No se le cree

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No se le cree a Santos cuando afirma: “Me acabo de enterar”. No, porque todo político debe mentir para preservar su imagen.

Por Jorge Guebely – jguebelyo@gmail.com

No se le cree porque nos acostumbró a la mentira. No, porque nuestra historia reverbera con frases políticas, rimbombantes y mentirosas. Pero sobre todo, no, porque aumentan los colombianos que descreen las palabras de nuestros políticos mentirosos.

Tampoco se le cree a Roberto Prieto, gerente de campaña, por sus contradicciones. Afirma que Santos conocía las reuniones con Odebrecth, para luego desmentirse. Parece más una rectificación de político menor en apuros, para salvar a un político mayor, también en apuros. Y no se le cree porque la moral política consiste en utilizar todas las artimañas para justificar cualquier fin.

Tampoco se le cree porque la política en la era capitalista es cuestión de mercado. Las multinacionales compran políticos, tanto como los empresarios locales invierten sus cuotas en el mismo negocio. Pocas actividades económicas son tan rentables como financiar campañas electorales. Basta deshacerse de la doble moral para darse cuenta de que la política es un excelente negocio de inversores pudientes.

No se le cree al Santos de hoy como tampoco se le creyó al Samper de ayer cuando dineros del narcotráfico entraron a sus espaldas. Ni a Uribe cuando vocifera el castrochavismo a través de una oposición obtusa, intrascendente y peligrosa. Ni a Gaviria cuando nos dio la bienvenida al futuro. Ni a Turbay Ayala cuando propuso reducir la corrupción a sus justas proporciones. Ni a Echandía cuando sugirió superar la constitución del 86 con el único propósito de anteponer los intereses colectivos sobre los particulares. Los políticos no deberían confundir la impotencia de un pueblo con la estupidez.

Ni siquiera a los históricos se les creyó. No se le creyó a Bolívar quien pregonaba huir de un país gobernado por una persona cuando él ejercía un espíritu dictatorial. Ni a Santander quien, cumpliendo mandatos exteriores, proponía que las leyes nos darían la libertad. Sólo se les cree cuando a uno de esos ‘cafres’ se le chispotea la verdad. Como cuando Echandía confesó que Colombia era un país de ‘cafres’. Como cuando Juan Carlos Vélez, gerente de la campaña uribista por el ‘no’, develó las artimañas para conseguir votos.

Por mi parte, creo en Gaitán cuando afirma, en su tesis de grado, que: “Nuestro pueblo… lo ha invadido la irremediable cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de horribles cosas cuanto por el temor de no ver nada”.

 

 

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Jorge Guebely

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