La última cena de los medios de comunicación costeños

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La crisis económica e institucional del periodismo tradicional es tan grave, que los periodistas ya no pueden ni pedir condiciones laborales dignas.

Por LaCháchara.co

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El Heraldo, siempre ligado a la historia de los ídolos costeños.

Hasta ahora los medios de comunicación tradicionales de la Costa Caribe colombiana habían capoteado la crisis que atraviesa el periodismo global, especialmente grave en los países donde la era digital está más desarrollada y en donde la sostenibilidad del costoso papel periódico, de la televisión y de la radio de ondas hertzianas ha llevado a dichos formatos de medios al borde de la bancarrota, teniendo que venderse a magnates a los que no les importa perder unos cuantos millones de dólares a cambio de tener bajo sus riendas el poder de un medio de comunicación posicionado.

Además, en casi todos los países de economía de mercado esos magnates o conglomerados económicos suelen utilizar una “empresa desagüe” que siempre dará grandes pérdidas, que sirven de colchón para bajar los impuestos por abultadas ganancias de las otras empresas del grupo, en el ejercicio contable anual.

Pero la era digital que se asomaba tímida en Colombia, se lanzó en 2016 con su gran ola de aparatos celulares y portátiles y trajo consigo la misma crisis que se había casi tragado a gigantes como The New York Times, The Washington Post, El País de España, entre otros. Ya El tiempo, que era el todopoderoso medio nacional, es hoy una pieza más del rompecabezas del archimillonario Luis Carlos Sarmiento Angulo. Hoy en día El Tiempo no puede decir con libertad, por ejemplo, que Sarmiento Angulo está metido sin querer queriendo entre los implicados del escándalo Odebrecht en Colombia.

Crisis laboral

Y si miramos en la Costa, lo que acaba de pasar en El Heraldo con la salida masiva de varios colegas de la talla de Germán Corcho Troches, Jimmy Cuadro Rojano, José Granados Fernández, Cristian Mercado Duque, Diego Forero y Eloy Barandalla Rojano, es el aviso contundente de que la factura de la era digital y la crisis institucional del periodismo llegó a nuestra región.

A los anteriores colegas mencionados se suman Sara Hernández Campo, Jorge Cantillo Barrios y William Cano Moreno, César García Garzón, quienes renunciaron en solidaridad con lo ocurrido a sus seis compañeros retirados, más otros cinco reporteros que semanas antes renunciaron cuando la empresa decidió rebajar sus ingresos al quitarles un derecho adquirido como era el pago de la cena, estímulo que para un periodista que en promedio gana un millón de pesos, representa unos $233.000 al mes. En total, 15 menos en la redacción del principal diario barranquillero.

2 Shakira en el Metropolitano

Shakira, la estrella mundial del pop, ha sido un icono consentido en la principal casa periodística costeña.

Que El Heraldo tenga que prescindir de una planta de empleados que ocupa el primer nivel de la cadena periodística no debe ser solo una llamada de alerta para dicho medio o para el gremio periodístico costeño, sino para toda la sociedad. Porque si en los medios de comunicación dejan de laborar los mejores periodistas, el resultado obvio es que la comunidad dejará de recibir la información de mayor calidad.

Es importante recordar, para quienes no conocen con profundidad el tejemaneje del oficio, que el periodismo es una labor que sobrepasa con creces el andar con un celular por la calle tomándose selfies con personajes de la farándula o esperando momentos oportunos para que la foto o el video de hechos pintorescos se conviertan en cosa viral en las redes sociales. No. La labor del periodista desde cuando el mundo es mundo es de una gran responsabilidad. Tampoco es un dato menor saber que un periodista avezado, riguroso, responsable, no se queda con el comunicado de prensa disfrazado de noticia que envían los gobiernos o las empresas, sino que va y consulta varias fuentes, contrasta, verifica, analiza y reflexiona, para luego sí dedicarse a la nada fácil labor de escribir, editar y publicar. Esta labor, que comienza muy temprano en la mañana, casi desde cuando canta al gallo, no termina con horarios de oficina. Porque, insistimos, no es solo copiar y pegar wikipedia.

Pero lo grave no es que esto no lo sepa la gente del común, que no tiene porqué estar familiarizada con lo que ocurre en las entrañas del oficio; lo grave es que en los mismos medios deje de ser prioritario o simplemente se olvide ese enorme esfuerzo y compromiso que tienen los periodistas, y que por tanto nos quieran convertir, para que seamos “baratos” y no nos tengan que dar ni la cena, en cómodos copiadores de noticias de internet o en faranduleros de celular en mano, o incluso que se nos quiera exprimir el cerebro para lograr el mejor de los reportajes sin que siquiera podamos tener a cambio una vida laboral digna.

El periodismo, más efectivo que mil fusiles

Que los medios están en crisis es una verdad de a puño, pero también es real que los periodistas somos los que hacemos posible la existencia de dichos medios y somos los que cumplimos la función  de válvula de escape de los explosivos conflictos sociales. Siempre, a lo largo de la historia, el periodismo ha impulsado revoluciones, el avance de la sociedad o la conquista de derechos y libertades sociales. Si no hiciéramos lo que hacemos en Barranquilla, la ciudad no tuviera tan bien posicionada ese privilegio de capital de vida. En Estados Unidos, el principal aliado de los libertadores encabezados por George Washington fue un osado periodista que publicaba el descontento de los súbditos del Reino Unido de Gran Bretaña, el imperio que mantenía a Norteamérica como una colonia más. En el proceso libertario realizado por Simón Bolívar, José Martí y el glorioso San Martín, siempre estuvo el periodismo como enorme aliado. Hasta el punto que Bolívar nunca dejaba de cargar una pequeña impresora para imprimir un periódico por donde quiera que pasara. Decía él que la palabra escrita era más mortal que una espada.

En Colombia es bueno recordar la época de oro del periodismo que hizo la revista Alternativa, bajo las orientaciones de Gabriel García Márquez y Enrique Santos Calderón, éste último autor de una de las columnas más leídas en Colombia, ‘Contraescape’, en el diario El Tiempo.

En el caso de El Heraldo, desde su fundación en el año 1933, asumió el compromiso de ser el principal defensor de los intereses de Barranquilla, el Atlántico y la Costa Caribe colombiana. Su primer director, Juan B. Fernández Ortega, imprimió como lema perenne que este es “un diario de buena fe”.

¿Qué pasará con la sociedad si los periodistas desaparecemos porque no tenemos garantías laborales? Que el periodismo costeño no tenga ni el derecho a una cena cuando se queda hasta altas horas de la noche trabajando, mientras los directivos se rascan la barriga llena aunque el barco se hunda, no es solo un síntoma de la crisis económica de los medios, sino del desbarajuste social e institucional en que nos estamos metiendo. Solo miremos el rumbo que llevan los Estados Unidos con un presidente que pisotea a diario a los periodistas, para que veamos el futuro de nuestra propia realidad.

La versión ‘oficial’

Según una fuente confiable interna, el director actual de El Heraldo, Marco Schwartz Rodaki, considera que la situación que vive dicha casa periodística corresponde a la crisis mundial que vive esta industria de la noticia. “Es un momento muy duro, en Colombia y en el mundo”. Lamentó la situación, porque recordó que El Heraldo “es una casa en la cual vale la pena trabajar. Es un buen sitio de trabajo”.

Recordó que, pese a la crisis del diarismo mundial, El Heraldo en los dos últimos años duplicó su nómina de redacción, al pasar de 74 a 148 empleados. El presidente de El Heraldo Ramiro Avendaño y el jefe de recursos humanos Roberto Certain, ante la crisis que venía avanzando sin tregua, contrataron hace algunos meses los servicios de una empresa especializada en medir el rendimiento del recurso humano. Tal parece que la firma en su informe entregó una lista del personal de redacción que mostraba “una baja productividad”, que se reflejaba en la cada vez menor circulación del diario impreso.

Pero según una fuente de dicha Casa Editorial, “la gran verdad es que el actual cuerpo ejecutivo que maneja la empresa es la que no ha dado la talla, porque hasta en la estrategia comercial, que debería ser su principal preocupación, se han equivocado de pe a pa. Han sido erráticos en la integración de la fuerza de ventas, que es un motor fundamental en este tipo de negocios”.

Los periodistas no vamos a desaparecer. Somos tan antiguos como los juglares y los rapsodas. El ejemplo perfecto de eso en nuestra moderna era digital es que cuando las casas disqueras de finales del siglo XX vieron que el negocio de la música estaba en crisis, tomaron la decision gerencial de contratar malos artistas y prescindir de los buenos para abaratar costos. El tiempo y la gente obligó a que los artistas buenos volvieran, con un modelo de negocio donde paradójicamente casi todas las casas disqueras dejaron de existir. Porque al final en la cultura se vive del aire, y El Heraldo, que hace parte de esta industria naranja a la que todos los medios pertenecemos, sabe que necesita de quienes producen el oxígeno para poder respirar. Con ese mismo aire respiramos los periodistas, perto también nosotros tenemos que comer.

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La amplia sala de redacción del principal diario de la Costa Caribe colombiana, que en su mejor momento abrigó a casi 200 periodistas, fotógrafos, el diario digital, el periódico popular Al Día y los corresponsales en toda la región y en Bogotá.

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Acerca del Autor

Chachareros

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2 comentarios

  1. Si un sueldo de miseria y horarios de más de 12 horas todos los días además del riesgo

  2. alejandro el

    dos cosas: quien escribe esta columna de opiniòn deberìa identificarse, no veo pq deba esconderse y segundo, si los periodistas a que alude este artículo son tan buenos, pues cuàl es la preocupaciòn, ya tienen su trabajo seguro, cualquier empresa de medios se estarà ahora peleando por sus servicios.