Un Centro de vida en estado de coma

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Un supuesto litigio es la excusa de la administración local, para el sitio que ha sido completamente olvidado.

Por Chachareros 

En el año 2008, la junta de acción comunal del barrio Lipaya solicitó al Distrito la remodelación de un lugar abandonado. Se trataba de la antigua vivienda de una congregación de monjas, que salieron del barrio bajo amenazas desconocidas. El llamado fue escuchado, pero no atendido como se esperaba, porque se llevó a cabo el maquillaje de la fachada de la casa, pero no se estudiaron a fondo las verdaderas necesidades de adecuación.

Sin importar los tropiezos,  los adultos mayores decidieron empoderarse de lo que sería su punto de encuentro, pero hoy, años más tarde,  han optado por expresar su preocupación ya que  son innumerables  las fallas estructurales. A continuación, algunas opiniones de los afectados directos de esta situación:

“Nosotros quisiéramos que nos arreglaran el centro de vida, porque nosotros aquí no tenemos agua, no tenemos baños que sirvan, no tenemos servicio de gas, nos toca cocinar en leña  y nosotros ya no estamos para eso. Aquí no tenemos nada, los palos del techo están llenos de comején, en cualquier rato nos va a caer el techo encima.” Trinidad Gonzáles (80 años).

De izquierda a derecha; Rosa Saltarín y Trinidad Gonzáles.

De izquierda a derecha; Rosa Saltarín y Trinidad Gonzáles.

“Aquí nos tienen olvidados, aquí no nos mandan ni una merienda, no nos mandan nada, ni siquiera voltean a vernos. Eso no debe ser porque en otros centros hay la atención que no tenemos acá. Usted puede observar esas puertas, se las está comiendo el óxido. Queremos que el alcalde venga aquí y hable con nosotros, porque nosotros merecemos respeto y merecemos atención, Como es posible que nos hayan prometido que esto nos lo iban a arreglar y que llevemos casi 8 años esperando. Tenemos abanicos porque nos los regalaron, si fuera por ellos nos hubiéramos muerto del calor.” Rosa Saltarín (81 años).

No cuentan con un botiquín para atender algún dolor, no cuentan con ningún equipo de emergencia en caso de cualquier percance,  solo cuentan con las ganas de hacer digno su espacio. Los sostiene el amor por las manualidades que realizan, por ese deseo incansable de sentirse útiles. Son como una vela enardecida bajo la oscuridad que les rodea. Esperemos alguien decida poner sus ojos en aquel lugar, que se encuentra en cuidados intensivos.

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