Un viaje al interior del Storyland Music Festival, parte I

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Storyland, una tierra llena de historias y experiencias que sino lo vives no lo creerás.

Por: Gersón Brugés Chacharero

En un gran circulo vicioso estaba yo, de pie con los oídos tapados, un pequeño humano de un metro setenta, dejándome llevar por los sentidos rodeado de cientos de personas, pisando tierra pero al mismo tiempo cientos de ellos estaban fuera de ella. El imponente rostro circular tipo hindú color dorado redondeaba mi vista, las luces multicolores se posaban sobre mí y el sonido de la música tecno se convirtió en la cuartada perfecta para cubrir todo tipo de sentimientos. La libertad y el libertinaje se volvieron uno cercado por un sentimiento de respeto y armonía que ha traído la tierra de experiencias en el comportamiento de la sociedad Millennials en Colombia.

Cartagena de Indias fue el escenario para hacer estallar la euforia de los miles de fanáticos electrónicos que llegaban al Festival, la ciudad volvía a generar eventos que sustenten y atraigan a los extranjeros, los millones de pesos recaudados durante los tres días del festival son producto de la necesidad que conlleva la creación de un complejo de entretenimiento donde los jóvenes puedan sentirse libres, sin reglas a la deriva de sus emociones respaldadas por la cuenta de crédito de los padres que no podrán imaginar lo que sucede dentro de la solemne infraestructura metálica.

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Espectadores de todas las edades hicieron parte del festival que duro hasta la madrugada.

Nueve y treinta de la noche, viernes, tiempo de rumba para muchos fuera de Cartagena, pero para mí se convirtió en el desafío más grande puesto tuve que durar 24 horas totalmente despierto consumiendo agua y música.  El alcohol, las drogas y el cigarrillo no me emocionan, son mis límites para permanecer limpio, tal como soy. Catorce kilómetros desde el hermoso centro histórico estaba el recinto ferial en Pontezuela, yo me repetía de qué forma iba a llegar hasta allá, de pie en una esquina de la vía Pedro Heredia me encontraba divisando la placas coloridas de los buses urbanos, cara de extranjero no tengo pero eso no importó, solo mencionaba el festival y la factura de transporte no bajaba de 80 mil pesos, así que del plan A siguió firme hasta el final, que consistía en la nada cómoda pero siempre útil buseta.

A eso de quince minutos apareció el transporte, congestionado subí y dure más de una hora y media en llegar, no por la distancia sino por uno de los problemas que afectan  diariamente a los cartageneros y es la mala movilidad de la vía al mar y la carretera Pedro de Heredia, donde dos grandes vías tienen que conectarse en una sola, la desesperación de llegar, el calor insoportable, el sonido de los carros y el quejido de más de tres ancianas gritándole al chófer: “¡Pítele a esa vaina, carajo!”, se convirtió en mi escena  nocturna que alejaba mi experiencia musical del festival electrónico más grande de Latinoamérica.  Aún no había llegado al lugar y ya no sentía mis piernas del dolor, solo pensaba cómo voy a durar estos tres días, al final todo hace parte de la experiencia que nos venden en la brillante manilla de entrada.

Al fin toqué tierra, la multitud era enorme, jóvenes, adultos y señoras hacían parte de la muestra oficial de los amantes de la electrónica, dos grandes escenarios y más de cinco carpas comerciales que promocionaban marcas de consumo de alcohol fusionado con juegos para entretener: cancha de voleibol, carros mecánicos, canopy, zona de tatuajes y  stand de maquillaje vip los cuales armaban el complejo que derrotaría el aburrimiento en cualquiera y generaría un ambiente de felicidad y sosiego que haría olvidar todo tipo de problemas durante 48 horas donde los sentidos no tendrían descanso.

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La creatividad, los disfraces y el humor juvenil estuvieron a la orden del día

El viento pareciera que llevara el sonido a todo el lugar, un olor ácido se penetraba en mi nariz sin saber qué era, pero eso lo iba averiguar en tan solo cinco minutos que permanecí dentro del público en el escenario principal. La alegría, las sonrisas y la felicidad era contagiosa con la música de Djs nacionales e internacionales  como Tiesto, Cato Anaya, Lucciano, Sunnery James & Ryan Marciano, Nervo entre otros. Ellos se trasformaron en portadores de la felicidad que brinda la música electrónica en los cuerpos móviles que dejaron su huella en la arena del festival.

Lo que menos pensaba lo vi solo con dar un giro de trecientos sesenta grados, en esa panorámica un chico de un metro ochenta aproximadamente, delgado, sin camisa, con dos grandes tatuajes negros en su espalda, sus gafas verdes brillaban con la luz del escenario, él no dejaba de mirarnos, mi amigo y yo nos reíamos de lo que veíamos pero nos preocupaba esa mirada, por unos segundos nos distrajimos y al voltear estaba sobre nosotros, como si fuéramos hermanos o los mejores amigos, abrió su boca y nos  ofreció la propuesta más loca y atrevida que en mi vida me habían hecho.

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Acerca del Autor

Gerson Bruges

Profesional en Comunicación Social – Periodismo, Especialista en Gerencia de la Comunicación Organizacional de la Universidad Autónoma del Caribe. Actualmente estudia un diplomado en Marketing y Emprendimiento Digital de la Universidad del Norte. Locutor y presentador de radio y televisión local, se ha desempeñado como directivo de Comunicaciones, community manager y jefe de prensa en distintas organizaciones de la ciudad. Barranquillero emprendedor, ganador del concurso digital tuiteros Carnaval Movistar 2015, ha participado del concurso del Centro de Emprendimiento de Startups, Idea Tu empresa 2017 y ha sido participante del Concurso Nacional de Cuento RCN – Ministerio de Educación 2017. Enamorado de Dios, la música y el arroz de coco. Email: gersonbruges94@gmail.com / Twitter- Instagram: @gersonbrugestv

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