Usiacurí, la música y las drogas

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Así cuidan a sus niños en el pueblo más pacífico de Colombia, donde desde hace medio siglo no hay una muerte por violencia.

Por Jorge Sarmiento Figueroa

Foto UsiacuríVarias veces Marlon Peroza y yo nos preguntamos por dónde empezar. Las gradas del coliseo, y media cancha desde el centro hacia la tarima, estaban abarrotadas de estudiantes de bachillerato del colegio Nuestra Señora de Tránsito, bautizado con el mismo nombre de la patrona católica de Usiacurí.

Los chicos estaban ansiosos, pero no por esperarnos a nosotros. Habían corrido apenas escucharon el timbre porque era una hora para estar libres de clase. Así que cuando llegamos al coliseo los encontramos sentados en grupos dispersos, jugando entre ellos. «¿¡Aja! y que les decimos a este poco e’ pelaos?».

La Alcaldía de Usiacurí, a través de la Fundación Jóvenes por la Costa, nos contrató para hacer una dinámica sobre la prevención de las drogas, una hora a la jornada diurna y otra a la jornada vespertina del colegio. Cada uno de nosotros tiene experiencia en el manejo de estos talleres, Marlon lleva años haciéndolo para la Gobernación del Atlántico, y yo lo he hecho para varias instituciones públicas, privadas y sociales.

Usiacurí con Marlon Peroza 1Sin embargo, habernos encontrado para trabajar juntos en esta ocasión, nos hizo reflexionar sobre el tipo de retos que estábamos aceptando en nuestras vidas. Porque por más que creamos manejar a la perfección unos talleres de edu-entretenimiento y por más que hayamos hecho un trecho como para saber a estas alturas hasta dónde puede afectar a alguien la presencia de las drogas en su vida, llega un momento en que uno se vuelve experto en algo y mal cree que ha llegado a la cúspide. Por el contrario, cuando la experiencia ha enseñado algo es cuando las preguntas más tesas empiezan a salir. Al menos mientras hay vida, demostrado es que un ser nunca deja de aprender.

Cada uno había pensado en una dinámica. Marlon había pensado en una manera simbólica de darles el regalo de la disciplina, la convicción y el respeto. Yo había pensado en hablarles sobre cómo se llega a valorar cada instante a partir del valor y la conexión entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Pero eran unas dinámicas que requerían mucha atención, «y estos pelaos lo que tenían era un desorden».

Uno solo puedo dar lo que uno es

Fue entonces cuando nos miramos y nos dimos cuenta que lo mejor que teníamos para dar era justamente lo que somos. Marlon Peroza y yo somos artistas. Cada uno en su ramo, nos dedicamos a explorar la sensibilidad en nuestras almas y a relacionarnos con el mundo a partir de esta. Él es músico, uno de los mejores gaiteros y joven cantautor del Caribe colombiano. Yo soy poeta y contador de historias.

Marlon giró hacia atrás, yo giré hacia adelante con el micrófono en mano. Marlon buscó la gaita en su mochila, yo aplaudí y dije «¡Hola!», fuerte y claro, luego le pedí a cada chico que le ayudara a su compañero de al lado a hacer silencio llevándose el dedo índice a la boca, y así se hizo una cadena que nos dio toda la atención del coliseo.

En ese instante recordamos cómo nuestra propia vida es un poema de versos vivos, una canción completa como la de cada ser humano, cantada a fuerza de momentos de alegría, de logros, de pesares, de miedo y de paz. Y nos sentimos como hombres únicos al ver que estábamos enfrente de centenares de oídos infantiles y juveniles a los que tendríamos en ese momento la responsabilidad de darles una razón para regresar siempre al camino del deseo verdadero de la vida, y no dejarse desviar por la permanente invitación de los caminos de apariencia fácil que, entre otros muchos, son el mundo de las drogas.

«Las drogas pueden ser cualquier cosa, muchachos, no solo la marihuana, la cocaína, el alcohol o cualquier clase de vicios que les puedan ofrecer en las esquinas o donde menos se lo piensen», les dije al rompe, según Marlon y yo logramos reflexionar. «La droga puede ser también la repetición viciosa de algo que no nos llena o que al saber que nos hace mal sin embargo la repetimos hasta el cansancio solo porque sí. La droga es todo aquello que nos aleja del verdadero fuego de nuestro corazón, es todo aquello que nos quita el poder de la conciencia.

«Cuando cerramos los ojos en medio de un problema o de una alegría, y encontramos que adentro estamos en paz, entonces estamos libres y allí es donde vive nuestro verdadero poder. Solo nosotros mismos nos podemos quitar ese poder y por tanto solo nosotros podemos y debemos cuidarlo. Porque la droga sin nosotros es un polvo muerto, una hierba arrancada de su hogar, un líquido sin sentido. En cambio nosotros sin droga somos el poder vivo. ¿Cómo lo hemos cuidado Marlon y yo, a pesar de los errores y problemas? Haciendo lo que nuestro corazón en verdad nos pide.

«Aquí frente a ustedes hubieran podido estar otras personas, que si fueran futbolistas tendrían un balón y les hablarían de los partidos ganados y perdidos como ejemplo de lo que su vida ha sido al alejarse de las drogas. Piensen en lo que ustedes serán, en lo que quieren ser en la vida, en lo que ahora les da una sonrisa real adentro y piensen cómo llegarán a estar algún día ustedes compartiendo su experiencia con sus hijos o con los hijos de sus amigos, o con niños y jóvenes de un colegio, como nosotros ahora lo hacemos con ustedes. Si pueden soñar en el futuro con lo que hoy les da alegría, sea la música, la poesía, el anhelo de ser médicos, abogados, bomberos, futbolistas, háganlo cada vez que puedan, para que tengan fortaleza cuando lleguen los retos y sepan también aceptar y entender para qué llega la tristeza.

«Ahora les voy a presentar a un hombre, a un amigo, que con su música nos muestra la fuerza de su vida, que con su música nos da un ejemplo de todo lo grande que somos por dentro y por fuera».

Les pedí por último que cerraran los ojos. En ese momento, Marlon apareció con su gaita. La descripción más grandiosa es ver el silencio de los niños, su atención total a la manera como el artista camina entre ellos con un instrumento que el pueblo de Usiacurí conoce desde mucho antes de la Conquista y que, sin embargo, por las nuevas modas, sus hijos más jóvenes parecen no haber visto jamás. No habían tenido hasta ahora el placer de disfrutar los sonidos sacados del corazón de la ceiba colorá. No habían tenido, en definitiva, el placer de hablar sobre un mundo libre, con la sencillez de la música y la poesía. Y eso que estábamos ese día en la tierra que fue el hogar de Julio Flórez.

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Acerca del Autor

4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Editor general de Lachachara.co y gestor de proyectos de la Fundación La Cháchara. Ejerce el oficio periodístico desde niño, combinado en la actualidad con la docencia universitaria, asesorías en comunicación para personas y organizaciones. También practica manifestaciones artísticas como la poesía, la pintura y la realización audiovisual. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3182484320

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