Ley de tierras

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Las antinomias políticas de nuestro país y su influencia en el desarrollo del mismo. 

El comentario  de Elías

Por Jorge Guebely  

Nunca el liberalismo colombiano cumplió su cometido histórico: liberalizar nuestra conciencia. Su dirigencia optó casi siempre la costumbre de fundirse con el conservatismo. Núñez fue un converso como lo es Álvaro Uribe. Moral sellada en el Frente Nacional.

La dirigencia liberal traicionó sus ideales encarnados en líderes como Gaitán, Uribe Uribe o Murillo Toro. Como los conservadores, los liberales se convirtieron en poderosos terratenientes, se engolosinaron con la acumulación de tierra, e hicieron de Colombia un territorio de pobreza, iniquidad y violencia.

Cubrieron el campo colombiano con cifras vergonzosas. El 1% de sus habitantes acumula el 50% de las tierras. El 53% de campesinos carece de ellas. La pobreza asciende al 65,5 %; la indigencia, al 32,6%. Millones de campesinos deambulan desplazados. Ante la ausencia del Estado, usufructuaron la informalidad y construyeron el reino del más fuerte. Allí prevalece la voracidad de hacendados, paramilitares, guerrilla y delincuencia común. Se multiplican los jorge pretelt, los otto bulas y las bacrim. 31 millones de hectáreas están dedicadas a la ganadería. Pareciera que es preferible nacer ternero que hijo de campesino pobre. Padecemos el país más conservador y más desigual de la región. Peor que Venezuela en sus tiempos normales según el coeficiente GINI.

Sin embargo, fue un liberal norteamericano, Abraham Lincoln, quien neutralizó ese desajuste histórico en su país. Promovió el minifundio, obligó la tecnificación y la explotación de la tierra por su propio dueño. Fomentó la educación agropecuaria. Organizó la presencia del Estado en todo el territorio nacional. Un siglo después, las diferencias fueron enormes, mientras ellos usufructuaban la prosperidad económica, nosotros sufríamos la violencia pos-gaitanista.

Aún nos queda la “Ley de tierras”, proyecto para otorgar tierra a campesinos pobres, actualmente en consulta regional. Lo haría sin cercenar la propiedad privada. Pondría el énfasis en 800.000 familias campesinas a quienes se les concedería algún minifundio. La distribución se iniciaría con el millón de hectáreas ocupadas por las fuerzas de la Farc. Sería justa retribución a seres humanos que debieron soportar una larga guerra y sufrir los peores vejámenes sólo por aspirar a un pedazo de tierra.

Nos queda también saludar ese proyecto sin importar su origen en los acuerdos de La Habana. Saludar su sensibilidad social y humana, el derecho natural de un campesino a la vida en su propio terreno. Importa exigir su aprobación y cumplimiento. Creer más en el ciudadano y menos en la dirigencia liberal-conservadora. El mesianismo político es otro veneno histórico. Aprendizaje a tener en cuenta en la hora del voto.

jguebelyo@gmail.com

 

 

 

 

 

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