Competitividad local amenazada

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las cifras estudiadas no reflejan una real competitividad.

Por Jairo Parada

A pesar de que el DNP en su informe de competitividad logística pondera las ventajas del Caribe colombiano, cuando nos enfocamos en la competitividad local (Atlántico y Barranquilla) hay razones de peso para preocuparnos. Uno se entusiasma con las grandes cifras que nos presentan nuestros gobernantes locales cuando, por ejemplo, la Gobernación del Atlántico, como prueba de que es “Atlántico Líder”, señala que invirtieron $3.4 billones de pesos en 2016. Al mirar el informe de rendición de cuentas de 2016 (me costó trabajo encontrarlo en la página web), se descubre que la inversión con recursos propios fue de apenas $1.2 billones, contaminándose de la práctica del Distrito de inflar las cifras con proyectos de la Nación en el área.

Al escarbar más en el Informe, se encuentra que ejecutaron $986.000 millones. Una mirada al informe de 120 páginas (por lo menos no está lleno de cuadros con el 100% de cumplimiento, como en el Distrito) nos revela que las inversiones están bastante dispersas en todo el territorio, con muy pocas de gran impacto. No hay claridad de qué se va a hacer en el Sur, de cómo evitar que Uniatlántico caiga de nuevo en manos del clientelismo local interno, ni qué va a pasar con el desastre del Cari y los hospitales departamentales.

En 2016, Atlántico siguió estancado en el 9º lugar, según Colombia Compite, y hasta Boyacá nos gana. Poco mejoramos en esto, y aunque estamos en el grupo de departamentos más desarrollados del país, no ascendemos a los primeros cinco lugares. ¿De qué seremos líder?

Ahora se ciernen dos amenazas graves a esta competitividad. Por un lado, la situación del puerto, sin que siga sin entenderse que la verdadera solución es la creación de la Autoridad Portuaria que hemos defendido, como se hace en los grandes puertos del mundo. Cormagdalena se opuso a este proyecto de ley, y en la época de Augusto García se nos hizo creer que Navelena era la solución. Muchos dudamos entonces de Valorcon y Odebrecht, pues la primera empresa dejó no muy buenos recuerdos en la época de la construcción de las vías del Transmetro, y la segunda ya tenía ruidos desde Brasil. Pero los expertos jurídicos de siempre pontificaron que Odebrecht Colombia no tenía problemas, como si esta no fuera rama de su matriz. Hoy se abandonó el proyecto de laboratorio Las Flores, nadie modela el Río, y estamos en manos de criterios subjetivos. El puerto va en picada y se le echa la culpa al nuevo puente.

En lo referente a Electricaribe, es tiempo de entender que la solución será difícil y hay que pensarla bien. De los expertos del sector, en sendas reuniones en las que se me ha invitado, he aprendido que la solución no está a la vuelta de la esquina, que debemos hasta revisar la regulación del sector eléctrico, pues el negocio de la distribución, sin ir conectado a la transmisión y la generación, no da muy buenos resultados. Es la experiencia de Antioquia, pero los señores de Gas Fenosa cometieron errores desde el comienzo en su afán de lucro cortoplacista. Nos obligaron a liquidar, pues en las demandas les va mejor. Con este puerto y  Electricaribe, ¿cuál competitividad?

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