El fútbol, como la vida, es injusto: Alemania campeón

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A pesar de su superioridad en el terreno de juego, la Selección de Chile perdió ante Alemania en la final de la Copa Confederaciones.

Por Ever Mejía

Fiel a su estilo, ese estilo que hace del fútbol un arte, los chilenos inician marcando territorio en San Petersburgo, Rusia. La pelota rueda de un lado a otro, hombres uniformados de rojo la acarician y la seducen. Ella parece sumisa, se deja conquistar mientras otro grupo de hombres uniformados de blanco corren y corren luchando por ella, pero lucen perturbados, incómodos, desajustados. Las tribunas del estadio están colmadas, los espectadores más que un partido de fútbol están viendo un melodrama, al mejor estilo de Woody Allen. Los rojos la miman, le coquetean, se mueven para buscarla, para amansarla en el mejor lugar. Los blancos desentonan y agazapados ven como la chica se la está llevando el otro.

Alexis Sánchez no logra conectar la pelota para que entre a la red. Justo en ese instante la realidad golpea la puerta de todos los espectadores y de los jugadores. Es fútbol lo que se está jugando y el fútbol es como la vida: Injusta. Entonces, todos nos damos cuenta: Se está jugando la final Chile y Alemania, y a pesar del dominio de los latinos, los teutones igualan en el marcador. Así que tanto los espectadores que ven el partido por televisión, y los que están en el estadio, y en el banco de suplentes, y los jugadores de ambas selecciones, perciben que los fallos de definición pueden costarle caro a Chile.

Cuentan las hijas del director y actor de cine francés Francois Truffaut que “castigaba a una cuando la otra había hecho una travesura para enseñarles que la vida es injusta”. Cada uno conocerá cientos de casos: El joven prometedor que es asesinado porque no quiso entregar el celular. La niña que es violada. El marido que engaña a su mujer y nunca es descubierto. El gol con la mano. El penal que no fue. Todos lo hemos padecido alguna vez.

Marcelo Díaz está de espaldas en el borde de su propia área, intenta girar con balón dominado y se encuentra con Timo Werner. El alemán se apodera de la pelota y con la sencillez que lo caracteriza deja a su compañero Lars Stindl con el arco vacío. Gol de Alemania.

La impotencia se apodera de todos. Es difícil encontrarle una explicación a lo acontecido. Alemania no había hecho más que replegarse en campo propio, equivocándose y viendo como el otro se adueñaba del partido. Marcelo Díaz se siente culpable, se lo ve confundido, explota su rabia cuando lanza un pelotazo de cuarenta metros a donde no hay nadie, ni de Chile, ni de Alemania, nadie. Vidal lo mira y levanta ambos brazos preguntándole qué está haciendo.

Y le cuesta un poco más a Chile. Los espectadores que los apoyamos por patriotismo o por su estilo de juego, dejamos de lado aquella comodidad con la que veíamos los primeros minutos donde Chile daba un recital de fútbol. Ahora lo sufrimos, gritamos por cada pase errado, nos impacientamos ante los baches de desconcierto del equipo. Mientras tanto su rival se repliega, ahora se equivoca poco, y además asusta con sus contrataques liderados por Drexler y Werner. En el final de la primera etapa, los alemanes terminaron muy cerca de anotar el segundo gol y así dejar el partido liquidado.

Ahora es el entretiempo. Los jugadores entran al vestuario con su entrenador. Uno de los anhelos de todo periodista deportivo es poder estar en un camerino de esos, escuchando qué les dice el entrenador, qué hacen los jugadores, qué se puede decir cuando sabes que estabas haciendo todo bien y de repente te encuentras perdiendo en el marcador, contra las cuerdas. Es difícil no preguntarse quién tomará la palabra, preguntarse qué se le puede decir a tipos como Alexis Sánchez o Arturo Vidal.

Salen a la cancha. Los que hinchamos por Chile estamos aferrados a que con ese fútbol es más probable ganar que perder. Los chilenos intentan imponer su fútbol, pero ante la desesperación del resultado no les sale tan bien. Alemania contrataca sin mayores frutos.

Antes de los diez minutos del segundo tiempo, Antonio Pizzi decide sacar a Marcelo Díaz. Parece una crucifixión. Se retira del campo de juego la cara visible de la derrota, ingresa el joven delantero Leonardo Valencia. Retrasan a Arturo Vidal, Pablo Hernández pasa a jugar de Marcelo Díaz. Mal cambio desde lo conceptual.

A falta de treinta minutos de juego, Arturo Vidal decide hacer del partido una gresca. Quiere poner nervioso a los jóvenes jugadores alemanes. El árbitro serbio Milorad Mazic amonesta a Vidal y a Kimich por una riña. Chile con Vidal a la cabeza empuja el juego a territorio alemán, los chilenos esta vez lo luchan y lo juegan, van a cada pelota con el corazón en la mano. Los alemanes no se acobardan.

Veo como Jara y Medel le ganan todos los mano a mano a los delanteros alemanes. Veo como Chile maneja el balón, como ataca, se aproxima, patea al arco Sánchez, Vidal, Aranguiz. Siempre aparece una pierna de un defensor alemán o las manos de Ter Stegen. Me parece increíble que el partido lo esté ganando un equipo sin grandes méritos, sin jugadores brillantes, solo por aprovechar un error. Recuerdo que la vida es injusta. Recuerdo a Truffaut.

Werner toma el pelota y al instante aparece Jara que envía la pelota al lateral y de paso le deja un codazo en el rostro al alemán. Me rio de la templanza y la maldad del chileno. Parece que la jugada pasó, pero no, el árbitro va a revisar el monitor para replantear su decisión. Pasan los segundos, sube la tensión, a la memoria viene el claro penal que le hicieron a Chile en la semifinal contra Portugal y el árbitro no se tomó la molestia de revisar ese mismo monitor. Ahora el árbitro termina de ver la jugada, se dirige a donde los jugadores, su trayecto se hace infinito, algunos esperan lo peor. El árbitro se lava las manos y le saca la amarilla a Jara.

Los chilenos insisten. Por todos los medios: rematan de fuera del área, meten centros al área, intentan la colectiva, la individual. La pelota que en los primeros minutos parecía tan sumisa, ahora es caprichosa, esquiva. Parece que se va con los alemanes, cuesta entenderlo, por qué el latino que bailó con ella, la sedujo, le dijo lo hermosa que era, le compró chocolates, parece que no se la puede llevar. Por qué irse con los alemanes que no mostraron sentimiento alguno, se los ve fríos, no fueron detallistas, tan solo fueron “prácticos”, por qué, por qué, por qué ellos.

El serbio mete su silbato a la boca, indica el final del compromiso. Alemania campeón de la Copa Confederaciones. Arturo Vidal, un guerrero, se resigna a perder, le reclama al árbitro que no adicionó el tiempo suficiente. Ya está, los alemanes celebran, celebran.

Ficha Técnica

Chile: Claudio Bravo; Mauricio Isla, Gary Medel, Gonzalo Jara, Jean Beausejour ; Pablo Hernández, Marcelo Díaz, Charles Aránguiz, Arturo Vidal; Eduardo Vargas y Alexis Sánchez.
DT: Juan Antonio Pizzi.

Alemania: Marc-André Ter Stegen; Matthias Ginter, Antonio Rudiger, Shkodran Mustafi; Joshua Kimmich, Sebastian Rudy, Leon Goretzka, Jonas Hector; Lars Stindl, Julian Draxler; Timo Werner.
DT: Joachim Löw

Gol de Alemania: Lars Stindl (20′)

Árbitro: Milordad Mazic

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