del desarrollo y la bacanería, fueron pintaditas, emparapetadas  guardando su línea arquitectónica natural, después vendidas a Edubar al triple del precio que realmente habían costado, con una enorme ganancia para el exlavador de dólares y el funcionario nuevo rico, quien para disimular sus multimillonarias ganancias comenzó a comprar fincas en remotas regiones de Sucre, de donde es oriundo. Sin que nadie jamás haya dicho nada y tenga la menor sospecha del sujeto.

¿Y qué pasa con la Vía al Mar?

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Desde antes de que el multimillonario y exitoso ingeniero constructor Mario Huertas Cotes asumiera todo el control del consorcio Vía al Mar para terminar la doble calzada entre Barranquilla y Cartagena, los dueños de los terrenos que la firma constructora tenía que comprar para ampliar la vía, como si todos se hubieran puesto de acuerdo, empezaron a subirle el precio a sus tierras en forma descomunal.

El anterior concesionario en realidad no tuvo culpa de nada, porque delegó en un funcionario que parecía un pelele, un cachaco criado con leche de cabra y changua, pero con una labia que engatusaba hasta a un turco libanés que vino vendiendo telas del medio oriente. El cachaquito le puso el ojo a una dama de fina estirpe barranquillera, hija de un gran hombre que sirvió en importantes instituciones del Estado, se casó con ella y entró al círculo exclusivo y excluyente de la alta sociedad barranquillera. La del turmequé y dedito parado.

Pues bien, ese extraño personaje novelesco que con gran refinamiento tomaba whisky en las rocas con la crema y nata de la sociedad barranquillera, se consiguió un noble servil, un campesino de una de las poblaciones aledañas a la obra, y lo puso a negociar tierras a precio de vaca flaca. Ciertos finqueros, cuasi terratenientes de mayor conocimiento y formación, lo pararon en seco y le dijeron que ellos negociaban directamente con el concesionario o no había negocio.

Entonces aparecía el cachaquín en persona, y llegaba a un acuerdo con el finquero. Ganaba menos, pero lo dejaba contento. Otros definitivamente se negaron a hacer negocios con él, informados como estaban que el viejo consorcio perdería la pelea de tigre con burro amarrado con el poderoso Marío Huertas Cotes con la Concesión Vía al Mar.

Ahora don Mario es quien manda en la Vía al Mar, y los motores de su moderna maquinaria rugen día y noche. Llega con Resoluciones, leyes y Constitución en mano y pone el precio que le da la gana a las tierras que necesita para la doble calzada y para la segunda Circunvalar de Barranquilla, que también se la ganó. Se gana hasta la rifa de una loca paría, porque tiene un músculo financiero poderoso.

Mario Huertas venía con la mala espina de que el anterior concesionario, amigo suyo, se había dejado tramar de un subalterno sucio, tan sucio que aprovechó su matrimonio con dama de alta alcurnia para colarse en el curubito de la sociedad ñera, para tener acceso a la información pura y dura de los tenedores de las tierras por donde pasaría la ampliada Vía al Mar.

Mario Huertas llegó con calculadora en mano, resoluciones del Instituto Agustín Codazzi, y de los ministerios respectivos, y habló muy claro: “Usted dice que el metro cuadrado de su finca está en $180 mil según el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de su jurisdicción. Pues bien, el Agustín Codazzi dice otra cosa, el valor real y legal del metro cuatro en su finca es de $70 mil, y como aquí se trata de una obra de utilidad pública, existe una rebaja legal que deja el valor del metro cuadrado de terreno de su bella cinca en $30 mil y está obligado a vender. En quince días estamos metiendo la maquinaria”.

“Don Mario, pero es que”…El finquero era cortada de manera tajante: “No hay pero que valga…esto queda así y en 15 días pasa maquinaria pesada por todos estos rastrojos que ustedes llaman fincas. Fincas las del Eje Cafetero”.

Un finquero que se había hecho a la ilusión de ganarse tres mil millones con la venta de 30 hectáreas que la Vía le quitará a su finca, a duras penas recibirá $900 millones.

Claro que ese finquero no se queja. Ha sido afortunado en otros negocios. Tiene una finca enorme comprada a pedacitos a humildes labriegos que le venden ”al doctor” sus tierras a precio de huevo. Y son felices “porque el doctor es buena gente, para qué. En épocas de elecciones nos regala camisetas, cachuchas bacanas, ron y pastel y plata para que votemos por el candidato que él nos diga. Y nosotros le hacemos caso, porque el ‘Docto’ es buena gente uff”.

Lo que el pobre campesino ignora es que ese ‘Docto bueno’ es el hombre más malo del país, porque es quien tiene el poder de decidir a qué multinacionales le adjudican la explotaciones de las riquezas naturales no renovables sin tener en cuenta el maltrato a las comunidades, el daño ecológico y la deforestación de miles de hectáreas y la desviación de ríos y caños. Veamos el video:

Lo que no sabe el campesino es que por vender el voto de esa manera y pensar que el finquero es buena papa porque en elecciones va y les regala ron y camisetas y unos cuantos pesos, está vendiendo el derecho más importante de su vida adulta. El derecho d votar por gente buena. No por ladrones de cuello blanco que tienen arruinado al Estado, porque ya no se conforman con el barril de los marranos, sino que meten el hocico insaciable en cuanto orificio vean con plata. Esa es la realidad de la actual Colombia.

Después de todos estos apuntes a ritmo digital, queda en  el tintero el escenario de los candidatos presidenciales. Petro aparece bien, según las encuestas, lo mismo que el Inquisidor Alejandro Ordoñez, El joven aspirante del Centro Democrático Iván Duque y, desde luego Vargas Lleras que salió como un cohete. Le tocaba. Porque tenía un perfil deteriorado.

Es que esa vaina de Odebrecht tiene con graves problemas estomacales a mucha gente. La cosa es tan jodida, que hay candidatos que han pensado en renunciar para que no le remuevan cualquier vínculo con el caso de los sobornos millonarios de la multinacional brasilera. Hablando con un joven empresario barranquillero, de la nueva clase dirigente pujante a la que hay que apoyar,  decía que lo peor que le ha ocurrido a Colombia es hacer negocios con los brasileros y con los españoles. “Son los que nos tienen jodidos por ambos lados. Prestan pésimos servicios, y se llevan la puta plata nuestra para la Madre Patria”.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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