Coronel Rooke

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Como este policía no hay ninguno que conviniera más a los senadores que buscaban saciarse en la comunidad del anillo.

Las CariCronis de Elías

Por Jorge Guebely

Un hombre extraño permanecía sentado en el cafetín. Tenía dos muñones en vez de brazos, la boca sin dientes, un solo ojo, una oreja y la cara con moretones. Le pregunté quién era, y me respondió: “Soy policía”. Comprendí entonces porqué la delincuencia andaba tan alborotada si la policía estaba tan reventada.

En confianza, contó su historia. Se inició como terrorista rural. Pregunté si había terroristas urbanos, y respondió que sí: “Los políticos”. Agregó: “¿Acaso no produce terror el Presidente cuando habla de reforma tributaria con su ministro de Hacienda?”

Confesó orgullosamente que era un terrorista patriótico, quería refundar la patria como sus amigos de Ralito.

Una bomba explotó en sus manos. Le voló los brazos, los dientes, una oreja y un ojo. Desde entonces lo llaman: ‘Coronel Rooke’, quién se desbarató en una batalla al lado de Bolívar.

Fue al Bronx bogotano y propuso al capo protegerlo como guardaespaldas. El capo contestó: “No, para eso ya tengo la policía”.

Agregó: “Sin brazos, no sirves para guardaespaldas; tampoco para vigía con un ojo, ni para campanero con una oreja. Sólo te queda ser policía”.

Entonces, lo recomendó con un senador de la República. En las calles del Bronx, un antiguo compañero de universidad, convertido en indigente, lo reconoció. “¡Hola viejo Rooke! ¿Para dónde vas?”. Respondió que al Congreso. “Uy viejo Rooke. Cuídese, esa vaina allá sí es peligrosa”.

Siguió su camino. Cinco metros después, oyó al indigente: “¡Viejo Rooke, el capitalismo es una mierda!”.

Encontró al senador conversando con el comandante de la policía quien no quería contratarlo.

– No, porque no tiene brazos.

– Mejor, así no le mete las manos al cargamento de coca –respondía el senador.

– Ni dientes.

– Mejor, así no da mordidas.

– Sólo tiene una oreja.

– Mejor, no tiene que hacerse el de la oreja sorda.

– Y un solo ojo.

– Muy Bueno. No tiene que hacerse el de vista gorda.

Finalmente, el senador le pidió que mostrara su verdadera carta de recomendación. Se bajó los pantalones. El comandante, emocionado, exclamó: “¡Uyyy, chino. Le ganó al Tino Asprilla!”.

– El propio para la comunidad del anillo.

– Muchos senadores serían felices con este guardaespaldas.

Lo vincularon. Lo enviaron al rescate de un político que había prometido tejas en elecciones pasadas. Sin cumplir, prometía más tejas para las nuevas elecciones. La montonera enardecida quería lincharlo. Él  intervino reciamente: “No hagan justicia por su cuenta. Déjenla en mis manos”.

“Casi me linchan”, dijo mostrando la cara llena de moretones.

jguebelyo@gmail.com

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Jorge Guebely

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