Miguel Arrázola, el discípulo político

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La política tiende a la corrupción, y la palabra de Dios a la incorrupción, dos tópicos que se contraponen y que tienen en un hilo la credibilidad del pastor cartagenero.

Por: Gersón Brugés– chacharero

Tras la denuncia de María Paula Arrázola el pasado lunes respecto a la supuesta persecución religiosa que el Gobierno de Colombia le tiene a su esposo el reconocido pastor Miguel Arrazola, ha desatado una lluvia de críticas sobre cómo el líder espiritual ha llevado a su rebaño Ríos de Vida a centrar posiciones sobre candidatos y decisiones del Estado colombiano, iniciando con su posición sobre el No en los acuerdos de las negociaciones con las Farc.

Esto ha producido un vacío en muchos discípulos sobre su legitimidad como líder cristiano y ha llevado a más de uno a cuestionarse sobre si un pastor debe estar inmerso en cuestiones políticas.

Las predicas sobre prosperidad, la publicación de bienes exuberantes, su vínculo con políticos colombianos como Álvaro Uribe y Alejandro Ordóñez, más la avalancha de críticas en redes sociales, es la base de la pirámide de ideología que maneja el cartagenero Miguel Arrázola hacia toda su congregación, dejando muy mal parados a los demás pastores cristianos de la región Caribe, principalmente porque su forma de entregar la palabra de Dios está vinculada siempre a su forma de vivir. Y es que nuestra conducta es el ejemplo perfecto para dar a conocer el buen evangelio, así lo referencia la biblia en Mateo 26:59-60, donde afirma que el bueno cristiano tiene que tener una conducta intachable la cual no tenga nada que reprochar.

El mayor problema no está en que Arrázola sea pastor, tenga un gran ministerio con fieles seguidores o predique sobre como Dios ha prosperado sus manos, esos no son temas nuevos para las grandes congregaciones cristianas en el mundo como Lakewood, Casa de Dios o Hillsong, las cuales tienen un poder inmenso de movilización alrededor del mundo con millones de seguidores. El meollo del asunto está en que los líderes que encabezan estos templos se involucren cada vez más con cuestiones políticas que nada tiene que ver con las espirituales, adoptando posiciones individuales que las convierten en una forma de pensar colectiva a su congregación, comprometiendo votos a candidatos y pociones terrenales que no tienen sentido a la hora de compartir la palabra de Dios. “Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”, Jesús de Nazaret.

“Si eres un predicador de Cristo y un pastor deberías ser conocido por predicar el evangelio de Jesucristo y nada más, no hay relación entre el gobierno de un país y el reino de Dios, entonces si un pastor quiere hacer política o se involucra en ella junto a su congregación se está prostituyendo a sí mismo y se aleja de su llamado”, afirma el pastor John F. MacArthur en una entrevista para la sociedad “Heart Cry Missionary”.

El papel de un buen líder cristiano debe ser siempre mostrar la verdad que es el evangelio como está escrito en la palabra, fuera de ello los discípulos deben tomar de forma individual sus decisiones respecto a la sociedad y la política. La cuestión espiritual del cristiano está escrita y fue traducida al español hace más 400 años por Martin Lutero cuando le dio ojos a la sociedad en palpar la palabra de Dios para su interpretación y expansión en el mundo, esta es la herramienta que todo líder espiritual debe tener para influenciar a su público en búsqueda del amor de Dios sin contaminación.

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Gerson Bruges

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