El Micrófono

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La verdad es que tengo muchas preguntas: ¿A dónde apelará un ciudadano con esta crisis tan tremenda del sector salud con hospitales que atienden a los sanos y rechazan a los enfermos? ¿Dónde protestará si los servidores públicos están en connivencia con los infractores privados? ¿En qué espacio denunciará si la justicia no le hace justicia? Querámoslo o no, los medios de comunicación se han convertido hoy en espacios privilegiados de negociación y resolución de conflictos.

Por: Padre Rafael Castillo Torres

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Padre Rafael Castillo

Hoy, los medios, también son mediaciones. La recuperación de la palabra por el pueblo sigue siendo un objetivo de toda emisora con sensibilidad social. Pero hay que recuperar algo más decisivo: los espacios donde se toman las decisiones que tiene que ver con su vida.

No construiremos democracia participativa mientras la ciudadanía no tenga más y más control sobre las instancias públicas que le deberían estar subordinadas, pero que no le rinden cuentas, y que ni siquiera se dejan evaluar por ella. Esta carencia es lo que ha permitido que algunas emisoras estén canalizando las denuncias de la ciudadanía y faciliten la solución de los casos planteados. Algunos lo llaman periodismo de intermediación.

Los cartageneros de una cierta edad recordamos a Emisoras Fuentes, Radio Libertad y la Voz de las Antillas. Valoramos siempre su utilidad de aquellos años. También de hoy. Eran no sólo emisoras sino también nuestro “correo electrónico”, nuestro “telefax”  y nuestro “celular”. El campesino las escuchaba. La pérdida de una mula, llevar un Caballo a la entrada del pueblo, la carga de bollos que lleva Manuela etc. hacían parte de los servicios sociales con alta sintonía. Eran noticieros familiares imprescindibles. Pero todo esto ha ido pasando a un segundo plano.

imagesCon menos zonas de silencio, en el territorio, ciertamente nuestros noticieros familiares se han venido a menos. Sin embargo, la complejidad de la vida citadina revela nuevas y más variadas necesidades. La mayoría de la gente pasa el día peleando por las innumerables violaciones a su Derechos. Allí es cundo aparece la emisora intermediando por la gente.

Ella escucha la protesta del pueblo. Yo no creo que eso esté mal. Yo lo veo bien. Es más, se hace necesario. Es una manera de alzar la voz ante los abusos del poder. También una oportunidad de llorar, hasta que les dé la gana, sobre la leche derramada. Pero, ¿y después? No basta la denuncia si no se interpela a las autoridades responsables. Y no basta la interpelación si no se da seguimiento a los casos denunciados -con la eficaz estrategia de la viuda del Evangelio- hasta que se resuelvan.

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