Andrés Salcedo evoca la primera experiencia de grabar en acetato

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El extraordinario locutor barranquillero es una leyenda viva de la radio  y televisión mundial.

Por Francisco Figueroa Turcios

Andrés Salcedo

Andrés Salcedo, la locución es su pasión.

Andrés Salcedo, con 76 años a cuestas, tiene intacto el recuerdo de la prueba que le tocó afrontar, que marcó su inicio en la radio.

“Lo primero que yo hice al entrar a la radio fue grabar un disco. Mi papa, Rafael Elías Salcedo Lugo, había mencionado durante un almuerzo su amistad juvenil con el señor César Caroll, manda más en la Voz de la patria. Desde aquel día lo presioné tanto  que no le quedó otro remedio que llamarlo – a pesar de que no lo veía desde los años upa- y pedirle que me ayudara, para que por fin dejara de hablar solo, trasmitiendo partidos de béisbol imaginarios en la cola del patio.

El severo señor Caroll consintió, como gracia especial, el hacerme una prueba, pero le advirtió a mi papá- un hombre con mucho tacto- que había un segundo candidato  y sólo el mejor sería seleccionado para ocupar un puesto vacante de locutor. La prueba se haría unos pocos días después en horas de la tarde. Corría el mes de enero de 1960”, recuerda Andrés Salcedo.

El sueño de Andrés Salcedo era ser locutor, un amor que nació a primera vista, a través de un viejo radio alemán marca Telefunken.

“Llegué con media hora de anticipación a la quinta que ocupaba la emisora en la calle de Sello, y primero me encontré con Clemente Vasallo gastando la cera de un ir y venir de soldado de guardia desarmado y enseguida con un muchacho parado en medio de la terraza y tapándose el oído con la mano enchocorada, leía de un papel una propaganda de Pielroja.

La encajonada acústica de la terraza hacía llegar la voz con tan retumbante potencia a mis oídos que estuve a punto de dar por perdida la pelea antes de haberla siguiera empezado. El tipo alto interrumpió su lectura cuando me vio llegar y me habló con un tal dejo de superioridad engolando la voz y apelando a toda la gama de tonos que emplearía una vedette con el muchacho que le viene a pedir un autógrafo, que me dieron ganas de regresarme ahí mismo y sepultar para siempre mi ilusión.

“Estoy aquí porque me han ofrecido un puesto de locutor, pero no creo que lo acepte ya que tengo mejores ofertas, en Barranquilla y en otras ciudades”, mintió mi rival que era de apellido Tovar. Yo estaba muy impresionado por la impostada voz que me hablaba, le creí. En esa llegó Eduardo ‘Chichi’ Vasallo, un tipo bueno como el pan, para decirnos que pasáramos al estudio” señala Andrés Salcedo.

Grabar en acetato

Andrés Salcedo

Andrés Salcedo y el músico Dieter Glave

Andrés Salcedo, con la inocencia de su juventud, pensaba que la prueba era leer una noticia y listo. “‘Chichi’ Vasallo nos comunicó que cada uno de nosotros que grabaríamos varios cortes de acetatos. No entendí, preparando una aguja iba trazando surcos en un disco  de goma laca. Aquel acto de brujería me cerró aún más  la garganta.

Pero la comprobación de que la voz de Tovar era más el ruido que las nueces, me devolvió la perdida esperanza.

Cuando me tocó el turno, me quise comer el micrófono, deseoso de noquear a aquel fanfarrón que me había precedido. El resultado fue fatal. Tuve muchas más patinadas que él y saqué una vocecita que al lado de la suya pareció la de un eunuco. Quería llorar de rabia. Pero estaba escrito que aquella tarde iba a recibir inesperadas lecciones de la vida y de la que, a partir de ese momento, sería mi profesión.

Resulta que al lado del ‘Chichi’ Vasallo había estado todo el tiempo escuchando las pruebas Tomás Emilio Alba, que había venido a grabar cuñas. Cuando  ‘Chichi’ le pidió su opinión, Tomás  Emilio mostró una ecuanimidad que, según lo sigo creyendo aún hoy, fue el empujón que me metió para siempre en la radio”.

“El grandote está más hecho, pero yo en tú lugar tomaría al pelao de las espinillas, que va ha ser con el tiempo un cipote locutor”, dijo en voz alta Tomás Emilio.

“Siempre que tomo un micrófono intento hacer quedar bien a don Tomás Emilio Alba”, revela Andrés Salcedo, con la inocencia de aquel joven que fue hacer la prueba que al final lo graduaría para iniciar su carrera profesional como un prestigioso locutor que cruzó fronteras con su excelente voz y talento.

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Acerca del Autor

7. Francisco Figueroa

Comunicador y Periodista. Editor deportivo de Lachachara.co, tiene experiencia en radio, prensa y televisión. Se ha desempeñado en medios como Diario del Caribe, Satel TV (Telecaribe), RCN, Caracol radio, Emisora Atlántico, Revista Junior. Fue Director deportivo de la Escuela de fútbol Pibe Valderrama y dirigió la estrategia de mercadeo y deportes de Coolechera. Para contactarlo: Email: figueroaturcios@yahoo.es

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