La semana feliz del señor Iafrancesco

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La revolución que queremos una ciudad que es mucho más que cemento, el alcalde Alejandro Char la tiene a la mano en la educación.

Por: Carlos de la Hoz Albor

Giovanni Marcello Iafrancesco Villegas.

Giovanni Marcello Iafrancesco Villegas.

Giovanni Marcello Iafrancesco Villegas es creador del Modelo Holístico Transformador – MPHT, en el cual se basan fundamentos, dimensiones, programas y proyectos con una experiencia y un interés genuino por la educación que lleva ya cuarenta años aplicándose en diferentes instituciones.

El profesor Iafranceso  fue invitado este año a Barranquilla por la Secretaría de Educación Distrital para compartir con los directores y coordinadores de 60 instituciones educativas en el primer módulo del “Diplomado en Educación, Escuela y Pedagogía Transformadora -EEPT: Fundamentos y Estrategias”. Fueron cinco sesiones de ocho horas diarias que se repetirán en abril y junio, cuando se desarrollen el segundo y el tercer módulo, respectivamente.

Experiencia, lucidez y amenidad se dieron la mano en el discurso de este miembro Fundador y miembro de Número de la Academia Colombiana de Pedagogía y Educación y consultor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo – PNUD. El resultado fue una experiencia edificante para quienes asistimos a las diferentes jornadas.

Todo ese sustrato teórico que conforma la propuesta de “Educación, Escuela y Pedagogía Transformadora”, se encuentra sistematizado en una colección de nueve libros que como regalo invaluable los asistentes recibimos como parte de este programa de capacitación que busca mejorar los niveles de desempeño de las escuelas de la capital del Atlántico.

La propuesta iafrancescana, posicionada ya en 27 países, nos dejó a las escuelas barranquilleras cinco tareas básicas que convendría asumir en el acto y empezar a hacer de manera colaborativa, si en verdad nos interesa cumplir con la misión de formar ciudadanos que recuperen la Barranquilla de la que Mustio Collado, un personaje de García Márquez, expresó así: “Esta ciudad de mi alma tan apreciada de propios y ajenos por la buena índole de su gente y la pureza de su luz”.

Educación, más que cemento

Se trata de un ambicioso conjunto de derroteros para que logremos que a las aulas y espacios que, enhorabuena, están renovando su infraestructura, y mejorando su dotación, entren de una buena vez por todas aires más humanos y constructivos, para beneficio de la sociedad.

El profesor Iafrancesco tuvo a bien realizar primero un recorrido histórico por la educación en Colombia y por la evolución que han tenido los diferentes roles  de quienes la tenemos como profesión y ocupación (¿y también como vocación?). Sus conclusiones son desencantadas: ministros del ramo que duran en promedio apenas unos cuantos meses; leyes que esquilmaron al maestro la valía social que le correspondía en tanto que se agrandaba su responsabilidad; merma de la calidad del servicio en aras de la cantidad y políticas sin norte que se centraron en el saber y descuidaron el ser. Consecuencia: años y años de atraso con respecto al panorama de los países de avanzada en la materia trascendental de la educación.

Entre otros aspectos como el plan de estudios que poco a poco fue cercenando el espacio para el humanismo y la jornada que se recortó en desmedro de la calidad y para beneficio de la cobertura, nuestro ilustre invitado demostró con profusión y acierto de ejemplos, y con un conocimiento vasto de nuestra historia nacional, que por los salones de clase de las escuelas de pueblos y ciudades han pasado “profesores que decían lo que sabían, maestros que explicaban lo que el alumno no entendía, docentes que aportaban el método para promover la aplicación de lo aprendido, educadores que se preocuparon por la formación integral y mediadores que velan por la eficiencia, eficacia, efectividad y pertinencia del aprendizaje con el propósito de transformar la realidad y lograr mejoras”.

Detalles como los anteriores justifican por sí solos la pertinencia en Barranquilla del ejercicio de reflexión que trajo consigo este primer encuentro, y deben llevarnos a la autocrítica y a la transformación de nuestro proceder como actores de la educación.

Proponer el camino que ya andamos

Deseable es que las autoridades educativas de nuestra ciudad se inclinen por la adopción del modelo de escuela y pedagógico que nos propone el profesor Iafrancesco. Pues si bien nadie duda de la importancia de tareas como el mejoramiento en el desempeño en las pruebas estandarizadas, el manejo de la tecnología, el bilingüismo y la cualificación para el trabajo, resulta nocivo circunscribir la  educación únicamente a ello, al tiempo que contemplamos impávidos cómo las epidemias sociales se salen de cauce y se llevan por delante el recurso más valioso con que contamos: nuestros niños y jóvenes.

En consecuencia propongo que, hagamos un punto de inflexión en lo que estamos haciendo en las escuelas de Barranquilla y comencemos sin dilación a dar prioridad a las tareas que dicho modelo comporta. No sea que, por estar desvelándonos por competir entre nosotros mismos y con los demás por el saber (o por las Saber), sigamos relegando estas obligaciones genuinas de la educación y nos olvidemos del ser. No hacerlo equivaldría a resignarnos a que a ese ser que según Iafrancesco la educación colombiana descuidó por tanto tiempo, lo siga lacerando sin tregua la dura realidad que debe vivir: desde que nace en el seno de una familia resquebrajada hasta cuando crece y circula por unas calles, pavimentadas, sí, pero indolentes, y en las que campea la zozobra debido al creciente desprecio por la vida que se siente en ellas.

Mientras nos decidimos a asumir ese compromiso, y en tanto que el maestro regresa en abril, rumiemos una de sus frases perentorias: “País (en este caso, ciudad) y educador que no sueña y estructura la escuela que quiere, termina remendando y perpetuando la escuela que tiene”.

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