El mundo en el que vive Wilson Manyoma

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Perfil de Wilson Manyoma. El artista grabó El Preso, uno de los grandes iconos de la salsa colombiana.

Por Ever Mejía

“Estoy en Barranquilla porque poco tiempo antes de que Álvaro José Arroyo muriera, me dijo que me radicara en Barranquilla porque nuestro legado no se podía perder”, cuenta Wilson Manyoma mientras está bailando en la tarima de una discoteca de la ciudad de Barranquilla.

Wilson Manyoma nació hace 65 años en Cali, allá donde el sonido se transforma en salsa. A los 15 años azotaba las baldosas de los bares de la ciudad con la agrupación Sonora Juventud. En los inicios de los años 70’s se fue a probar suerte en las disqueras de Medellín como todo joven de la época con sueños de ser músico. Pronto grabó su primera canción. Pronto se hermanó con el Joe Arroyo, aunque fueran de costas disimiles. Se consolidó en la agrupación Fruko y Sus Tesos. En 1975 grabó El Preso, quizá el mayor éxito salsero de la historia de Colombia.

Hace seis años que vive en Barranquilla. Me reveló que no solo fueron las palabras de Joe Arroyo las que lo convencieron de radicarse en la ciudad, sino que en el entierro de su amigo conoció a una mujer. Así que el amor le dio el empujoncito que le faltaba para quedarse en Barranquilla, aunque esa mujer hoy no esté con él y no haya cambiado su suerte.

Para bien o para mal, decir Wilson Manyoma es susurrar Joe Arroyo. La fórmula suele estar presente. Manyoma es consciente de la situación. Me dijo que su vida artística se reimpulsó cuando en 2011 sacaron la novela El Joe, la leyenda, desde entonces le empezó a sonar el teléfono desde todas partes de Colombia y también de México.

Unos días antes, un crítico musical me dijo algo que ya había escuchado: “Ninguno es mejor que otro, los dos son grandes artistas”. De lo que nadie duda es que Joe Arroyo alcanzó una popularidad y una fama insuperable para Manyoma. Los críticos explican que la popularidad de uno y otro quizá se debe a que Joe Arroyo se independizó de Fruko y Sus Tesos y se fue para Barranquilla en el momento justo.

En la discoteca hay unas trescientas personas. Todos beben mientras esperan la presentación de Wilson Manyoma, Gabino Pampini y David Pabón. Manyoma está en la discoteca una hora antes de presentarse, camina entre los asistentes con una camisa tropical color azul y una mochila sobre un hombro. Al parecer pocos lo reconocen, la gente está en lo suyo. Una negra está sobre las piernas de un negro, ella mueve sus caderas y el hombre le acerca su boca al cuello. Un hombre gordo y cabellón azota baldosa con su mujer, en la mesa que comparten hay una botella de whisky con limones. Un grupo de mujeres solteras bailan la canción que dice que falta una tabla en la cama. A un costado un hombre habla con su mujer sobre el Real Madrid. Al frente, en la zona VIP, hay una mujer alta, rubia y de ojos claros que se toma selfies con su prometido. Cerca pasan tres mujeres con enormes senos. Luces, muchas luces. Unos aplauden y bailan, otros cierran los ojos y bailan, otros toman un trago y bailan, otros hablan por celular y bailan. La mayoría baila. Manyoma camina con tranquilidad por la discoteca.

“La suerte del gavilán no es la misma que la del garrapatero”, entre risas y con menos precisión, pero con más lírica atinó a responderme Manyoma cuando le pregunté por la popularidad del Joe Arroyo y la de él.

Aun así, Manyoma me dijo que siente el cariño de la gente y que aún hace giras internacionales. Se siente reconocido. O por lo menos, mucho más reconocido de lo que imaginó cuando viajaba a Medellín a probar suerte con tan solo 20 años.

Deambulaba por las calles de la Medellín de las disqueras con la ilusión de pertenecer a alguna agrupación, cuando se encontró con Julio Ernesto Estrada, fundador y director de la agrupación Fruko y Sus Tesos. Fruko le pidió una canción y Wilson que estaba un poco despechado le dio Tú Sufrirás.

Con esa canción también inicia su presentación. Ahora está vestido con un pantalón de lino oscuro, una camisa morada, un sombrero de ala ancha negro y su sonrisa blanca que resalta desde lejos. Los asistentes lo acompañan a los gritos en la canción:

Hoy yo me despido

Hoy tú no sabrás

Pero me voy tranquilo

Porque tú sufrirás

 “¿Cuándo te empiezas a sentir un artista?”, le pregunté. Me dijo que cuando empezaron las giras: “Primero Ecuador, luego Perú, Estados Unidos, y desde ahí no paramos. Colombia la recorrimos toda con la caseta Matecaña”.

Y cuando sentí que la conversación se alejaba del Joe Arroyo, volvimos a él. Estábamos hablando del LP Fruko, El Grande (1975). En ese disco salió la canción Manyoma, interpretada por Álvaro José Joe Arroyo.

-Estábamos en Cartagena, era mi primera vez. Desde siempre me atrajo el mar y aprendí a nadar muy bien. Así que aquel día estaba nadando lejos de la orilla y Álvaro José que no sabía nadar trató de seguirme. Yo a lo lejos veo que está como chapoteando, así que me devolví y lo saqué. En tierra Álvaro me dice que lo salvé porque se estaba ahogando. Julio Estrada (Fruko) escuchó los gritos, entonces le preguntó que qué pasaba, que por qué gritaba “Manyomaaa”. Pero bueno, eso quedó así. Pero cuando vino la canción que yo escuché de la voz del Joe Arroyo dedicada a mí, él me dijo “Tú te acuerdas de aquella vez que yo me estaba ahogando en Cartagena, esta canción la sacó Fruko porque él se dio cuenta de lo que pasó y me dijo que cantara la canción. Te la dedico a ti y a toda tu familia”.

Me dijo con una gran sonrisa en cada oración de la anécdota. Desde esa canción, en Colombia son muchos los que han gritado “Manyomaaaa” no para pedir auxilio, sino para gozar y agradecerle su aporte a la música colombiana.

En ese mismo LP salió El Preso. Luego de contarme que esa canción la grabó el mismo día que le dieron la letra, de jurarme que una noche en Perú la cantó más de cuarenta veces y que le dieron una membresía como mejor cantante de la mejor canción de salsa en 1976, recordó una frase que dijo Mary Luz Alonso, la segunda esposa de Joe Arroyo, cuando le preguntaron cuál había sido la mayor frustración del artista: “Cuando salió El Preso. El Joe no tenía nada que hacer en los escenarios”.

42 años después de aquel éxito que lo inmortalizó quiere continuarlo. En los próximos meses saldrá un disco que podría titularse El Preso Número Dos en Cautiverio. En el disco también grabó tres boleros con el cubano Rolando Laserie. También hay una canción de amor porque Manyoma se volvió a enamorar y se le prendió el bombillo de la imaginación y la llama de la ilusión.

Cerrando la conversación, le pregunté por pura curiosidad que si vive solo pues los vecinos del barrio El Carmen me dijeron eso y me sorprendió al ver que su casa es grande. Lo percibí nervioso, me dijo: “Estoy soltero, pero gozo mucho de mis amistades, ensayo con mi orquesta, siempre me están tocando, estoy saliendo y estoy entrando”.

“Pero solo no, porque la soledad es muy fea” y se le escapa una risa nerviosa. Sin ninguna certeza más que sus ojos, por única vez vidriosos, llegué a pensar que Manyoma se siente solo. Creo que es una frase que solo se animaría a decir una persona que ha experimentado la soledad, aunque puedo estar equivocado.

En la discoteca son las doce de la noche, Manyoma está a punto de cerrar su presentación con su mejor canción: El Preso

En el mundo en que yo vivo

Siempre hay cuatro esquinas

Pero entre esquina y esquina

Siempre habrá lo mismo

En mitad de la canción Manyoma se aleja del micrófono. La letra sale de las gargantas de los cientos de personas que están en la discoteca. Manyoma se aleja, hace un gesto con las manos insinuando que para qué va a cantar si ellos se la saben toda. Suenan las trompetas, suena el bajo, suena el piano. La gente canta:

Ay que solo estoy

Solo me espera la muerte

Ay que solo estoy

¿Cuándo cambiará mi suerte? 

Con el dedo índice Manyoma se toca la oreja, está comprobando que sí se la saben, comprueba también que su legado aún tiene para rato. Piensa en Salomé, su última hija, tiene cinco años, como a ningún otro hijo a ella le ve la vena artística, lo siente mientras escucha al centenar cantar su legado. También piensa en el amor, otra vez cree que lo ha encontrado, a sus 65 años cree que con ella quizá cambiará su suerte, al menos en el amor donde la vida le tiene una deuda pendiente.

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Ever Mejía González

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