¿Qué sucede con las ferias del libro en Barranquilla?

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En resumidas cuentas, Barranquilla todavía es una ciudad arenosa para la fomentación de esta clase de actividades que son, en esencia, reflejo de cultura.

Por William Castro Atencia*

Todo empezó en la víspera del mes de Mayo: La supuesta feria del libro lanzada por el reconocido Fondo de Cultura Económica era una noticia que a todos nos había tomado por sorpresa. Y es que no todos los días vemos que grandes entidades encargadas de promover la lectura en diferentes países de Hispanoamérica como Colombia, promocione, en compañía de otra entidad muy importante como lo es el Banco de la República (¿extraña combinación?), una venta de libros de buena calidad y de diversos ámbitos, que valorados desde dos mil pesos en adelante, sumando a ello, como si fuera poco, un jugoso descuento del 70%, acabaría por consolidar el sueño de todo lector barranquillero e, incluso, del exterior.

La estupefacción y, por otro lado, el escepticismo de parte de los lectores, no se hizo esperar poco después de la publicación de tal evento en las redes sociales; la conmoción fue comprensible mientras duró, pues quizá con el tiempo nos malacostumbramos a adquirir textos nuevos, o textos usados que preservaran la buena calidad, sin importar los exorbitantes precios contra los cuales, a veces, nos sentimos retraídos. La idea era que llegada esa semana (del 13 al 18 de Marzo) muchos asistieran felices al Banco, y se marcharan con la esperanza de armar su propia biblioteca.

Llegó el primer día de la feria y todavía muchos no lo podían creer. “Que diez mil pesos alcanzaran para llevarse cinco libros; que diez por veinte mil, que con el descuento salían a quince”, era lo que más se comentaba. La gente (en mayoría estudiantes) que iría preparada con su morral, se llevaría una mala primera impresión tras observar que, en la supuesta sala de eventos, no se había ubicado mesa o estante alguno que con libros adornara el riguroso Banco, sino, a más tardar, en la segunda jornada. Que el camión con los libros del Fondo se había averiado en Santa Marta, fue la razón que a todos les habrían dado. Que no importa, que vamos a esperarlo, fue la decisión que tomaron algunos. Mas, habiendo llegado (sin mencionar la tediosa espera que de seguro hubo al momento de descargar y organizar) casi nula sería la ilusión por parte de los jóvenes, adultos y demás asistentes, al detallar la clase de libros ofrecidos en la “feria”. Libros de escasa cantidad, mal organizados sobre una mesa (sí, una sola mesa); obras de dudoso autor, aunque de curiosa procedencia, cuyo precio espantó las últimas intenciones del conglomerado.

En resumen, nunca existió ninguna feria. Existió, sí, un engaño por parte del colectivo editorial, que a pesar de ofrecer durante tantos años sus servicios en nuestro país, mediante sus intereses y falsos propagandas, sembró en definitiva otro indignante episodio, esta vez, en nuestra ciudad, pues como bien se ha hecho mención, Barranquilla es un lugar donde todavía se desconoce el concepto de “lectores” que se tiene de sus ciudadanos. En otras palabras, eventos como las ferias del libro, resultan ser de mayor provecho en otras ciudades distintas a Barranquilla, y no bastaría con mencionar solo a Bogotá y su muy conocida Feria Internacional para darnos cuenta de ello.

Cabe destacar, por supuesto, que dicha problemática que atañe la compleja adquisición de los libros particularmente en nuestro contexto Caribe, también circunscribe, generalmente, la nación colombiana, razón por la cual todavía se evidencian altas tasas de analfabetismo, deserción académica, entre otros efectos que trae consigo el mal fomento de la lectura en Colombia, y por ello es que, no obstante a la labor promotora que arduamente desempeñan entidades como Comfamiliar del Atlántico en las escuelas, nos seguimos alejando de la meta de construir un país en paz, caracterizado por la buena educación y enseñanza que lleguen a ser proyectados por sus altos índices de lectura y escritura.

Ahora bien, si hay otro caso para traer a colación es uno aún más increíble y desconcertante, que a pesar de no haber pasado a mayores (por lo menos, no todavía) sí nos pone en frente la cuestión que impera el surgimiento del presente escrito.

La Librería la Fe, como puede entenderse, es una tienda dedicada a la venta de libros, pero también al fomento de la cultura en Colombia. Con sede principal en Medellín, realiza constantes ferias del libro que, tanto a nivel regional como nacional, han sido bien recibidas por parte de los amantes de la lectura; entre los lugares donde se ha realizado, puede mencionarse Cali, Bogotá, Santa Marta, Cartagena, y por supuesto, Medellín Antioquia. El problema es ahora, donde la misma quiere llevar sus libros a Barranquilla con el propósito que los costeños o habitantes de la costa, sin importar sus edades, también sean partícipes de la tentativa idea de poder adquirir libros desde cinco mil pesos ($5000) en adelante; con la posibilidad de ganar bonos, y recibir promociones para su mayor beneficio, pues el fin último es que todos lean.

Pero retomando lo anterior, diremos que el problema existe ahora; que es inmediato; que algo sucede con la ciudad de Barranquilla, donde los eventos, si no giran en torno a sus tradiciones populares, música urbana, y demás actividades carnavaleras, no pueden ser igualmente aceptados por la comunidad, y ello lo explico a través del siguiente relato:

Faber Quiñónez es el nombre de la persona encargada de vender los libros en la Librería Fe. Nació en Medellín, Antioquia. Es un hombre joven, casado, y que independientemente labora desde hace más de diez años en el negocio de los libros. Con su responsabilidad, convierte la simple idea de la lectura en un viaje paradisíaco, cuya riqueza reconoce no sólo en el placer que produce viajar al lomo de las letras, sino también en los saberes intelectuales que esta transmite, de tal forma que leer es un acto que para él conjuga tanto la aprehensión de la felicidad, como del conocimiento del mundo.

libros barranquillaFaber, quien es conocedor de la difícil situación económica en la que a veces se hallan inmersos los jóvenes estudiantes e investigadores del país en cualquier rama del conocimiento, busca que a nadie le vuelva a ser impedida la compra de los textos científicos, literarios, académicos o llanamente de entretenimiento, a buen precio y óptima calidad. Sin embargo, es de resaltar la ardua labor que Quiñónez debe realizar para lograr sus objetivos: La compra-venta de los libros usados pero que conserven la buena calidad; la catalogación físico-virtual por temáticas, la preservación del orden lógico en cuanto autor y lugar de procedencia, entre otras cosas como el traslado local-nacional de los libros al momento de hacer sus ferias, son solo unos puntos clave para entender algo de su trabajo como promotor de lectura.

Habiendo conocido un poco sobre la librería y su promotor, nos enfocamos ahora en el actual proyecto que éste maneja, y que básicamente consiste en traer su feria del libro a la ciudad de Barranquilla. Para ello, Faber hace uso de las redes sociales como Facebook, Twitter, Whatsapp e Instagram, a través de las cuales divulga su evento: “1ra gran mini feria del libro a 5.000 y muchas más promociones el día 4 de Junio en la ciudad de Barranquilla (…) Encontrarás novelas, cuentos, ensayos, narrativas..”. Hasta este punto todo está bien, pues por este medio ha conseguido reunir alrededor de cinco mil personas de todas las edades, que interesadas por la lectura, asisten a lo que podemos llamar “la fiesta del libro”: Los barranquilleros no fueron la excepción. El problema surge a partir de la víspera del presente mes de Mayo, donde Faber, a un mes de su evento, realiza la natural revisión del mismo, esta vez con la diferencia de no poder ni siquiera ingresar a sus redes sociales, las cuales, acompañadas por un frío mensaje, le indican que sus cuentas han sido hackeadas, y consigo, toda la divulgación de su evento. Cabe resaltar que su pareja sentimental, quien también lo acompañaba a lo largo de su labor administrativa, también corrió con la mala suerte de perder sus cuentas sociales.

Mas, lo anterior no acaba allí: Quiñónez, por medio de varias llamadas a su celular, resultó ser amenazado de muerte por los aparentes culpables de dicho delito cibernético, quienes siempre bajo el anonimato, le dijeron que no querían verlo transitar por la ciudad de Barranquilla y, mucho menos, observarlo haciendo lo que más lo apasiona.

En un breve análisis para intentar identificar a los sujetos implicados en estos delitos de robo y amenaza virtual, se ha especulado sobre la posibilidad que estos puedan ser vendedores de libros, mas no promotores de lectura, por el hecho de que no manifiestan comprometimiento con la labor de fomentar esa bella cultura, sino que, por el contrario, la dañen con sus intereses personales; la tornen más excluyente que incluyente y, por lo tanto, no faciliten el sueño (¿la utopía?) de una Colombia letrada.

El punto es que hasta el momento todavía no se hallan los culpables, a pesar que el señor Quiñónez se ha intentado comunicar con las bien criticadas entidades de seguridad del país, sin lograr nada. No obstante, el promotor asegura que a pesar de todos estos inconvenientes, promete a los barranquilleros una feria del libro el día 4 de Junio del presente año, en las instalaciones de la cancha sintética “Champioms soccer club”, ubicada en laCalle 60 con carrera 46-23 de la ciudad de Barranquilla (para mayor información, todos los enlaces al evento nuevamente publicado en las redes, serán dejados al final de la presente).

En resumidas cuentas, Barranquilla todavía es una ciudad rigurosa para la fomentación de esta clase de actividades que son, en esencia, de carácter literario. Mediante el presente escrito, más allá de comunicar y explicar con detalles lo acontecido con la feria del libro patrocinada por el buen nombre de la Librería Fe, se busca concientizar tanto a las masas lectoras como no lectoras del pueblo, la problemática que actualmente enfrenta el libro. Es cierto que en Barranquilla existan dos tipos de lectores: Los que compran en la Librería Panamericana ubicada en las instalaciones del Centro Comercial Buenavista, y por otro lado, los que optan por comprar en la Librería de la Plaza San Nicolás, ubicada en el centro de la ciudad, pero es importante que en momentos tan críticos como estos, ambos superen sus diferencias con el propósito de apoyar una causa que, a fin de cuentas, a todos nos compete.

Para mayor información ingrese al siguiente enlace: https://www.facebook.com/events/127831934429534/permalink/133866793826048/

*Miembro del semillero del grupo de investigación Maskeletras de la Universidad del Atlántico

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