Roberto Esper Rebaje fue un auténtico emprendedor empírico

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Siendo niño se dolió de un canario enjaulado que cantaba triste. Le dio la libertad y eso le costó una limpia de su padre. No se le olvidó jamás la palabra…¡libertaaad!

Por Rafael Sarmiento Coley

Nota de la Dirección: El 18 de marzo de 2016 se publicó en este portal un reportaje con don Roberto Esper Rebaje, bajo el título “Roberto Esper, el mago de las eemisoras”. Este viernes en la noche don Roberto se nos fue de este mundo, pero deja un legado invaluable, un ejemplo de superación y temple de acero para sacar adelante, con éxito, todos los proyectos que emprendía. Sin terminar siquiera el bachillerato, mucho menos sin pasar por una universidad y salir con una especialización, un máster o un PHD, este hombre talentoso y sabio por naturaleza fue un genuino emprendedor empírico, ejemplo para las presentes y futuras generaciones. Nuestra voz de condolencia para sus hijos y hermanos, y para toda esa enorme familia de colegas, voceadores, locutores, periodistas, vendedores dirigidos por su fiel cuñado Nadín Fayad, Paz en su tumba. Su cadáver es velado desde este sábado en la mañana en Jardines de la Eternidad, y el sepelio será este domingo a las cuatro de la tarde en dicho campo santo. El texto de dicho reportaje, que hoy repetimos como homenaje póstumo al apreciado colega, es el siguiente:

2 Robertico

Su centro de operaciones es el edificio de Radio Libertad y el Diario La Libertad. En Bogotá es dueño de El Espacio.

Nadie nunca ha podido saber qué clase de energizante toma don Roberto Esper Rebaje. Lo cierto es que, a las cuatro de la madrugada, a sus 90 años de edad, está sorbiendo la primera taza de café para salir a revisar los transmisores de sus 8 emisoras encendidas. Eso ha sido así, desde cuando en 1962 montó las bases para la antena y los transmisores de su primera estación radial.

Para él todas son sus ‘pechichonas’. Como siempre, hay una que carga en su corazón de viejo león cansado, más no vencido. Es ‘Radio Libertad’. Su primera emisora. Testimonio histórico de un episodio de niñez.

Vivían en una casa vieja de patio enorme en el barrio San Roque, en donde él nació el 5 de abril de 1926. Y en el patio vecino un muchacho, ya mayor, tenía enjaulado un hermoso canario cantor, de pico blanco y alas brillantes que el pajarito estiraba con la ilusión de volar. Era solo un espejismo, porque las cuatro esquinas de su cárcel de alambre y varillas de madera no lo dejaban salir. Su padre Teófilo Esper, quien había llegado a Barranquilla en 1923 con su compañera conyugal Labibe Rebaje procedentes del pueblo de Miniora, en el Líbano, lo veía siempre rondando la jaula del pajarito cantor.

Como el gato de la tira cómica que se inventa miles de artimañas para comerse a Piolín, y siempre termina estrellado y golpeado. Y Piolín en su jaula, sano y contento.

Teófilo le repetía: “¡Robertico, cuidado se te da por tocar esa jaula!”.

“No, papá. Yo solo miro el pajarito y oigo su canto”.

Hasta que un día Robertico vio que el pajarito amaneció triste. Como enfermo. En su mente de niño pensó que, si le abría la puerta y salía a la libertad, se le quitaba el dolor que tenía. Así fue. No más Robertico le abrió la puerta el pajarito salió volando. Hasta el sol de hoy.

El dueño del pajarito, furioso, vino a reclamar. Y don Teófilo, como toda respuesta, le dio a Robertico una sonora limpia, con una penca de cuero, que él jamás olvidó y que más tarde asoció con la libertad que merecen los seres vivientes, especialmente el ser humano. Para pensar. Expresar lo que siente. ¡Poner a volar su imaginación!

Un vendedor nato

4 Roberto Esper

En su oficina, en su escritorio, don Roberto Esper remueve los recuerdos de 90 años de vida.

A los 13 años Robertico se animó y le dijo a su papá que deseaba trabajar para ayudar con la economía en casa, que no era tan halagüeña. Don Teófilo le preguntó: “¿Pero, ¿qué harás, mijo?”.

“No se preocupe, yo sé defenderme con la lengua”, le respondió Robertico pensando en que tanto sus padres como sus hermanos mayores aún tenían dificultades para hacerse entender en español en una Barranquilla burlona y desabrochada…en cambio él le conocía todas las mañas y costumbres a los barranquilleros, sus dichos, sus groserías, sus apodos más comunes, de tal manera que no le quedó difícil salir la primera mañana con un bulto de cebolla roja en un costado, el peso de latón y porra de madera, y en el otro brazo “las mejores telas traídas de “Beirut, de Bagdad, de Siria, ¡del Cairo!”. Y la gente se le arremolinaba, especialmente el personal femenino. En medio día Robertico con su labia de prestidigitador vendía todas sus telas y el bulto de cebolla sin caminar más que dos o tres cuadras.

Resultó tan buen vendedor, que a los cuatro meses ya era mayorista de telas, de ajo, cebolla y manzanas. Su mente volaba como la de su pajarito cantor que siempre recordaba. Como había mucha gente aficionada al fútbol, fundó el equipo profesional La Libertad, y participó en varios torneos. Lo matriculó en el fútbol profesional y lo mantuvo tres años.

Por esos días las emisoras repetían a diario las canciones de Daniel Santos, Toña La Negra, Pedro Infante, La Sonora Matancera, la Tongolele. Y la gente suspiraba por ver algún día a esas estrellas en Barranquilla. Era una quimera. ¿Quién se iba a arriesgar a invertir tanta plata para traer a un artista tan caro? ¿Y si no le acudía el público? ¡Se arruinaba!

¡Quién dijo miedo!

Un 5 de abril, día del cumpleaños de Robertico, todas las emisoras de Barranquilla trinaron: “¡Atención, viene el inigualable Daniel Santos en persona! Se presentará en los teatros Colombia, La Bamba, Tropical, Rialto, Águila…precios populares”.

Todos los teatros se llenaron de bote en bote y Robertico tuvo que repetir presentaciones en Barranquilla y le solicitaron que llevara el artista a Santa Marta y Cartagena.

Con los bolsillos llenos producto de su primera aventura como empresario musical a lo Enrique Chapman, pero sin tantos embustes, de inmediato se arriesgó a traer a la Sonora Matancera, a Toña La Negra, a la electrizante Tongolele (que por poco acaba con un matrimonio barranquillero porque el marido, un prestigioso empresario, enloqueció por los encantos físicos de la Tongolele, en especial por su bien formado pompis y pectorales).

No contento con todas esas estrellas, su público le pidió al propio Pedro Infante, actor y cantante mexicano que estaba de moda, a la par que Jorge Negrete. ¡Pues trajo a ambos en un gesto de osadía, que por poco le cuesta un carcelazo!

Pedro Infante era un permanente mamador de gallo. Negrete, un auténtico charro mexicano, bigotudo, engreído, de rostro adusto y poco amigo de bromas. Resulta que por esos días Negrete estaba de pelea con su eterno amor, la María Félix, que había sido amante y musa de Agustín Lara.

El travieso de Pedro Infante se acercó a Negrete y le dijo, muy serio, “Hombre Jorge, ¡qué vaina!, acabo de llamar a México y la primera noticia que me dan es que la Doña (así le decían a María Felix), acaba de reconciliarse con el caricortada (así apodaban a Lara por una herida que le produjo una meretriz amante suya en la cara con un vidrio roto). Negrete corrió para donde Roberto Esper y le exigió el pago de la mitad de la gira (faltaban presentaciones en dos ciudades). Esper le respondió que no podía hacer eso. Negrete, furioso, cogió a Robertico por el cuello, Pedro Infante se metió por el medio. Cuando Robertico estuvo libre de su agresor, lo levantó a muñeca limpia, hasta cuando vino la Policía y se los llevó a todos. Menos mal que el Cabo de turno era amigo de Robertico y la cosa le salió “barata”.

El salto grande

3 Roberto Esper

Cédula de don Roberto Esper, en la cual se confirma que nació en Barranquilla el 5 de abril de 1926.

La verdad es que tuvo suerte para todo. “¡Hasta para el amor! Me casé con una gran mujer, Nadime Fayad, que Dios tenga en su Santa Gloria, tuvimos unos hijos maravillosos y me apoyó mucho para mirar hacia otros horizontes. Fundé el Supermercado Robertico. Abrí otras dos sucursales”, sostiene Robertico.

Mira hacia atrás, a lo profundo de esos 90 años de vida y saca a flote sus teorías. “Mi universidad fue la calle. Ahí aprendí todo lo que sé, que es mucho. Los años te dan sabiduría. Yo me considero un pasajero de este mundo, y por eso trato de ser buena persona con quienes me relaciono”.

Considera que su salto grande fue cuando fundó Radio Libertad, la entonces emisora más poderosa de la región. La estación radial a través de la cual los campesinos de las regiones más remotas enviaban sus mensajes para que sus amigos o sirvientes le fueran a llevar los burros a la vera de un camino o vereda transitable, porque donde estaban “de vainas entra Radio Libertad” por el barro espeso y las permanentes lluvias.

Radio Libertad pronto se convirtió en un hervidero de talentos. Marcos Pérez Caicedo, Juan Gossaín, Edgar Perea, Abel González Chávez, el Compae Manué y Mingo Martínez, Gustavo Castillo García, Ventura Díaz Mejía, Sofy Martínez, Rubén Alonso, Alcy Acosta, Mario Gareña, Pacho Galán, Doris Salas. “Esa emisora era un manicomio hermoso. Más, cuando el loco de Gustavo Castillo se inventó el concurso del cantante del barrio. El radioteatro se taqueaba”.

Fue un taúr

Una de sus tantas debilidades (además de las muchachas bonitas) son los casinos. Después de duros meses de trabajo, se iba con unos cuantos dólares a los mejores casinos de Aruba, Panamá y hasta a los más afamados casinos de la capital mundial del juego, Las Vegas, Estados Unidos.

“No lo voy a negar, soy un jugador empedernido, más no soy un perdedor. En los casinos gané mucha plata. Tenía mis secretos. Uno de ellos es que no frecuentaba siempre el mismo casino ni la misma mesa. Te cuento un secreto: Casi todos los jugadores pierden porque se enamoran de un número y lo juegan siempre hasta cuando pierden hasta lo que no tienen. Yo, no. En la ruleta primero me fijaba en lo que estaba saliendo; si era el 2, yo apuntaba el 0 y el 1, el antes y el después, para ir a la fija. Y así ganaba y ganaba, porque cambiaba de número cada vez que la ruleta daba un salto y cambiaba de número repetido a intervalos. Y así era en las maquinitas. Ya les conocía el truco, y terminaba ganándoles la jugada. Me llenaba los bolsillos. Esa plata no la derrochaba. La ahorraba para facilitar mis importaciones. Con el tiempo, gracias a que fundé el Diario La Libertad, me hizo sentar cabeza. Me obligó a leer. A prestarle mayor atención a la cultura, a los asuntos intelectuales, fui concejal y presidente del Concejo”.

Roberto Esper Rebaje, hijo de una de las tantas familias inmigrantes que recalaron en el único puerto colombiano que abría sus brazos con cariño a libaneses, sirios, palestinos, chinos, japoneses, alemanes, ingleses, italianos.

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Carlos Gardel, llamado ‘el zorzal criollo’ por su melodiosa voz, predijo el futuro del niño de 9 años que le pidió una foto que el cantor gaucho llevaba en su bolsillo.

Roberto Esper Rebaje, el niño de 9 años que le pidió una foto que Carlos Gardel tenía en el bolsillo el día que se presentó en Barranquilla en la Plaza de San Nicolás en 1935. Antes de subir al balcón de Lacorazza Hermanos, Gardel, ‘El zorzal criollo’, bajó dos escalones y le entregó la foto. “¡Vos serás un triunfador, pibe…eres muy decidido!”. En la foto, caprichos de la vida, Gardel está ante una jaula con un hermoso canario adentro. Un pájaro cantor que a Robertico le trajo los recuerdos de aquel que él dejó en libertad ganándose una cueriza de su padre. El cantor gaucho moriría días después en el accidente aéreo en el aeropuerto de Medellín.

5 Roberto Esper

En un solo edificio de dos plantas don Roberto Esper anidaba su periódico y todas sus emisoras. En la misma imprenta hace La Verdad que circula en Cartagena. El Espacio se hace todo en Bogotá.

La voz de Gardel fue profética. Robertico fue un triunfador. Dueño de los primeros supermercados que hubo en Barranquilla, de la primera emisora de 50 kilovatios de antena. Llegó a acumular 15 emisoras, que fue vendiendo poco a poco, o apagando para mantener la licencia en su poder, pero nunca quiso venderlas todas a una sola cadena radial que le ofreció una enorme fortuna por todas sus frecuencias.

Hoy tiene solo 8 emisoras, entre ellas la pechichona “Radio Libertás”, Radio Reloj, Emisora Fuentes, Ondas del Caribe, Emisoras Unidas, con una visión tremenda para darle a cada emisora una estrategia de sintonía. Además, fundó en Cartagena el periódico La Verdad, y en Bogotá compró el tabloide El Espacio.

Para el diario y sus emisoras aplica una filosofía sencilla. “Soy amigo de todos los grupos políticos y religiosos. Pero, eso sí, no me dejo comprar por una pauta para tapar el sol con las manos. Si el funcionario es corrupto, hay que denunciarlo. Soy enemigo de propuestas indecentes. No me gusta la adulación. Y me precio de ser amigo de todos mis colegas dueños de periódicos, a quienes constantemente los saco de apuros prestándoles papel. Porque siempre tengo una gran reserva. Papel bien cuidado porque lo traigo en contenedores desde el mismo Canadá. Todas mis materias primas y maquinarias las traigo así. Es más seguro”.

Robertico Esper, genio y figura, ejemplo de consagración al trabajo y digno de que este 5 de abril, al cumplir sus 90 abriles se le haga un merecidísimo homenaje.

 

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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