Al F.C Barcelona no le regalaron el partido

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Desde mi infancia hasta ahora he visto cientos de partidos, los he analizado y puedo decir que lo que hizo y se dejó hacer el PSG es un espejo de la misma vida.

Por Gabriel Moncada Figueroa

Como narré en la anterior nota, y en la que resalté más la entrega de los jugadores del Barcelona que los desaciertos del rival y del propio árbitro, para mí esa es una de las mejores formas de ver la vida.

Me explico: ¿Qué gano o aprendo al decir que el árbitro pitó un penalti que para nosotros puede ser muy claro en cámara lenta y con varios ángulos de vista, si es precisamente de estos errores que sabemos que le pueden ocurrir a cualquiera?

Que si estafa, corrupción, ayuda. Siendo lo más lógico y objetivo posible, no creo que el partido haya sido eso. ¿Por qué no lo creo? Porque esto no alteró la ecuación o no cambió el desenlace del partido, como sí lo hicieron el planteamiento táctico y la falta de carácter del PSG. Además, todo obedeció a la decisión del Barcelona de seguir insistiendo a los 88 minutos y con una cuota de tres goles por anotar. ¿Cuántos equipos o deportistas hacen esto? Ningún equipo de fútbol había logrado esta hazaña.

Estoy de acuerdo en que el penalti pitado a favor del Barcelona, en el que Luis Suárez simuló la falta, hizo que el la victoria no fuese cien por ciento limpia, pero qué importa, eso no opaca los otros 5 goles que fueron hecho de las formas menos pensadas, de autogol generado por un hermoso gesto de taco hacia atrás de Andrés Iniesta, Suárez con un cabezazo hacia atrás bañando al portero, un impresionante tiro libre de Neymar, eso para mí pagó la entrada al partido y para los que estaban sacando un tiempo libre en sus trabajos y universidades, porque estaban viviendo una de las cosas más lindas y que hasta mí se me estaban olvidando, que es el de creer, creer que la caprichosa puede ser domada por unos instantes y descontrolarse en otros, que los pequeños con su rapidez pueden ganarle en las alturas a los grandes, que un balón puede dejar embobado al portero, que el público puede marcar la diferencia y esto, porque el fútbol es como la vida y hay que verlo como eso, la vida.

En este caso nos deja lecciones valiosas, como por ejemplo, que por muy difícil que parezca y los obstáculos que nos surjan no hay que bajar la cabeza, todo lo contrario: tener la mirada firme y de convicción como la tuvo Neymar a la hora del cobro del tiro libre, del penalti y del pase a Sergi Roberto, y la otra cara de la moneda es la del PSG, que no se convenció a sí mismo que podía jugarle incluso en la casa del Barcelona de tú a tú, que aunque la lógica fuese mantener el marcador, en este caso era lo contrario, era decirse a sí mismo: yo puedo volver hacerlo, no me voy a confiar. Ese, y no el árbitro, fue el verdadero regalo: un regalo sicológico.

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Acerca del Autor

Gabriel Moncada Figueroa

Freelance Ingeniero Industrial trabajando con @lachacharaco. Apasionado por el Marketing y el mejoramiento de las empresas. Twitter: G9MF

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