¿Deberían prohibir los partidos de bola e’ trapo bajo la lluvia?

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El debate sobre los bailes de picós estrena temporada. Hay opiniones de toda clase. Pero la solución parece ser más profunda que una simple satanización de la verbena.

Por Rainiero Patiño Martínez

¡Aquí suena! Como una canción en un disco rayado, los señalamientos volvieron a rechinar contra los bailes de picós, a rebullir en las redes sociales: de todos los calibres y en todos los ‘ritmos’.

Barranquilla amaneció el domingo, entre otros, con el siguiente titular: “La fiesta picotera y champetera terminó en disturbios en el Metropolitano”. El vandalismo generó desmanes, según fuentes consultadas por algunos medios de comunicación. “Indignación total”, señaló la misma publicación.

Otra versión indicó que “Luego de un inicio tranquilo, se presentaron enfrentamientos entre público que quería ingresar sin boleta y agentes de la policía”.

“Los disturbios causaron que muchas de las personas afuera corrieran desesperadamente para evitar salir heridos del enfrentamiento entre algunos desadaptados y el Esmad”, agregó un diario.

Después de esos, la ‘pista’ de los indignados ya se había llenado. Y los entusiastas del ‘Sí a los picós’ iniciaron la sonora defensa.

El comentario del músico Julián Sarmiento, reflexionando sobre el «amarillismo» y la «magnificación» de algunos medios sobre lo sucedido, generó un buen número de reacciones.

«..Por falta de control policial alrededor de la zona (la prioridad policial se la dieron al evento de la Plaza de la Paz, por supuesto) hubo un incidente que afortunadamente no pasó a mayores», apuntó Sarmiento.

El músico considera que «esta tradición cultural, que entre otras cosas nos ha traído gran parte de nuestra esencia musical barranquillera, no debe ser marginada, sino por el contrario protegida». Y remata que  «la inseguridad causada por los desadaptados está latente en cualquier tipo de evento. Y si la policía no hace presencia como debe, cualquier celebración se vuelve insegura».

¡Vuélvelo a pone!, gritaron las voces autorizadas de la radio. El lunes temprano, el secretario de Gobierno de Barranquilla, fue ‘llamado a lista’ en una emisora local. Como si se tratara de una prueba de responsabilidad ética, el funcionario fue cuestionado por el permiso de La Picotera, como se denominó el evento.

El secretario justificó el permiso otorgado al baile. “El picó hace parte de la expresión cultural de la Costa y las pólizas del seguro responderán por los daños presentados”, reseñó la emisora que lo entrevistó, el periodista insistió en la necesidad de no permitir ese tipo de eventos o de realizarlos en las afueras de la ciudad.

El funcionario declaró que, por lo menos, para uno anunciado para el 6 de noviembre, no habrá permiso. «No habrá más baile de picós este año», dedujeron los que titulan. El funcionario, más tarde, negó la sentencia.

El debate, como una serie de televisión paga, estrena nueva temporada. Algunos creen que se debe volver a tiempos de Elsa Noguera con prohibición total y decomiso de picós. Otros consideran que es estigmatización y satanización de la celebración. Y otros más, que hay que buscar soluciones más culturales porque lo que se esconde detrás de las riñas es el gran problema social en que está sumida buena parte de la juventud barranquillera.

Lo que sí volvió a quedar en evidencia es que Barranquilla no tiene tiene lugares ni recintos para la realización de conciertos, manifestaciones culturales o fiestas masivas. Y, además, que el manejo de la Policía a ese tipo de espectáculos no es el mejor. «Cuando los picós tocan en el Norte los policías se portan de otra forma. En el sur tratan a todos como delincuentes», comentó un usuario de de Facebook.

Entonces creer que la mejor solución es prohibir las verbenas es como creer que para que no se den enfrentamientos de pandillas en algunos barrios haya que prohibir los partidos de bola e’ trapo bajo la lluvia. O que para que los buses de Transmetro no sean apedreados por vándalos a la salida de estadio Metropolitano decidieran prohibir los partidos de Junior.

Alguno dirá: ¿Qué tiene qué ver la lluvia con las pandillas, los buses con el Junior, el caldo con las tajadas? Lo mismo se pregunta Rosa de Jinete, una mujer de más de 70 años reseñada por el diario y madre de los dueños del picó El Solista, quien participó de la fiesta del sábado y adentro en medio del goce y la alegría, como la mayoría de los miles de asistentes, casi no se entera de los desmanes.

Para algunos pareciera que, como en el clásico chiste de la mujer infiel, el problema se resolviera vendiendo el sofá, o como si la fiebre estuviese en las sábanas. ¡Sacúdete zapato viejo!

Como en todos los eventos públicos, los bailes de picó presentan riesgos y para eso las autoridades, en este caso el Comité de Orden Público de la ciudad, determina su viabilidad y requisitos. El camino es trabajo conjunto, es revalorización de la verbena como expresión social y cultural de nuestra región, es la reinvidicación de la música y el baile como únicas armas en el goce callejero. Es trabajar para que la tradición -con sus nuevas aristas- siga, aunque muchos se empeñen en decir que «la rumba se acabó».

Los titulares cambiaron, menos de 48 horas después de la fiesta picotera, encapuchados protagonizaron disturbios frente a la entrada de la Universidad del Atlántico, se enfrentaron a la Policía y bloquearon el tránsito vehicular. Esperamos que a nadie se le ocurra preguntar si debemos prohibir que alguien estudie allí.

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Acerca del Autor

Rainiero Patiño

Colabora en medios de comunicación desde hace más de 20 años. Experiencia como reportero y editor. Sus textos periodísticos y de ficción han sido publicados en espacios nacionales e internacionales. Nacido en Barranquilla. Lector y viajero empedernido. Música y buena comida. Inquieto por el periodismo para el desarrollo social. Papá y esposo. El mar, siempre vuelve al mar.

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