La fe en el resucitado

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Celebrando el triunfo de la vida a pesar de la muerte.

Por: Padre Rafael Castillo

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Padre Rafael Castillo

Celebrar anoche, con todo su esplendor, la vigilia pascual y encontrarnos hoy celebrando el triunfo de la vida a pesar de la muerte, nos debe recordar que la fe en Jesucristo resucitado es mucho más que lo que recitamos en el credo y mucho más, también, que la afirmación de algo extraordinario que le aconteció a Jesús hace más de dos mil años.

Creer en el resucitado es creer que ahora Cristo está vivo, lleno de fuerza y creatividad, impulsando la vida hacia su último destino y liberando a la humanidad de caer en el caos definitivo.

Creer en el resucitado es creer que Jesús está de alguna manera en medio de nuestras familias, pequeñas comunidades y parroquias.

Creer en el resucitado es participar activamente en los encuentros y las tareas de la comunidad cristiana, sabiendo que cuando dos o tres nos reunimos en su nombre, él está en medio de nosotros dando vida en clínicas y hospitales y acompañando a los habitantes de la calle.

Cristo-ResucitadoCreer en el resucitado es descubrir que nuestra oración no es un monólogo vacío, sin alguien que escuche nuestra invocación, sino diálogo con alguien vivo que camina con nosotros haciendo historia desde la misma raíz de la vida.

Creer en el resucitado es dejarnos interpelar por sus palabras recogidas en los santos evangelios, e ir descubriendo cómo ellas son espíritu y vida para el que sabe que, esta palabra, es su principal alimento.

Creer en el resucitado es tener la experiencia personal de que hoy todavía Jesús tiene fuerza para cambiar nuestras vidas y todas las vidas echadas a perder, resucitando todo lo bueno y digno que hay en cada uno de nosotros y liberándonos de todo lo que mata nuestra libertad.

Creer en el resucitado es verlo aparecer vivo en el más pequeño de nuestros hermanos, llamándonos a poner verdad, justicia y compasión allí donde el dolor del pobre se hace grito.

Creer en el resucitado es creer que ni el sufrimiento ni la injusticia, ni el cáncer ni el infarto, ni las armas, ni la opresión o la muerte tienen la última palabra. La última palabra la tiene el resucitado, señor de la vida y la muerte.

Creer en el resucitado es tener la certeza de que nuestra solidaridad con los crucificados de hoy es la garantía de nuestra futura resurrección. Qué bueno que en la mañana de la Pascua respondiéramos algunas preguntas:

¿estamos del lado de los que crucifican o de aquéllos que son crucificados? ¿Estamos junto a los que matan la vida y deshumanizan a los hombres, o de aquéllos que mueren por defender lo humano y se desviven en el servicio a la vida? Una vida crucificada en el servicio a los hermanos y en la defensa de los crucificados es el mejor testimonio de una fe viva en el resucitado.

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