La verdadera guerra que confrontan los venezolanos

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Un informe especial sobre la cantidad de asaltos que la delincuencia está propinando a la Policía de Venezuela, para despojarlos de sus armas de dotación.

Por Lexander Loaiza

Venezuela - Entierro de policíasAlejandra Ruiz era una funcionaria de la Policía de Carabobo, un Estado ubicado a 250 kilómetros al oeste de Caracas, que el martes 6 de octubre a las 7:00 de la noche, regresaba a su casa luego de cumplir con su jornada laboral.  Circulaba al sur de la ciudad de Valencia en la parte de atrás de una motocicleta que conducía un compañero de trabajo. En un punto del camino, la pareja de funcionarios es interceptada por dos delincuentes a bordo de otra moto y, tras dispararles en repetidas ocasiones, los despojan de sus armas de fuego.

Alejandra Ruiz tenía solo 29 años y murió en el acto. Su compañero se debate entre la vida y la muerte en un hospital de la zona, a causa de las balas recibidas. Después de atacarlos, los delincuentes se acercaron a ellos, les quitaron sus armas de fuego y se fueron.

La muerte de la agente Ruiz es una tragedia, pero es solo la punta de un iceberg. Hasta el mes de octubre y según la ONG Fundación para el Debido Proceso, en todo el país habían muerto a manos del hampa 252 funcionarios policiales. Muchas de las bajas son resultado de enfrentamientos, pero buena parte de ellas son ataques dirigidos especialmente a ellos con el objetivo, como en el caso de Alejandra Ruiz, de despojarlos de su arma de reglamento.

Criminólogos coinciden en que la razón es porque las armas de fuego se convirtieron también en un producto escaso en el país. Desde que en el 2010 el Gobierno decidiera monopolizar la venta de armas y municiones, y negando la entrega de nuevos portes de armas, las fuerzas policiales se han convertido en la “despensa” de pertrechos para los antisociales. Esto por su puesto a costa de la vida de los propios funcionarios. Al restringirse el mercado negro de armas y municiones, es mucho más fácil obtenerlas de los organismos de seguridad, bien sea por corrupción de los propios funcionarios, o asaltándolos y matándolos para despojarlas de ellas.

El problema de la delincuencia en Venezuela ha venido dando signos de metástasis desde hace al menos diez años, cuando la cifra de homicidios se disparó drásticamente. Aunque el Gobierno se abstiene de publicar cifras oficiales, los registros de los periódicos a través de los reportes diarios de las morgues en las principales ciudades, hablan que en el 2014 hubo más de 24 mil muertes violentas.

Según el Observatorio Venezolano de la Violencia, la media de muertes en el país se ubica en 82 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. El gobierno de Maduro solo admite 39, una cifra sin embargo escandalosamente alta para un país de 30 millones de personas.

Para los policías la situación cobró un color mucho más tenebroso. Los ataques dejaron de ser puntuales contra funcionarios vulnerables en la calle. La última semana de septiembre se registraron cuatro agresiones con granadas fragmentarias a sedes de la policía investigativa, el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) y uno a la sede de la Policía Municipal de Baruta, uno de los municipios metropolitanos de Caracas. Venezuela - granada de fragmentaciónEn esta nueva escalada violenta, muchos se preguntan cómo las bandas de delincuentes obtienen armas (fusiles, granadas) que son de uso exclusivo de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Muchas miradas se han posado en los llamados colectivos, grupos armados parapoliciales que ha conformado el propio Gobierno como fuerza de choque contra objetivos políticos y que ahora, según no pocos opositores e incluso oficialistas, se han salido de control.

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