Mala mercancía

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En esta era política, no hay políticos. No hay Maquiavelos, ni Fouchés, ni mucho menos Aristóteles. Solo hay…

Las CariCronis de Elías

Jorge Guebely – jguebelyo@gmail.com

Abandoné al policía destartalado porque me torturaba la imagen de la seguridad ciudadana. Subí a una multinacional educativa, universidad privada, para comunicarme con Nunú, la ingenua.

En el salón, el Dr. Cachipay –apodo del profesor por ser bajito, gordito, redondito y piel amarillenta- consolaba a sus estudiantes: “¡No se preocupen si fracasan como abogados, o como médicos, o como arquitectos! Consideren esos fracasos como el llamado de Dios para que ingresen a la política”.

Nunú, indignada, se declaró tomasina, en consecuencia, pedía ver para creer. Cachipay sacó el ábaco, y comenzó a contar fracasos: “Kiko Gómez de Cambio Radical, Andrés Felipe del Uribismo, Ñoño Elías del Santismo, los hermanitos Moreno Rojas de la izquierda, Alejandro Ordoñez de la derecha”….

– ¡Baaaastaaaa!, interrumpió Nunú. Manoteando, ella aclaró que ésos eran los malos políticos. Cachipay, sonriendo, respondió: “Por supuesto, porque los buenos, como los gatos, tapan las deposiciones”. Airada, ella prometió acusarlo ante el Rector y ante el Ministro de Educación. De nuevo sonriendo, contestó: “Sosiéguese, el Rector y el Ministro obedecen, son fichas… políticas”. Entonces Nunú rugió con la boca cerrada. Cachipay le aclaró: “Ya vas conociendo el abrazo de la serpiente”.

El emérito profesor de Ciencias Po, con doctorado y posdoctorado de Harvard, subió al estrado. Procedió a mostrar lo que los políticos de la era liberal no eran en la historia. “No son aristotélicos, pues tienen el cerebro divorciado de la filosofía”. Se paseó sobre la tarima. Exclamó: “Es más fácil ponerle pantaloncillos a un pulpo que encontrar a un político leyendo a Aristóteles”. Agregó con sarcasmo: “Al concepto de ‘animal político’, le borraron el adjetivo ‘político’, y le dejaron solo el sustantivo”.

Siguió su clase magistral. No eran maquiavélicos porque Maquiavelo habló a un Príncipe. Y los políticos de la era liberal no eran Príncipes. Más bien eran Capataces de la Hacienda nacional e internacional. Se bajó del estrado, y exclamó: “A un Príncipe se le puede dar la llave de la ciudad porque es el dueño. A un político de la era liberal no, porque es Capataz, es decir: capaz de saquearla”.

Levantando un libro de Maurice Duverger, concluyó: “Ni Filósofos, ni Príncipes, simplemente Capataces. En esa peligrosa pobreza terminó la grandeza política. En carteles de copartidarios, devorándose por el poder público, pelando dientes al contrincante, mordiendo a la montonera, sólo para complacer al mejor postor”.

De pronto,  Cachipay gritó: “¡Bendiiiito Fouchéeee! Sabías que todo político, como cualquier mercancía, tenía un precio. Pero… ¿por qué nos toca pagar tan cara, esa mercancía tan mala?”

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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