Los 3 acordeonistas sabaneros de Martín Elias

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Juancho De la Espriella, Rolando Ochoa y Nelson Álvarez fueron los pilares fundamentales para que el desaparecido cantante alcanzara tan rápido la gloria. 

Por Rafael Sarmiento Coley

En sus pinitos como cantante, el valduparense Martín Elías, hijo del desaparecido Diomedes Díaz, se fue a buscar la melodía y la sabrosura de un acordeonista sabanero, el sincelejano Nelson Álvarez.

Cuando ya se sintió que no solo podía caminar sino correr, recurrió a uno de los más destacados acordeonistas sabaneros de los últimos tiempos, Juancho De la Espriella. Y cuando se propuso alcanzar el más alto peldaño de su carrera, se refugió en el acordeón del talentoso Rolando Ochoa, hijo del inolvidable Calixto Ochoa, una de las connotadas estrellas de los Corraleros de Majagual, considerado la Fania All Star de la música popular bailable en Colombia y el exterior.

Martín Elías no es el único que buscó el genético sabor pegajoso de la música sabanera. Según el licenciado en Educación Artística y funcionario de la Gobernación de Sucre, Frank Rodríguez, quien detalla un programa que esa entidad lleva a cabo para fomentar escuelas infantiles que enseñen a tocar los instrumentos básicos de la música sabanera, los distintos géneros músicales propios de la región, como el paseíto, el fandango, la cumbia, el merengue, el pasebol y otros.

“Es importante preservar esa vasta enseñanza que nos han legado tantos importantes juglares nuestros, y la mejor manera de hacerlo es comenzando con la niñez, que es el futuro de la región y el país”, precisó Frank Rodríguez.

Otros cantantes vallenatos como Silvestre Dangond e Iván Villazón también han acudido al talento sabanero para grabar éxitos que son joyas de la música colombiana. Villazón grabó un magnífico trabajo musical con el acordeón del urumitero José María ‘Chema’ Ramos y el saxofón y clarinete del sanmarquero Carlos Piña.

 

Eso viene de lejos

Es bueno recordar que en las sabanas siempre hubo extraordinarios músicos, cantantes, intérpretes, compositores. Uno de los legendarios es el betuliano Eugenio ‘Geño’ Gil, quien dejó más de cien excelsas canciones que, en gesto plausible, ha reproducido en varios trabajos musicales ese otro extraordinario artista sucreño, de Los Palmitos para más señas, Lisandro Meza, quien ha recorrido el mundo con las notas de la música colombiana, con sus hijos ‘Chane’ y José, que conforman el grupo Los Hijos de la Niña Luz (la esposa de Lisandro).

Además, en Corozal se afincó, a los 17 años de edad, Alcides Paternina Gamarra, acordeonista y poeta, quien luego contraería matrimonio con la joven corozalera Elodia Payares. De esa pareja nacieron Felipe, el desaparecido Mario, José y Nilson, quienes a muy temprana edad, contrariando la voluntad de su padre, crearon el conjunto ‘Los Caciques de la Sierra Flor’.

Alcides no quería que sus hijos se dedicaran a la música, porque él casi se pierde en el licor por estar tocando parranda tras parranda y la plata que le pagaban los ricos del pueblo por animarles la rumba, se la bebía en cualquier esquina. Hasta cuando una madrugada la borrachera fue tal, que perdió la noción del tiempo y el espacio y se quedó dormido en la entrada principal de la iglesia San José de Corozal. Las damas que entraban tenían que saltar sobre él para no pisarlo. Y una que otra se lamentaba por aquel estado de postración etílica “de un hombre tan talentoso e inteligente y con un hogar tan bonito”.

Alcides alcanzó a escuchar los diversos comentarios e insultos de las señoras rezanderas. De tal manera que cuando llegó a su casa tomó un machete y despedazó el acordeón. Desde ese día se apagó el músico y desapareció el bebedor.

La riqueza del folclor sabanero

Después de los Corraleros de Majagual, una de las mejores agrupaciones sabaneras fue la de los hermanos Juan (cantante) y Carlos Piña, oriundos de San Marcos. Fue una de las orquestas que puso a bailar a barranquilleros en el Carnaval y en todas sus fiestas populares, lo mismo que a guajiros, cesarenses y toda la Costa. Porque, además, Juancho Piña grabó un par de extraordinarios trabajos vallenatos con el difunto Juancho Rois.

Con el grupo de los Hermanos Piña, estuvieron los legendarios hermanos Benítez de Los Palmitos, Sucre: Leonel (bongocero y canta), Hermídes (fallecido), consagrado baterista, Edilberto en la tumbadora, Levi en los bongoes, Rafael en la guacharaca y Neil en el cencerro.

Los hermanos Benítez, especializados en la percusión y en la animación humorística en las grabaciones se hicieron muy populares porque fueron los que le pusieron la pimienta y el sabor a grupos como el de Alfredo Gutiérrez, Juan Piña Valderrama y los Hermanos López, con Miguel López y Jorge Oñate.

Alfredo Gutiérrez asegura que “esos hermanos Benítez eran unos maestros. Le ponían el pecho a todo. Recuerdo que en una ocasión me arrriesgué a grabar el tema ‘La banda borracha’ en la voz de Leonel. Y fue el número que pegó a nivel nacional e internacional en ese Largaduración. En otra ocasión el invento fue con Hermídes, ensayamos, grabamos de una vez  y también funcionó a la perfección como cantante. Claro que yo contaba con todo un señor conjunto que era un buen apoyo para cualquier cantante. En el coro, primera voz, estaba Johnny Cervantes, de Salamina, Magdalena, en el bajo, el mejor músico que he conocido (porque tocaba guitarra y piano a la perfección y leía el pentagrama): Cristobal García Vásquez, mejor conocido como ‘Calilla’, cartagenero buena gente”.

Alfredo recuerda que la música sabanera ha sido pionera en la cultura popular bailable del país. Alfredo fue uno de los consagrados rescatistas del porro, como compositor, intérprete y arreglista de temas instrumentales o cantados por otra de las brillantes estrellas que formaban parte de los Corraleros, como César Castro, quien grabó ‘El burro muerto’ y varios porros más. De igual forma rescató el vallenato.

“Sin recurrir a la modestia, puedo asegurar que yo inventé el pasebol, un ritmo que toma compases de nuestro paseo sabanero y del bolero cubano-mexicano. El primer pasebol que hice, en 1960,  es ‘Un amor viejo no se olvida’. Después compondría muchos más, hasta cuando apareció el panameño Oswaldo Ayala con el tema que catapultó el pasebol, ‘Anhelos’. Ese fue un batatazo. Recuerdo que la primera voz en los coros es la de Calixto Ochoa, quien me aseguró ‘Alfredo, esta vaina va a ser una bomba como ese ‘Festival en Guararé’, de Dorindo Cárdenas’, también panameño. Todavía suena como ayer”, recuerda Alfredo Gutiérrez.

Producto de ese legado musical de un Rosendo Martínez (monteriano), un ´Calilla’, los hermanos Benitez, es que surgen luego enormes músicos del bombardino, todos de las sabanas. Y bajistas formidables como el corozalero Hollman Salazar, quien se dio el lujo de formar parte de conjuntos como el de los hermanos Zuleta, Jorge Oñate, Iván Vilazón y toda esa constelación de agrupaciones con sello vallenato pero con puro sabor sabanero. Porque nunca han dejado el bombardino, la caja alegre como la tocaba el difunto Mario Paternina, la tumbadora, los timbales, los bongoes, el cencerro y la campana.

Muchos coristas siguieron los formatos de Nacho Paredes, Chamorro, Chamorrito, Chico Cervantes, Alcides Díaz. Y casi todos los bajistas de la nueva generación del vallenato siguieron los parámetros de ‘Calilla’. Su mejor alumno, sin duda, José ‘Quevaz’ Vásquez, de Chiriguaná, Cesar, primo hermano del compositor y cantante, estrella colombiana internacional, Galy Galeano (nombre artístico, porque ese nombre ni ese apellido son de la tierra del consagrado periodista Juan Rincón Vanegas).

Hay quienes aseguran que Miguel López y Jorge Oñate no hubieran alcanzado esa etapa de oro que vivieron, si no hubiesen contado con el valioso aporte de los Benitez. Todavía se recuerda cuando Oñate, en medio de los bajos de Miguel López decía, ‘oye los bajos de Migue López’, y Leonel respondía ‘lo demás es pura pendejá’. O cuando Oñate le pedía ‘Ríete Leonel’, y se escuchaba una risa parrandera.

La riqueza melódica del bombardino

Uno de los instrumentos clásicos de la música sabanera, tanto orquestal como de acordeón, es el bombardino, y el máximo maestro de este instrumento fue el difunto Rosendo Martínez, toda una institución en el historial de la música popular bailable.

Luego han surgido varios músicos sabaneros que han recogido y enriquecido el legado de Rosendo Martínez. Es el caso de Ramón Darío Benitez, extraodinario músico que ha sido contratado por una de las mejores bandas salseras de Nueva York, y ya tiene ciudadanía norteamericana, porque su orquesta no lo deja regresar a Colombia. Algo parecido ocurre con el hombre del ‘saxofón callejero’, Justo Almario, un cotizado saxofonista que se pasea con éxito por los mejores grupos de jazz y salsa de Estados Unidos.

Otro destacado saxofonista, pianista y ejecutante del bombardino, Jesús Molina, ganó una beca de la escuela de Juan Luis Guerra para estudiar música en Boston.

Y otro gran maestro del bombardino es Tomás Benitez, oriundo del corregimiento Las Llanadas, en jurisdicción de Corozal. Estuvo un largo tiempo con Alfredo Gutiérrez y luego se marchó a Estados Unidos.

‘Ya llegó el 20 de enero’

Rubén Darío Salcedo, desde cuando compuso ‘Fiesta en Corraleja’ se ha convertido en un ícono de la música sabanera, tanto así, que cuando el afamado pianista francés Frank Pourcel decidió grabar algo de música Latinoamericana, ese fue el primer disco que grabó. Luego haría lo mismo con varios temas de Los Corraleros de Majagual.

“Gracias a ese disco me liquidan unas buenas regalías internacionales”, dice Rubén Darío Salcedo, autor de verdaderas piezas de antología grabadas por el difunto Rey Vallenato sucreño (de Chochó), Julio De la Ossa y también por Alfredo Gutiérrez.

“Es que si no fuera por el aporte de la riqueza melódica y creativa de la música sabanera, el vallenato no hubiera salido de las fronteras del Cesar”, asegura el maestro Rubén Darío Salcedo, en cuya casa en Sincelejo vivió en su primera juventud el difunto Joe Arroyo, quien cantaba en los fandangos de la Plaza de Majagual con el grupo de Rubén Darío Salcedo. Por eso la menciona en todos sus discos sabrosones “¡En la Plaza e’ Majagual, en Sincelejo!”.

Las Sabanas de Sucre, Bolívar y Córdoba han ganado una docena de coronas en el Festival de la Leyenda Vallenata. Uno de los más consagrados reyes en dicho Festival ha sido Alfredo Gutiérrez Vital, natural de Sabanas de Beltrán, mejor conocido como ‘Palo Quemao’, quien ha sido el único con tres coronas de rey de dicho Festival. Con ese record le sigue, en su orden, el difunto Julio Rojas Buendía, de San Juan Nepo, dos veces rey.

Para que Alfredo Gutiérrez no pudiera ser jamás rey de reyes, que hubiera sido su faena completa en dicho Festival, los directivos del evento, con la difunta Consuelo Araujo Noguera a la cabeza (que le tenía un inexplicable y extraño odio gratuito al consagrado músico sucreño), hicieron unos estatutos a la medida para que Alfredo, que ya tenía 68 años, no pudiera participar jamás. Una actitud mezquina y torpe, pues de haber ganado Alfredo el concurso de rey de reyes, todavía estuviera siendo figura nacional e internacional aportándole grandeza al Festival en esa competencia que se hace cada cinco años.

Otros sabaneros reyes vallenatos han sido: Julito De La Osa (Chochó, Sucre); Mauricio D´Santis (Montería), Fredy Sierra (Sahagún, Córdoba), Harold Rivera (Sincelejo. Cuatro coronas, más las cinco ganadas por Alfredo (3) y Julio Rojas (2), para un total de nueve coronas.

Músicos que vienen y van

El escritor e historiador sanjacintero Alfonso Hamburger considera que, de no haber sido por la música sabanera, el vallenato todavía estuviera limitado a la caja, guacharaca y acordeón. Y recuerda la reflexión del Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, en el sentido de que lo grandioso de la música vallenata fue haber descubierto la música sabanera. Gabo consideraba que la música sabanera tiene más lirismo, cadencia y es polirrítmica.

De ahí que un talentoso inmortal como Calixto Ochoa no se hubiera desarrollado a plenitud, si no se viene de Valencia de Jesús (corregimiento de Valledupar), cuando apenas tenía 17 años, a beber en las fuentes de la música sabanera, anclado primero en San Juan, luego pasó a San Jacinto y por último aterrizó para siempre en Sincelejo, en donde se nutrió de la polirritmia musical sabanera y se pulió al máximo al lado de los Corraleros de Majagual.

Lo mismo hizo su sobrino, Eliécer Ochoa, quien desde muy joven se vino a Sincelejo, en donde aún vive. Tanto Calixto como su sobrino Eliécer fueron reyes vallenatos. Que pueden sumarse a las ya contabilizadas 9 coronas, más la del primer rey del Festival Vallenato en 1968, quien fue de Planeta Rica a Valledupar a ganarse esa corona. En esa época por allá no lo conocía nadie. Tanto así que, según se lo contó al difunto escritor David Sánchez Juliao, cuando viajó de Planeta Rica a Valledupar, el bus paró en Mariangola para que los pasajeros estiraran las piernas y se refrescaran con gaseosa o cerveza. Alejo, con su acordeón bajo el brazo como gallo de pelea, se acercó a la tendera y le pidió una cola. La tendera le preguntó: ‘¿Y usted también va para ese Festival en Valledupar’?. “Sí, seño”, respondió el negro Alejo.

La tendera, con sonrisa burlona, le advirtió, “usted va a hacer el ridículo en un concurso en donde van a tocar los mejores como Emiliano Zuleta, Luis Enrique Martínez y el tal Alejo Durán, mejor devuélvase de donde vino”.

Una historia que casi nunca se cuenta es que los andariegos acordeonistas de pequeñas poblaciones del Magdalena Grande (hoy divididos en César, La Guajira y lo que queda del viejo Magdalena), venían también al bebedero musical sabanero. Tal es el caso de los hermanos Guerra, uno de ellos, Sebastián, quien formaba parte del conjunto de su hermano ‘El Negro’ Guerra y ‘Chiche’ Guerra, se les quedó en San Jacinto locamente enamorado de una sanjacintera de apellido Landero. Cuando ella estuvo en cinta Sebastián salió a reencontrarse con sus hermanos andariegos y nunca volvió, por eso su hijo sanjacintero desechó el apellido del ingrato padre y asumió el de su abnegada madre. Esa es la historia del extraordinario músico sabanero, el difunto Andrés Landero, el rey de la cumbia, a quien Valledupar le negó injustamente una corona, como también se la birló a Lisandro Meza y a Felipe Paternina.

De aquellos músicos andariegos como Abel Antonio Villa, Luis Enrique Martínez, Juancho Polo Valencia, Alejandro Durán, muchos fueron echando raíces en poblaciones que los acogían gratamente. Así ocurrió con Alejo en Planeta Rica. Y mucho antes con Carlos Araque en Ovejas, y Germán Serna recorriendo toda la Mojana y el bajo Cauca, en donde se inspiró con temas inmortales como ‘Playa blanca’, ‘la tierra de los Coronados’.

Casi todos esos grupos, como los conjuntos vallenatos de ahora, (que prácticamente son unas orquestas hasta con 16 músicos), siempre han recurrido a guacharaqueros, cajeros y coristas sabaneros. Los Hermanos Benitez se pasearon con éxito por varios conjuntos vallenatos de renombre, empezando por los Hermanos López con Jorge Oñate.

El Binomio de Oro de Rafael Orozco e Israel Romero brilló con dos músicos sabaneros, el guacharaquero de toda la vida de ese conjunto, Virgilio Barrera (magangueleño), el consagrado cajero Mario Paternina Payares y el difunto Adalberto ‘La Penca de la guacharaca’ Mejía.

Aniceto Molina, sincelejano, llevó el sabor de la música sabanera a Valledupar, en donde vivió por muchos años y en varios temas de Aníbal Velásquez (entre otros el famoso éxito ‘La ronchita’, que canta José ‘Cheíto’ Velásquez, hermano de Aníbal), el acordeón que se escucha es el de Aniceto. Este consagrado músico sabanero luego se fue a Nuevo México (Estados Unidos), y de ahí cruzó la frontera a pasearse como toda una estrella por todas las ferias y festivales de las grandes y pequeñas ciudades mejicanas.

Y murió en Sincelejo

En este mundo suceden cosas que obligan a pensar en lo caprichoso que es el destino. Un joven talentoso, de tanto futuro, como Martín Elías, amaba tanto a Sucre, que no se negaba a presentarse en cualquiera de sus poblaciones, por pequeña que fuera. Siempre por llegar de paso a Sincelejo. Le tenía un cariño especial a Sincelejo, en donde nacieron sus primeros éxitos en los ‘laboratorios’ musicales de Juancho De la Espriella y luego de Rolando Ochoa.

El Viernes Santos fue a animar a su fanaticada de Coveñas, y de regreso, se accidentó, lo trasladaron de emergencia a Sincelejo, en donde luchó tenazmente por vencer a la muerte, más no pudo con la sentencia del destino. Murió en Sincelejo. La ciudad que tanto amaba porque había encontrado su fuente de inspiración musical para llegar al pináculo de la fama con la velocidad de un rayo.

 

 

 

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

1 comentario

  1. Eliecer Vergara abad el

    Estimado amigo y periodista, saludos para usted y su familia, en su crónica muy acertada del aporte de los músicos sabaneros a la música vallenata quiero agregar que a Iván villazon en su primer trabajo discográfico la casa disquera hizo que el acordeonista oriundo de corozal, Felipe paternina quién en ese momento hacia pareja con Jairo Serrano grabará el arco iris y otras tres cancionesvarias canciones más, esto lo puede confirmar con el mismo Felipe

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