Aquel primer Festival que ganó Alejo venciendo mitos e ídolos de barro

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Nadie creía en Alejo Durán frente a dos rivales portentosos en la región de la vieja Provincia de Padilla: Emiliano Zuleta, el gran favorito de todos, y Luis Enrique Martínez ‘El Pollo Vallenato’. López Michelsen, Consuelo y Escalona, los tres pilares eternos de este magno evento musical. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Esta crónica publicada en LaCháchara.co también fue incluida, como todos los años, en la revista oficial del Festival de la Leyenda Vallenata 2017.

El fotógrafo excorresponsal de El Tiempo en la Costa Caribe, Gustavo Vásquez Vengoechea, lo recuerda como si fuera hoy, a pesar de que, como todos los asistentes a los festivales, ya estaba “un poco copetón” por los cinco o seis tragos de whisky que, entre chanza y chanza, ha ingerido en una tarde fresca en casa de un amigo insigne parrandero

4 Consuelo Araujonoguera

El magnífico liderazgo y entusiasmo desbordante de la Cacique ConsueloAurojonoguera fue fue la energía que hizo posible que el Festival naciera para proyectarse como lo que es hoy. Un evento Internacional.

“Ese día yo tragué whisky como nunca. Porque yo en el Valle tengo muchos amigos, pues mi esposa, Sarita Cotes (hija del inmortal Poncho Cotes Queruz), es vallenata. Y recuerdo que desde Bogotá me llamaron para que mandara, ¡urgente!, varias fotos de Emiliano Zuleta Baquero en tarima, pues, según la radio, que transmitía el Festival con avances especiales (después lo harían en directo), era el absoluto ganador. Para curarme en salud, envié fotos de los tres favoritos, según los expertos locales, obviamente el viejo Emiliano, Luis Enrique Martínez y Alejandro Durán”, recuerda el veterano reportero gráfico barranquillero.

(Vásquez Vengoechea figura en los anales del periodismo colombiano como el único reportero gráfico que en abril de 1967 tomó la célebre foto de la reunión en el patio de la casa de Hernandito Molina Céspedes, donde se ‘fraguó’ un ‘festival con todos los juglares de la Costa Caribe’. En la foto aparecen, entre otros, Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Rafael Escalona, Hernandito Molina Céspedes y su padre el doctor Hernando Molina Maestre).

Aquel primer Festival de la Leyenda Vallenata de abril de 1968 despertó una enorme expectativa en toda la Costa Caribe colombiana, y en algunas pocas regiones del interior. En Bogotá los principales medios de comunicación lo miraban como un evento provinciano más, y el mayor interés de esos medios fue porque uno de los que figuraba como organizador era Alfonso López Michelsen, entonces gobernador del recién creado departamento del Cesar (López fue el primer gobernador de ese nuevo ente territorial).

Los 3 pilares

López Michelsen, hijo del gran caudillo liberal Alfonso López Pumarejo, tenía sólidas raíces vallenatas, pues su abuela paterna, Rosario Pumarejo de López fue una especie de heroína y connotada matrona de la región.

Alentado por el entusiasmo y la fe desbordante de la incansable promotora cultural y defensora a ultranza de la música vallenata, Consuelo Araujonoguera, López Michelsen se sumó a la causa desde cuando aquella mujer de verbo fácil y personalidad arrolladora le propuso la idea que pondría a Valledupar en el mapa nacional e internacional.

3 Alfonso López y Escalona

Alfonso López Michelsen puso en juego toda su diplomacia y astucia política, para rodearse de una élite entusiasta.

López Michelsen, con su agudo olfato político, de inmediato no solo lo entendió, sino que, como Gobernador, lo apoyó haciendo valer sus innegables influencias para el necesario respaldo económico del evento.

Y al lado de López Michelsen y Consuelo Araujo Noguera, el inmortal Rafael Escalona Martínez, el compositor insigne de la música vallenata. A esos tres pilares, se debe lo que es hoy el Festival de la Leyenda Vallenata que llega a sus Bodas de Oro de existencia. Son 50 años de leyenda viva de esta música arraigada –ahora sí—en el alma del pueblo colombiano.

En aquellos primeros pasos el Festival no tenía sede propia. Las reuniones se hacían en la grata, acogedora y amplia casa de Hernandito Molina Céspedes, hijo de Hernando Molina Maestre, a quien Escalona inmortalizó en ‘La Patillalera’. En aquella época Hernandito era el esposo de la Cacica Consuelo Araujo Noguera. Tuvieron cinco hijos: Hernandito Jr., María Mercedes, Rodolfo (el actual dinámico y exitoso presidente de la Fundación de la Leyenda Vallenata), Ricardo y Andrés Alfredo, quien heredó de su madre el talento literario y periodístico, es un reconocido columnista muy leído porque tiene una visión clara y una mente ágil.

La personalidad de López

Era dueño de una personalidad enigmática y atrayente. Desde muy joven mostró su rebeldía e inconformismo por el desvío del Partido Liberal de afrontar con firmeza y decisión los problemas sociales y la integración de las minorías.

Esas circunstancias llevaron a López Michelsen, un liberal pura sangre nacido en la cuna de un preclaro caudillo del liberalismo como Alfonso López Pumarejo (dos veces Presidente de la República), a montar tolda aparte con el denominado Movimiento Revolucionario Liberal (MRL).

2 Alejo

El respetable maestro Rafael Escalona fue uno de los aportantes de todos sus conocimiento del folclor vallenato.

Muy pronto el grupo ‘rojo’ disidente creció como la espuma gracias a los discursos incendiarios de López y sus gregarios a lo largo del país. Lo cual puso en alerta al establecimiento, que venía de dos crisis tremendas, a partir del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, la revuelta conocida como ‘El Bogotazo’ con casi medio país en llamas por la población gaitanista enardecida.

Los partidos tradicionales –Liberal y Conservador- para amainar una guerra fratricida, acordaron el llamado Frente Nacional para alternarse en el poder, sin posibilidad alguna para una tercería. Fue lo que llevó a López Michelsen a salirse de las componendas del oficialismo y abrirse camino con su MRL y con sus arengas catilinarias.

El oficialismo buscó miles de fórmulas para lograr que ‘la oveja descarriada’ retornara al redil. Hasta cuando les cayó como anillo al dedo el nacimiento del nuevo Departamento, con capital Valledupar, ciudad por la cual López Michelsen tenía un amor eterno, porque allí nació su abuela paterna.

No fue sino proponerle el entonces presidente de la República, Carlos Lleras Restrepo, que fuera “mi primer gobernador en el nuevo departamento del Cesar”, para que López Michelsen, como obediente oveja, retornara al redil por la pequeña puerta de una gobernación en provincia. Después sería diplomático y luego Presidente de la República.

Todo un personaje

La elevación a la categoría de capital del Departamento del Cesar tenía a los vallenatos desbordantes de euforia y creatividad. Sus cabezas pensantes proponían diversos escenarios y métodos para poner el Cesar a figurar de manera visible en el mapa nacional. Y la idea más atractiva fue la de la Cacica Consuelo, hacer un Festival Vallenato con todos los juglares de la región.

En aquella primera contienda Alfonso López Michelsen fue un pilar  vital y trascendente, pues, además de todo su respaldo como Gobernador, hizo valer su inmenso capital político para atraer desde Bogotá y otras capitales del país a lo mejor de sus amigos, por lo cual este evento, desde su nacimiento, es frecuentado por las principales personalidades del país, como el Nobel de Literatura 1982 Gabriel García Márquez (quien ese año fue jurado de la final del Festival), presidentes, candidatos presidenciales, consagrados periodistas de radio, prensa y televisión (todavía el periodismo digital no había nacido).

En consecuencia, fue López Michelsen una de las personalidades más influyentes en el éxito del primer Festival de la Leyenda Vallenata, conformando la trilogía inmortal de este evento al lado de Consuelo Araujonoguera y Rafael Escalona Martínez.

La inevitable discordia

Escalona y buena parte del púbico seguidor del evento daban por ganador del primer Festival (en el cual apenas se inscribieron 9 concursantes, frente a los 460 que se matriculan hoy), a Emiliano Zuleta Baquero. El viejo Emiliano.

Y aunque para la final clasificaron solo cuatro acordeoneros –obviamente Zuleta Baquero, Ovidio Granados, Luis Enrique Martínez y Alejo Durán—todo el mundo en la Ciudad de los Santos Reyes daba por seguro ganador a Emiliano. Por su trayectoria, por su fama dentro y fuera de la región, por su ‘Gota fría’ y otras estrofas famosas de sus incontables duelos musicales en piquerías.

Esa excesiva seguridad de su triunfo condujo a sus amigos a invitarlo de parranda en parranda, de whisky en whisky alternado con ron caña, de tal manera que, a la hora de la final, Emiliano no podía con sus piernas ni con su acordeón. Lo llamaron las tres veces reglamentarias a la tarima y, por obvias razones etílicas, no se presentó.

Entonces, el jurado decidió descalificarlo y llamar a los tres concursantes finalistas presentes. El jurado estuvo integrado por Rafael Escalona Martínez (con el dolor en su alma porque Emilianito era su amigo de parranda, hijo de su amiga eterna la vieja Saray y hermano de ese otro amigo suyo, Toño Salas), Tobías Enrique Pumarejo (el popular viejo Toba, insigne compositor de canciones eternas de la música vallenata), Gustavo Gutiérrez Cabello (otro cantautor vallenato de grandes quilates) y Carlos H. Escobar.

En esas condiciones se enfrentaron a fuelle limpio el consagrado Ovidio Granados, el afamado Luis Enrique Martínez y su gran amigo de correrías Alejandro Durán Díaz.

Alejo salió con su eterno ‘¡apa!’ interpretando el paseo de su autoría ‘La cachucha bacana’, siguió con el merengue ‘Elvirita’, y remató con dos temas inolvidables: el son de Juancho Polo Valencia ‘Alicia adorada’, y la puya del propio Alejo ‘Mi pedazo de acordeón’.

El público apretujado en la Plaza Alfonso López estaba delirante, emocionado, enloquecido por aquella magnífica presentación de aquel negro grande con un sombrero vueltiao que no se quitaba ni para echarse fresco ante el inmenso calor.

Fue un triunfo merecido, sin discusión ni críticas. El segundo puesto fue para Ovidio y el tercero para Luis Enrique.

Desde ese día el negro Alejo Durán se convirtió en el personaje de fama nacional e internacional, y en forma más que justa los ortodoxos del vallenato le dieron el merecido visto bueno como autentico juglar de este folclor.

No era de extrañar que así fuera. Alejo no era ningún cachaco aprendiz de acordeonero. Nació en El Paso, Cesar, el 9 de febrero de 1919 (y murió en Planeta Rica, Córdoba el 15 de noviembre de 1989), en una cuna musical. Tenía la genética del folclor auténtico por la doble vía: la paterna y la materna. Su madre Juana Bautista Díaz fue una de las más consagradas ‘cantadoras’ de bullerengue, pajarito y toda esa música hermosa que nace en la parte baja del Río Grande de la Magdalena. Su padre Juan, lo mismo que tres de sus hermanos, entre ellos Nafer que fue Rey Vallenato Profesional y compositor de enormes éxitos como ‘La chimichagüera’, figuran en la historia de esta música como verdaderos acordeoneros.

Desde los 10 años aprendió a tocar acordeón, en los ratos libres que le dejaba, a esa temprana edad, su trabajo de ayudante de vaquería en la inmensa hacienda ‘Las Cabezas’, de propiedad de los adinerados terratenientes Gutiérrez de Piñeres.

Además, como todo buen auténtico juglar, se nutrió de la experiencia de ‘los que vienen y van’, pues recorrió todos los rincones de la Costa Caribe, regiones de Antioquia y hasta Bogotá fue a hacer varias presentaciones invitado por colonias costeñas.

Por eso no es de extrañar el mapa inmenso de sus canciones. ‘Alto del Rosario’, en el extremo sur de Bolívar, ‘El tigre de La Pacha’, por la misma zona; ‘039’ dedicado a un amor fugaz en los límites de Sucre y Córdoba; ‘Sielva María’, de Yarumal, Antioquia, ‘Los dos amigos’ San Juan Nepomuceno y El Guamo; ‘El niño bonito’ Pivijay y Fundación; ‘El papelito’ (Ayapel).

Por eso hoy, 50 años después, nadie niega los inmensos méritos de aquel negro grande que se convirtió en el primer Rey Vallenato de este Festival de las Bodas de Oro, que se hace en homenaje a los tres pilares que parieron este evento: Alfonso López Michelsen, Consuelo Araujonoguera y Rafael Escalona Martínez.

Será un Festival superior. Especial. Por lo que significa celebrar medio siglo de existencia, con un concurso de Rey de Reyes que está al rojo vivo (esta categoría se hace cada 10 años y en él participan los acordeonistas que ostenten la corona de reyes profesionales). Así, pues, que suenen la caja, la guacharaca y el acordeón para ver quién es quién tocando la puya, el merengue, el paseo y el son. ¡En el Valle nos vemos, Dios mediante!

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

1 comentario

  1. Javier Quintero portillo el

    Muy acertado artículo,rememora la historia de nuestro folclore,gracias.