Carlos Flores, el último juglar del jazz y de la radio barranquillera

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Fue uno de los históricos de la publicidad y la radio en la Costa Caribe. Lo cual le ganó una muy conveniente embajada en Rumania. 

Por Rafael Sarmiento Coley

Carlos Flores Sierra comenzó su andar por la vida buscando el sentido musical del sonido de la máquina de coser de madre, en uno esos legendarios barrios de Barranquilla en donde él nació en 1925. A muy temprana edad ya no se conformó con el sonido de la máquina de coser materna, sino que exigió adelantar estudios de teoría musical en el Conservatorio del Atlántico.

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Nos genios barranquilleros, Carlos Flores y el artísta plástico Ángel Loochkhartt.

Tenía 91 años este domingo cuando falleció en Bogotá. Paz en su tumba. Y, en nombre de todo el equipo humano de La Cháchara, nuestras más sentidas condolencias para sus familiares y muy amigos nuestros, sus hijos el cineasta Roberto, Talulah y Fabiana Flores Prieto, y Juan Pablo Osman Flores, uno de sus nietos.

Carlos Flores y Miriam Prieto de Flores hicieron uno de los programas estelares de la radio barranquillera, con una sintonía enorme. Trabajo que alternaban como managers de su propia agencia de publicidad, en donde hacían de Copy Right, jingles, publirreportajes y campañas completas para lanzar un nuevo almacén, un producto nuevo o una campaña política.

Con esa experiencia acumulada, ya convertidos en esposos, pasaron en altos cargos a la importante agencia de publicidad de sus colegas los esposos Fernando Dávila López y Nancy Botello de Dávila.

Carlos mantenía al aire su muy sintonizado programa radial ‘La tijera’. Era un atípico noticiero radial. Abundante información, adobada con una cantidad igual de buen humor, ironía, sátira y hasta burla cuando el suceso lo ameritaba. ‘La tijera’ es parte sustancial de la historia de la radio barranquilla.

De la misma forma es vital el paso de los esposos Carlos y Miriam de Flores por el corazón de Sonovista Publicidad, cuando era una de las principales agencias de la ciudad, del Caribe y de Colombia.

López es el pollo

Se encontraban Carlos y Miriam en el pináculo de su creatividad publicitaria. Su talento volaba y las principales campañas publicitarias de la agencia era responsabilidad de Carlos y Miriam.

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Alfonso López, izquierda, Carlos Flores (centro) y el orador Eduardo ABuchaib Ochoa.

De esa manera cayó en sus manos, a comienzos de 1973, la campaña publicitaria para toda la región Caribe colombiana del candidato presidencial por el Partido Liberal Alfonso López Michelsen.

Aquella fue una campaña aguerrida, con un candidato conservador fuerte, Álvaro Gómez Hurtado. No era muy acogido en los sectores populares. Era el candidato de la clase media y alta, por su preparación, su cultura, su formación y tradición política, porque Álvaro Gómez Hurtado traía la fuerza genética del indomable expresidente colombiano Laureano Gómez. Por todos esos puntos positivos era, en efecto, un contradictor difícil de vencer.

López Michelsen, quien del mismo modo traía en su sangre los genes de un expresidente, su padre Alfonso López Pumarejo, era dueño de un talante rebelde, popular, con mucho arraigo en los sectores de la izquierda democrática colombiana desde los tiempos de su Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), en el cual militaron Clementina Cayón de Bateman, su hijo Jaime Batemán Cayón y otros líderes de izquierda que luego fundarían el legendario grupo subversivo M- 19.

En esa campaña, en la región del Caribe colombiano, Carlos Flores Sierra y Miriam de Flores fueron una pieza importante, por su creatividad y facilidad para imponer lemas publicitarios, jingles pegajosos y frases de combate, como la de “López es el pollo”, realizada a partir del antecedente muy importante en la vida del candidato, de haber sido el primer gobernador del recién creado Departamento del César en 1968, lo que marcó el retorno de López a las toldas del liberalismo oficial. En Valledupar el Gobernador bogotano con abuela valduparense, Rosario Pumarejo de López, en cuyo honor se bautizó el hospital de la capital cesarense, se metió en el alma no solo al pueblo. sino toda la cultura vallenata…su música, su culinaria y las riñas de gallo. De Valledupar salió la frase de combate: López es el pollo. Y la gritó en una convención en Bogotá un popular dirigente sucreño que se metió al centro de convenciones con un gallo que cantaba duro a cada rato, lo cual exasperó al oponente de López, el cascarrabias Carlos Lleras Restrepo, quien enfurecido y maldiciente, se retiró de la reunión y le dejó el camino expedito a López como candidato oficial del Partido Liberal en 1974. Era que Lleras quería repetir mandato.

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Se hizo amiguísimo de la doctora Aslan, quien le enseñó los secretos para la longividad. ¡91 años no son cualquier pendejadita?

Así las cosas, López Michelsen le ganó a Álvaro Gómez para el período presidencial 1974-1978. Y Carlos y Myriam ganaron la Embajada de Colombia en la Rumania del temible dictador prosoviético Nicolae Ceausescu, quien mandó en su país desde el 28 de marzo de 1974 hasta el 22 de diciembre de 1989, cuando fue derrocado por una turba desenfrenada. Días después él y su esposa Elena fueron ejecutados.

En vida, Carlos Flores, en una entrevista que nos concedió cuando vivía en Barranquilla en un apartamento de dos pisos en la calle 82, confesó que conoció de manera personal a Nicolae. “Un tipo difícil de tratar, pero el punto débil de él era la historia de la música americana. Y yo en eso ya tenía un enorme conocimiento, así me lo pude meter al bolsillo de entrada”.

Más tarde, mediante una tarjeta que le dio Ceausscu, conoció a la doctora Ana Aslan “y nos hicimos amiguisímos, tanto así que me convertí en agente de ella, gratuito, para llevarle pacientes de Colombia, entre ellos al propio Presidente López y su esposa y a una veintena de longevos paisanos míos cuyos nombres, por respeto a Hipócrates, el padre de la medicina, no revelo los nombres”.

Un hombre culto

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Ron Carter, uno de los consagrados intérpretes del jazz más puro, con Carlos Flores Sierra.

El talentoso barranquillo fallecido este domingo en Bogotá, en los últimos 30 años escogió para vivir un pueblito de Cundinamarca bello y tranquilo, Guasca, cercano a Bogotá, en donde vivió con su nueva esposa, ambos dedicados a la pintura y a la música.

Carlos Flores era una biblioteca andante en materia literaria y musical. Conocía los pormenores de los principales autores colombianos. Fue amigo de Gabriel García Márquez, de Héctor Rojas Erazo, de Juan Zapata Olivella, de Álvaro Cepeda Samudio, del Sabio Catalán. Tenía, por todo ello, un título de historiador, escritor y periodista cultural, otorgados por la universidad de la vida y su andar por el mundo.

Un ser poco común, en quien se fueron cumpliendo increíbles metamorfosis. De locutor y creativo publicitario en su barranquilla natal, a diplomático colombiano en una conflictiva Rumania desde mediados de los años 70 del siglo pasado. Ya antes, desde la década de los 50s jazzómano de tiempo completo. A partir de mediados de los 80s dedicado a la investigación y difusión del jazz como forma de arte y expresión cultural. Entre 1.987 y 2.005 realizó una serie de actividades para la televisión y la radio: Jazz Studio (168 programas para Señal Colombia, retransmitidos por Telepacífico, Los Colombianos y la música (16 programas para Audiovisuales), Jazz Week End (48 programas para Caracol Stereo) Las Ciudades del Jazz (10 programas para la Radio Universidad Nacional) y Jazzistas Colombianos (10 programas para el Ministerio de Cultura).

Sus talleres y conferencias: los Orígenes del Jazz, Jazz Conexión Caribe, El Jazz Latino, Armstrong Dr. Jazz, Las Religiones en el Jazz, el Jazz en Holanda, los Instrumentos en el Jazz, el jazz en la literatura, el Jazz en la Modernidad, la AACM en el desarrollo del jazz Contemporáneo, el Jazz en el Cine, La Mujeres en el Jazz entre otros, son presentados entre otros en la Feria Internacional del Libro, la Fundación Santillana para Iberoamérica, la Biblioteca Luis Ángel Arango, el Centro Cultural Uniandinos y el Teatro Municipal, el Gimnasio Moderno y las Universidades Nacional, Externado de Colombia, Sergio Arboleda y las Bibliotecas Barco, Tintal y Tunal en Bogotá así como en la Biblioteca Pública Piloto de Medellín, el Teatro Amira de la Rosa en Barranquilla, y las universidades del Cauca en Popayán, Caldas en Manizales, Tecnológica en Cartagena, UIS en Bucaramanga y en la sede de Juventudes Musicales de Colombia en Ibagué.

Como fundador y promotor del Club del Jazz organizó una serie de conciertos en distintos escenarios de Bogotá con grupos de jazzístas colombianos. Para el Instituto Distrital de Cultura y Turismo (Idct) produjo y supervisó 5 Domingos de Jazz en el Municipal con participación de algunas figuras femeninas del jazz más importantes de Nueva York, New Orleáns y Armsterdam.

Sus ensayos sobre Johnnny Griffin y Aníbal Peterson fueron publicados en el Suplemento Literario del Espectador así como sus 60 columnas Jazz la Nota Clave sobre como formar la jazzoteca básica. En cuanto a sus crónicas sobre Joachim Kuhn y Freddie Hubbard, estas fueron publicadas respectivamente en La Patria de Manizales y La Prensa de Bogotá en tanto que su crónica sobre Duke Ellington en la revista Escenarios y la de Gato Barbieri y Chick Corea en la revista Jazz y Algo Más de Caracas, Venezuela. De otra parte, las 16 crónicas sobre sus inicios en el jazz y sus relaciones en estos últimos años con algunas de las grandes figuras del jazz internacional fueron publicadas en el Suplemento Dominical de El Heraldo de Barranquilla.

Una hoja de vida envidiable, brillante, insuperable. Un creador nato de cultura para todos los niveles y todos los públicos con sentimiento y sensibilidad. Carlos Flores se desempeñó como presentador crítico y moderador en el Festival de Jazz de Skandia, II Festival de Jazz del Teatro Libre y en la conferencia sobre historia y desarrollo del blues del Profesor David Evans de la Universidad de Memphis en el Colomboamericano de Bogotá y en el Festival de Jazz bajo la Luna de Cartagena.

Según sus propias palabras aprendió a asumir el jazz no solo como arte, música e instrumento de diversión sino como vivencia, como algo un poco esotérico conversando informalmente con grandes compositores e intérpretes de esta música entre ellos, Toshiko Akiyoshi, Charlie Haden, Ron Carter, Frank Wess, Lew tabackin, Carla Bley, Nana Vasconcelos, Steve Swallow, Arturo Sandoval y con los profesores Lloyd Mc Nelly de Rutgers University, Christopher Washburne de Columbia y David Evans de Memphis University. Esto, afirmaba, fue lo que intentó comunicar en sus programas, conferencias y talleres.

Un toro de casta

Según Alfonso Sandoval, quien le hizo una amplia entrevista en 2015 cuando este fenomenal barranquillero cumplió 90 años, en ese momento lo vio “con la vitalidad de un toro de casta. Aunque físicamente el peso de los años es inevitable, su lucidez intelectual es un derroche de energía pura. Como los mejores vinos, su pensamiento se ha curtido en un sano escepticismo y en la ironía que siempre lo ha caracterizado. Nunca tragó entero, de convicciones férreas, ahora observa el mundo desde un montículo más allá del bien y el mal. Una memoria fabulosa lo mantiene en pie, vigoroso, siempre dispuesto al diálogo, a la conversación amena e inteligente”.

Sandoval, sigue en su entrevista, publicada en El Tiempo, “es un artista a su manera, un humanista del jazz, género musical que integró a todas las áreas del conocimiento: a la historia, a la sociología, a la pintura, gracias a su compañera de varias décadas, Claudia Ruiz; a la gastronomía, al periodismo cultural y sobre todo a la literatura, porque afirma tajante que en libros como ‘Manhattan Transfer’, ‘El gran Gatsby’, ‘El lobo estepario’ y ‘El perseguidor’, de Cortázar –un extraordinario homenaje a Charlie Parker–, entre otros, está la historia del jazz y del siglo XX. Allí, señala, están presentes los grandes cambios sociales por encima de la teoría y la historiografía jazzística.

“Nació en Barranquilla y realizó estudios de teoría musical en el Conservatorio del Atlántico. Desde la década de los 50 del siglo pasado, se entregó con cuerpo y alma al jazz.

“Ese fue el eje que escogió para enrumbar su vida. Y se convirtió en uno de los más genuinos investigadores y divulgadores de América Latina de este electrizante género musical.

“En radio y televisión, realizó programas inolvidables como ‘Jazz Studio’, ‘Jazz Week End’, ‘Las ciudades del jazz’ y ‘Jazzistas colombianos’. Temporadas en Nueva York, Ámsterdam, Memphis y Nueva Orleans le permitieron sumergirse en su pasión por esta música.

“No solamente agudizaron su oído, sino que le abrieron caminos para entender el caos de la modernidad. Conversó informalmente con grandes compositores e intérpretes de esa música, entre ellos, Toshiko Akiyoshi, Charlie Haden, Ron Carter, Frank Wess, Lew Tabackin, Carla Bley, Nana Vasconcelos, Steve Swallow, Arturo Sandoval, y los profesores Lloyd Mc Nelly, de Rutgers University; Christopher Washburne, de Columbia, y David Evans, de Memphis University.

“En bibliotecas, teatros, en auditorios, en bares, con su voz recia e inconfundible, Flores ha hablado con excelso garbo del vibrato del gran Armstrong, de la vida increíble y triste de Billie Holiday, del genial y alucinado saxofonista Charlie Parker. Flores, el patriarca, a sus noventa años transpira jazz.

“Recuerdo la casa en la que nací, con su techo de paja, sus ventanas abiertas de par en par, la retahíla de cuartos a lo largo de un zaguán medio laberíntico que terminaba en un patio lleno de arboles de uva de playa; pero también, como si las estuviera oyendo, la voz de mi abuela rezando el rosario, avemarías y padrenuestros y las notas asordinadas de la flauta de mi tío Manuel, que salían de su cuarto de aprendiz de ermitaño, y el claro el tañido de las campanas de la cercana iglesia San José llamando a misa, y las retretas de la Banda Municipal en el parque del Centenario, así como los pregones de los vendedores de coco de agua y alegrías de millo, voces y sonidos que aprendí a medio silbar y tararear en medio de los aplausos y risas de mis padres y de algunos de sus amigos en el vecindario.“¿Qué recuerdos tiene de su infancia en Barranquilla?

“Y, con mis primeros pantalones largos con correa y bragueta, fugarme una tarde hasta el parque del Centenario, donde un tal Blacaman dizque andaba por ahí tocando su dulzaina en medio del berroche de una partida de muertos de la risa, travesura por cuenta de la que me gané unos cuantos correazos, que bien valieron la pena.

“¿Qué ritmos lo influyeron en su infancia?

“Varios y muy diferentes, entre otros el de las campanas de San José, por su pulsación uniforme; el de los tambores, el bombo y los platillos de la banda de la Policía, por su inevitable marcialidad; el del canto de los pájaros, por la altura de sus sonidos y variabilidad melódica; el de la voz de los pregoneros, por su marcación codificada, primitiva, y, claro, el de la máquina de coser de mi madre repiqueteando en la noche.

“¿Cuáles fueron sus primeros acercamientos al jazz?

“Mi primer contacto lo tuve a mediados de los años 30. Tendría como once años cuando cualquier día, inesperadamente, Papaquing, mi bisabuelo materno, de paso por Barraquilla, sacó de su maleta varios discos que mi madre encantada puso a sonar en la victrola, entre ellos uno bacanísimo que ante mi preguntadera Papaquing me dijo que era un ragtime.

“Un par de días más tarde, movido por la curiosidad, se lo silbé de punta a punta al padre Hidalgo, director del coro del colegio San José, y él sin titubear me dijo: “Eso, muchacho, y que ojalá no se te olvide, es un ragtime, puro jazz”.

“Me quedé viendo un chispero, pero con el tiempo me enteraría de que el rag de los orígenes, gracias a sus múltiples variantes, su síncopa persistente, sus estribillos bien definidos y su riqueza de acordes, había sido el jazz con otro nombre. Claro que otra cosa hubiese sido si aquel día si mi bisabuelo hubiera traído a casa el disco de Nick La Rocca grabado en 1917, en el que, al frente de su gran orquesta, interpreta el dixieland y en cuya etiqueta apareció impresa por primera vez la palabra jazz.

“¿Cómo fue su experiencia como diplomático (agregado cultural y cónsul en Rumania entre 1974 y 1978)?

“Mi primer amigo en Rumania fue Rumanescu, el chofer de nuestra embajada, de quien fui padrino de matrimonio con la madre de sus hijos en estricta ceremonia del rito ortodoxo.

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Los productos de la doctora rumana Ana Aslan, que Carlos Flores tenía que enviar por el correo oficial cada mes a la casa del presidente López, para él y su esposa Cecilia Caballero de López.

“Él me habló sin arandelas sobre la vida y quehacer de los gitanos en Rumania, su música, bailes y cantos y, sobre todo, de su alegría en medio de tantas penalidades.

“Una noche, alguien me comentó, así porque sí, que en un club de Mangalia, centro turístico cercano a Constanza, se realizaría un concierto de jazz en el que se presentarían el saxofonista Virgil Popovici y el famoso pianista Janci Kokossi.

“Pero tuve que regresar de inmediato a Bucarest para enviarle al presidente López, como todos los meses, religiosamente y vía correo diplomático, su ración de pastillas de gerovital.

“A propósito del gerovital, en el coctel que se le ofreció a la doctora Aslam con motivo de su viaje a Colombia, invitada por el presidente López, sin pensarlo tres veces le pregunté en plan de broma si en eso del gerovital ella se había inspirado en las andanzas del conquistador español Juan Ponce de León, buscando la fuente de la eterna juventud en las selvas de la Florida.

“Sonrió y me dijo: “Cómo se le ocurre, me inspiré en Matusalén, el patriarca hebreo, longevo de nacimiento y quizá, quién sabe, la Biblia no lo dice, inventor de alguna clase de pastilla mata años. Brindemos por Matusalén”, me propuso, y levantó su copa. La recuerdo como a una persona capaz de disfrutar plenamente cualquier edad fuera del tiempo.

“Háblenos de la novela ‘La crisis’, que publicó en Rumania

“Yo escribí esta novela en Guatemala. Se publicó por primera vez en Rumania bajo el título Criza. El doctor Pacurariu le entregó el manuscrito a Ruxandra Rucescu, políglota y traductora oficial de editora Universo, para que lo tradujese al rumano.

“En un artículo en El Espectador, el crítico literario chileno Sergio García Garay, exdiplomático en Rumania y exiliado en ese país tras el golpe militar del general Pinochet, hace un análisis de La crisis bajo el título Tratado de la soledad y de la angustia, y comienza diciendo: “Las librerías de las principales ciudades de Rumania acaban de vender 10.000 ejemplares de la traducción al rumano de la novela La crisis, del escritor colombiano Carlos Flores Sierra. Para Flores Sierra, el trabajo de escritor no solo le sublima un instinto, sino que parece colocarlo en la situación de magistral ejecutante de una máquina de escribir que se vuelve instrumento musical para realizar la tarea de darle forma a un tema que requiere ser expresado en términos de una estética musical, es decir, matemática. El autor de La crisis toca máquina de escribir y la toca con maestría. La novela suena bien porque es armónica, tiene ritmo”.

“A mi regreso a Barranquilla, el doctor José Consuegra Higgins, fundador de la Universidad Simón Bolívar, me publicó, en septiembre de 1980, como parte de la colección Universidad y Pueblo, 1.000 ejemplares de la novela en español, que en un par de semanas entregué sin costo a ciertos amigos, lo que logré con bastante éxito dadas mis relaciones con algunos medios culturales de la ciudad.

“¿Su definición del jazz?

“Repito aquí lo que en los últimos años he sostenido y difundido en mis conferencias y programas de radio y televisión: que si bien el jazz fue el nombre que se le asignó originalmente a un tipo de música de origen afroamericano que englobaba tanto el folclor religioso o profano como formas surgidas del repertorio de la música clásica y popular blanca, es hoy por hoy el nombre genérico de una serie de géneros musicales como el blues, el bebop, el free, el swing, la tercera corriente, el rock, entre otros desarrollados a lo largo de los últimos 100 años y bajo las más diversas circunstancias de tipo político, religioso y social por un sinnúmero de músicos, hombres y mujeres de distintas nacionalidades, razas, culturas y religiones.

“¿Tres imprescindibles del jazz y por qué?

“No considero imprescindible ningún tipo o corriente del jazz puesto que, en síntesis, cada composición e interpretación de cualquier tema cumple funciones muy específicas en su contenido temático y expresividad frente a las expectativas de quien lo escucha, lo disfruta o lo comparte.

“Sin embargo, piezas como Strange Fruit, cantada por Billie Holiday; Body and Soul, interpretada por Coleman Hawkins, y A Love Supreme, por John Coltrane, entre otras muchas, podrán ser consideradas imprescindibles para quienes se identifican con sus propuestas en busca de refugio espiritual, evasiones, y añoranzas de tipo personal”.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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