El aporte de Rafa Manjarrez al Festival Vallenato, su himno

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Con toda la pureza de su sentimiento guajiro, encerrado allá en una pensión de universitarios de provincia, fue armando en su mente de compositor las primeras notas y estrofas de lo que sería 30 años después el himno del Festival Vallenato. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Hoy hace 31 años Rafael Manjarrez se presentó tímidamente con una canción que él sabía que tenía fuerza, pero, como él no contaba con esas grandes influencias en el Valle, no estaba muy seguro de ganar el muy disputado concurso de la Canción Inédita del Festival Vallenato. Es uno de los concursos más cotizados y los de mayor respeto. Es el concurso de los juglares de verdad. De los compositores con talento y madera.

Como siempre, no faltó la escena tragicómica. Los cantantes a quienes él les pidió el favor que le interpretaran y defendieran su tema en la tarima, después de leer el texto, uno de ellos le dijo: “nombe, eso tiene mucha literatura”. Y otro cantante, amigo suyo por lo demás, le respondió de manera franca: “Ya mi memoria es muy frágil para recordar todos los versos de esa larga canción”.

Rafael Manjarrez, su autor, quien la compuso en noches solitarias y luego la estrenó de manera estruendosa en parrandas sin fin, nunca había cantado en plaza pública, mucho menos en un escenario sagrado y temido como la tarima Francisco El Hombre, de la Plaza Alfonso López, en  el corazón mítico de Valledupar.

Fue suficiente que un buen amigo le suministrara una botella de aguardiente  “de las panchitas”, recuerda Manjarrez. “Yo me tomé la mitá y me sentí como el boxeador que sube al cuadrilátero a ganar, o a que lo bajen todo reventao”.

Subió firme a la tarima

3 Rafa con su nuevo look.

El abogado y Notario Primero de Santa Marta, Rafael Manjarrez, con su nuevo look, lejos de su pinta de compositor provinciano.

No fue sino escuchar las primeras notas del acordeón, el acompañamiento melodioso de la caja y la guacharaca, para que Rafa se sintiera “el cantante de los cantantes”, como le decían a Héctor Lavoe, uno de sus ídolos, valga los caprichos de la vida y los gustos universales de los juglares vallenatos de esta generación.

Sin más vueltas, arrancó su canción, sin miedos, sin titubeos, con un sorprendente dominio de escenario:

Ya comienza el Festival, vinieron a invitarme/ ya se van los provincianos que estudian conmigo/ ayer tarde que volvieron preferí negarme/ pa’ no tener que contarle a nadie mis motivos/ yo que me muero por ir y es mi deber quedarme/ me quedo en la capital por cosas del destino…
Porque el medio de mis viejos es tan humilde/ que me dan para venirme y en diciembre regresar/ encerrado temblando escribí una letra/ que detallen mi tristeza mi ausencia sentimental…

La vida detrás de un compositor

4 con el Mininterior

El consagrado compositor y abogado Rafael Manjarrez siempre ha estado rodeado de importantes amigos, como el actual ministro del Interior, Juan Fernando Cristo.

Rafael Manjarrez nació el 24 de marzo de 1960, en el municipio de La Jagua del Pilar (La Guajira). Cuando él vino al mundo aquél era un corregimiento de Villanueva. Alcanzaría la categoría de municipio 30 años más tarde. Por lo tanto, es una verdad histórica que Rafael es otro juglar villanuevero, aunque él con todo el derecho de su amor propio por su terruño, en sus canciones no menciona una población con tanto afecto como La Jagua del Pilar, el Río Marquezote (que vierte sus aguas al Cesar) y sus tiempos de sequía en verano.

“Recuerdo que era un Corregimiento más de Villanueva, al igual que Urumita y El Molino. La Jagua del Pilar queda en las estribaciones de la Serranía del Perijá. Cuando fui Gobernador de La Guajira (1983-1984), logré elevar a la categoría de Municipio al Corregimiento de Urumita, y tenía en mente hacer lo mismo con El Molino y La Jagua del Pilar. No me alcanzó el tiempo en la Gobernación”, afirma el exsenador y exgobernador de La Guajira, Rodrigo Dangond Lacouture.

Hoy Rafael Manjarrez está casado con la administradora de empresas y actual directora seccional del Sena en Riohacha, Linda De Jesús Tromp Villarreal.

En su agitada vida sentimental tuvo amores imposibles. Desengaños que le costaron decenas de parrandas y borracheras. De confesiones a sus verdaderos amigos que “ahora sí es verdad que estoy enamorado, tocayale, pero siento que la hembra no me corresponde. Y eso me tiene enloquecido”.

2 Cantando su propia áusencia sentimental'

En sus años de ‘Don Juan’, Rafa Manjarrez sufrió más de un desamor, que él ahogaba cantando una parranda. Ya le había perdido el miedo al micrófono. Se había curado del pánico escénico.

Era cierto. La hermosa muchacha es hija única de una familia de clase media barranquillera. Una familia respetable. Educaron con esmero a su hermosa niña, y, por supuesto, querían “casarla bien”. De todas maneras la niña se dejó seducir del verbo romántico del enamorado provinciano, que ya era abogado y trabajaba en la entonces pujante Corelca. Cuando parecía que todo estaba, más o menos color de rosa, surgían las desavenencias. Fuertes. Porque Rafael, como buen guajiro, dejaba salir su machismo, sus celos enfermizos, de tal tamaño era todo aquello que su ‘Julieta’ terminaba atemorizada. Y él, como buen ‘Romeo’,  se refugiaba en las parrandas con sus amigos. Cuando estaba con sus amigos más cercanos, se iba en llanto por su ‘Julieta’. Su traga era profunda y cierta, frente al amor indeciso e inconstante de su ‘Julieta’. ¡Qué drama, como para William Shakespeare!

Además, Rafa no perdía el vicio de mirar a cuanta falda le coqueteara, hasta el punto que se enamoriscó con una respetable dama de la sociedad magdalenense, residente en Barranquilla y casada con un gran señor. Fue tan atrevido aquel romance secreto, que el enamoradizo autor le compuso el exitoso tema ‘Señora’, grabado de manera impecable por Otto Serge (médico oriundo de El Guamo, Bolívar, pero residente toda la vida en Barranquilla) y Rafael Ricardo (de San Juan Nepo, Bolívar).

Tiempo pasado

Ya fuera de las toldas amables de Corelca, cuando ya esta portentosa empresa de energía costeña cayó en franca decadencia, Rafael Manjarrez buscó mejores horizontes. Se fue a Riohacha y consiguió una Notaría. De allí pasaría a la Notaría Primera de Santa Marta, cargo actual que alterna con la presidencia de la Sociedad de Autores y Compositores (Sayco).

Su vida amorosa le ha deparado cinco “hermosas criaturas que son mis grandes amores”, confiesa el consagrado compositor.

Esos hijos son: Ivón Roxana Manjarrez Ustariz, Fabio Enrique Manjarrez Durán, Adriana Manjarrez Maestre, Linda Valeria Manjarrez Tromp y Valentina Beatriz Manjarrez Tromp.

Este compositor es un consagrado hombre de estudios. Se graduó de abogado en la Universidad Libre de Barranquilla. Se especializó en instituciones jurídico laborales, titulo otorgado por la Universidad Nacional de Colombia.

Especialista en derecho administrativo de  la universidad Sergio Arboleda. Master en derecho de la Universidad Sergio Arboleda.

Su nostalgia

Rafael Manjarrez decidió, después del episodio nostálgico que como paradoja le proporcionó la fama y el honor de ser el autor de la canción acogida como himno del Festival Vallenato, venirse de Bogotá, a seguir sus estudios de derecho en Barranquilla.

De todas maneras “el Valle queda más cerca de Barranquilla que de Bogotá”, recuerda él.

Es que aquel episodio que le partió el alma al no poder viajar por falta de recursos desde la fría capital al caluroso Festival de la Leyenda Vallenata, lo marcó para siempre. Esa situación produjo, años más tarde, la inspiración para que Manjarrez compusiera la canción que hoy es considerada el himno del certamen. El tema en esta edición cumple 31 años de su creación.

Y Manjarrez recuerda con emoción aquella historia. Su historia. “Yo estudiaba y tenía unos compañeros de apartamento, todos eran de mejor condición económica que la de mi familia, ellos me convidaron para viajar a Valledupar, pero cuando llamé a mi papá me dijo que yo no venía a hacer nada al Festival”.

Recuerda que, cuando era muchacho y vivía en La Jagua del Pilar, La Guajira, cerca a la capital del Cesar, había asistido hasta entonces al Festival, pero estando lejos en Bogotá, y sin recursos, no le quedó más remedio que quedarse.

“Mis compañeros se vinieron y me quedé con esa nostalgia y frustración; un tiempo después, cuando ya me había vuelto compositor, venía una edición del Festival, ya yo había participado como en tres ocasiones, en una de esas me emborraché, y había hecho como un receso y mi compadre Jorge Castro, que fue mi jefe en Corelca, me dijo que si era que me iba a retirar, y entonces eso me motivó, y con Hugo Aroca, que era mi compañero de apartamento, él en una colchoneta y yo en el suelo con una guitarra, hice la canción”.

En abril de 1986, ‘Ausencia Sentimental’ fue elegida Canción Inédita del Festival de la Leyenda Vallenata. Su autor recuerda que en medio de esas dificultades económicas, casi se queda por fuera del concurso. “Yo no tenía cómo mandarla a inscribir, en esa época no había correo electrónico como ahora, uno no tenía esa posibilidad, pero como mandado de Dios, mi compadre Armando Morelli viajaba para Valledupar y se trajo la canción”, señala.

“Ahí  la presenté, y el Cachaquito Jiménez, mi gran amigo, no  me la quiso cantar, era en el teatro Cesar en esa oportunidad;  yo estaba sentado y no era capaz de cantarla en público, mi compadre Armando que llegó otra vez,  me compró una botella de aguardiente de las pequeñas, me tomé media, de ahí quedé con ánimo, me monté a la tarima y la canté, quedó favorita, y ganó entre otras honrosas como las de Rosendo Romero, Daniel Celedón e Iván Ovalle”, precisa.

A Poncho no le gustó la canción, ¡qué vaina!

Definitivamente ‘Ausencia sentimental’ ha vivido episodios históricos. Su autor le llevó el casete a los afamados hermanos Zuleta. “A Poncho y Emiliano le entregaron la obra tarde, Poncho como que no la asoció bien, finalmente hicieron la pista, pero no la cantó”.

“Eso estaba como predestinado para que fuera Silvio Brito con el acordeón del Pangue Maestre”, Y así fue. Después llegó a su casa en La Jagua del Pilar, el médico y cantante Otto Serge, que ya le había grabado otros temas, a buscar ‘Ausencia sentimental’, pero su autor pensaba que debía ser alguien de la región: Los Zuleta, Diomedes o Jorge Oñate, y en cambio le cantó a Serge una estrofa de la canción ‘Señora’ . Otto Serge, quien estaba sentado en un sillón en la sala de la casa de Manjarrez, pegó un salto de felino. “Esa es la canción que yo había soñado. Una canción de amores imposibles. De Despecho”. Así fue como la canción ‘Señora’ también se convirtió en éxito en esa voz.

Entonces vino Silvio Brito y grabó ‘Ausencia sentimental’, con el talentoso acodeonero villanuevero Orangel ‘El Pangue’ Maestre, aportando ambos artistas todo el sentimiento que lleva el tema de un estudiante provinciano que, por no tener recursos, no pudo asistir al Festival, generándose en él la ausencia sentimental.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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