Jaime Abello Banfi, “Cien años de soledad no decaerá jamás”

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En una excelente entrevista el director de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, hace atinadas reflexiones sobre la ópera prima del escritor cataquero. 

 

Por Chachareros/Revista Caras*

Para celebrar los cincuenta años de publicación de la obra cumbre de Gabo, hablamos con su amigo personal, Jaime Abello Banfi, director de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, quien analiza los elementos que hacen mágicos e inolvidables sus libros

Medio siglo de historia cumple Cien años de soledad, la obra que le significó un premio Nobel a Gabriel García Márquez y que marcó para siempre las mentes de más de 30 millones de lectores que, hasta la fecha, se han sumergido entre las páginas del realismo mágico de Gabo. Cada palabra es eterna y cada año que pasa desde su publicación, en junio de 1967, es motivo de celebración.

2 16 junio Jaime Abello Banfi en Caras


Jaime Abello Banfi, el hombre de confianza de Gabito.

Nadie mejor para hablar sobre este libro, y sobre la mente brillante detrás de este, que Jaime Abello Banfi, con quien el Nobel construyó uno de sus grandes sueños: la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, y con quien además construyó una cercana amistad. “Yo primero lo conocí en el Teatro Municipal de Barranquilla, en 1983, siendo ya Premio Nobel”, cuenta Abello, “Vino a la ciudad porque el presidente Betancourt le pidió el favor – y a Gabo le gustaba ayudar– en este caso, de hablar con los dirigentes de la ciudad sobre la posibilidad de que el Banco de la República, que el año anterior había inaugurado el Teatro Municipal de Barranquilla, le entregara el manejo del teatro al municipio”.La misión de Jaime en esa reunión era, justamente, llevarle la contraria a García Márquez. “Creo que eso fue clave para que él se fijara en mí, porque inmediatamente me invitó a la casa de Álvaro Cepeda Samudio, en el barrio El Prado, donde estaba alojado, y allí nos tomamos unos whiskies, estuvimos charlando y bueno, debo admitir que mi actitud en esos momentos era un poquito desafiante (risas)”.

Durante la siguiente década se encontraron en varias ocasiones, hasta que en 1993 Gabo lo llamó para concretar el proyecto de crear la fundación, y desde ese momento la vida los unió en torno al objetivo de contribuir al ejercicio periodístico de la región.

CARAS: ¿Recuerda la primera vez que leyó ‘Cien años de soledad’?

Jaime Abello Banfi: Leí una edición de mis padres, por ahí en el año 74. Antes había leído Los funerales de la Mamá Grande, que ya se refería a Macondo. Para mí fue una lectura joven, en una época en la que leía de manera afiebrada. Una de las cosas que sentimos los que somos del Caribe cuando lo leemos es que es gran literatura sobre nosotros, eso es muy sorprendente. Leer esas metáforas, esas descripciones, todo es referido a cosas que entendemos perfectamente, que sentimos que son parte nuestra. Con esa finura literaria cómo García Márquez entra dentro de nuestra historia, dentro de nuestro ser, dentro de nuestro ambiente, de lo que sentimos, de lo que vivimos, en el modo de ser costeño. Siendo una obra universalmente popular, comprensible y atractiva, tiene sus raíces muy metidas en el Caribe colombiano, y eso hizo que la experiencia de lectura que yo tuve en esa época fuera muy especial.

CARAS: ¿Qué elementos hacen de este libro un clásico de la literatura?

J.A.B.: Es un clásico porque así lo quiere la gente, porque así lo reconocen los lectores, porque mantiene su vigencia, porque yo visualizo que es un libro que no decae y que no va a decaer jamás, y es un libro que tiene muchas capas de lectura. Se puede leer en clave Caribe, pero también se puede leer en la clave más universal de todas, se puede leer desde el amor, desde la tragedia, desde el poder, se puede leer por la confusión increíble de esa familia llena de personajes con nombres que se repiten, pero también se puede leer como una epopeya. Es un libro en el que un escritor genial, brillante, de una inteligencia extraordinaria, como Gabriel García Márquez, es capaz de traducir su propia vivencia. Como bien lo dijo, Cien años de soledad está basada en su vida, en las historias de su tradición oral familiar, en los cantos vallenatos, en sus recorridos por el Caribe, en su comprensión del modo de ser nuestro, pero, al mismo tiempo, es gran escritura profesional de un hombre alimentado por el periodismo.

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Gabriel García Márquez y Jaime Abello, en casa del Nobel en Cartagena.

 

CARAS: ¿Cómo se hace evidente esa influencia periodística?

J.A.B.: No es tan evidente, pero se nota muchísimo en la precisión de todas las menciones que hace, de todas las referencias históricas. Es decir, es de un rigor, de un cuidado, de una exactitud de periodista, y, aparte de eso, no solo desarrolla unos arquetipos propios, sino que recoge arquetipos de la literatura preexistente, porque García Márquez había sido un gran lector. Es una obra redonda, en que la tradición literaria, la experiencia individual, las capacidades sobresalientes de este escritor, todo se fusiona para dar lugar a ese libro, que es un libro con el que todos, de una u otra forma, nos asombramos con su lectura y nos sentimos representados, los de aquí y los que no son de aquí. Es un libro tan popular en Asia o en Europa como en América Latina.

CARAS: Este año la fundación organizó el evento ‘El gozo de leer Cien años de soledad’, en el que varios escritores y periodistas leían fragmentos de la obra. ¿Qué lo sorprendió de ese encuentro?

J.A.B.: La solemnidad. No solemne en un sentido aburrido, sino en el sentido de la entrega y de concentración de los lectores, que era gente muy diversa, había autores del Hay Festival que leían en distintas lenguas, había amigos de Gabo, había niños. Ritualmente nos encontramos durante tres días a leer y la gente tranquila, sentada, escuchando, con mucho respeto y amor, eso indica que hay realmente una gran admiración hacia Cien años de soledad y hacia Gabo. Este año vamos a participar en diferentes eventos, como el que va a haber en Buenos Aires, en agosto, porque en Buenos Aires fue donde se publicó la primera edición, en 1967, y vamos a tener una celebración en agosto, que es el mes en que Gabo llegó a Buenos Aires a hacer la única visita que ha hecho a esa ciudad después de la publicación del libro. Ahí se dio cuenta de lo que era ser famoso.

CARAS: ¿Y por qué nunca más volvió?

J.A.B.: Eso no se sabe, no sabemos si lo decidió, si lo fue aplazando y al final nunca volvió, pero Tomás Eloy Martínez construyó una hipótesis: que tal vez Gabo, por superstición, no quiso volver a ese lugar donde había sido famoso para no poner en riesgo todo.

CARAS: Gabo decía que Cien años de soledad era un vallenato de 350 páginas, ¿a qué se debe esta afirmación?

J.A.B.: Porque una de las cosas que más le gustaba de los cantos vallenatos antiguos, como los compuestos por Rafael Escalona, es que contaban historias con personajes. Yo creo que él encontró en el vallenato ese relato de raíz popular. Él fue un apasionado, seguidor y aficionado, y de hecho se sabía muchas canciones y las cantaba. El vallenato es una forma de ese sentido de tradición oral de las historias de la región. Otra forma son las historias que contaban las mujeres de su familia y eso también fue una fuente de inspiración, contaban las historias más fantásticas con ‘cara e’ palo’, como si fuera lo más normal del mundo.

CARAS: ¿Cuál es su obra favorita de García Márquez?

J.A.B.: Es muy difícil, no tengo una sola, tengo varias. Las primeras que me vienen a la mente son El amor en los tiempos de cólera, Cien años de soledad Crónica de una muerte anunciada. También agregaría la obra periodística, que es diversa, compuesta por muchos capítulos, que son sus crónicas y sus reportajes.

*Entrevista tomada muy gentilmente de la importante Revista Caras

Cien años de soledad, Infografía

Infografía Cien años digital por Martín Cristal

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Chachareros

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