Para leer a Héctor Rojas Herazo

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Leer su obra nos ayuda a comprender la vida y sus contradicciones en el terruño y más allá de él. 

Por Daniel Rivera Meza, corresponsal Chacharero

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Daniel Rivera, educador, editor de la revista Cedrón y autor de este artículo sobre Rojas Herazo.

21-11-2015- Sincelejo.- La historia nos enseña que los pueblos y naciones perecen, tarde o temprano, mientras que las creaciones y los creadores relevantes permanecen en el tiempo. La ceguera contemporánea, generalizada y atroz, nos aparta de esta enseñanza y nos induce a otras valoraciones que poco o nada contribuyen a dignificar la vida. Es lo que ha ocurrido en nuestra tierra con la figura y la obra múltiple de Héctor Rojas Herazo, hijo de Tolú, Sucre.

Aunque reconocido y estudiado en otras latitudes, no ha tenido en estos lares una valoración significativa. Ciertamente, merecen otro tratamiento el nombre y el legado de este narrador, poeta, ensayista, periodista y pintor; egregio cultor del pensamiento y excelso oficiante de la palabra en la escritura.

Ante la situación de atraso, pobreza y devastación física, espiritual y moral que agobia a esta región, es preciso mirar nuestros propios valores, reconocernos en ellos y asumirlos como norte en las conceptualizaciones, actuaciones y actitudes del día a día. Solo sabiendo a conciencia quiénes somos, podemos tomar decisiones y fijarnos metas que nos permitan crecer como individuos y como sociedad.

En la obra de Rojas Herazo, el lector encuentra una recreación de personajes, aconteceres y rasgos propios de nuestra cultura; un registro de elementos que nos ayudan a encontrarnos con nosotros mismos. Algo como un autoexamen con visión humanística, oscilante entre el patio de la casa y el universo. Leer ‘Respirando el verano’, ‘En noviembre llega el arzobispo’, ‘Celia se pudre’, ‘Rostro en la soledad’, ‘Señales y garabatos del habitante’, entre otros, nos ayuda a comprender la vida y sus contradicciones en el terruño y más allá de él.

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Héctor Rojas Herazo, periodista, poeta, pintor, escritor, nacido en Tolú, Sucre. Es uno de los escritores más reconocidos a nivel internacional.

Es verdad que la sola lectura de las obras de este, nuestro autor, no operará el milagro de que los políticos de turno dejen de robar y de hacer su voluntad con los recursos materiales y humanos propios de la región. Tampoco que cesará de un golpe el verano telúrico, sociocultural y ético que respiramos y que nos agobia hasta la asfixia, por citar solo dos muestras ilustrativas; se necesita mucho más. Pero sí está claro que una lectura reflexiva, masiva y constante, nos llevará a apropiarnos de nuestra realidad, si queremos cambiarla para bien. Todo para que el conformismo y la indolencia reinantes no nos lleven a convertirnos en miserias vivientes. 

Este es el reto que nos presenta la historia. No seamos inferiores a él. En medio de las motivaciones mezquinas y las urgencias de la cotidianidad, abramos un espacio a la lectura y la reflexión sobre los textos de Rojas  Herazo y de otros autores de nuestro suelo. El reconocimiento y valoración de lo nuestro fortalece el sentido de pertenencia al terruño y genera compromiso de superación. Si hemos de desaparecer de la faz de la tierra, que sea con la frente en alto. En este propósito, estamos en mora de estudiar más la obra de Héctor Rojas Herazo, uno de los grandes en el mundo. Para el caso, resulta tomar aquí, como acicate o invitación, el título de otra de sus obras: ‘Desde la luz preguntan por nosotros’.

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