Gabrielle: sin miedo a vivir

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Una película de amor, hecha con actores naturales que tienen «trastornos del desarrollo». Véala en la Cinemateca en Barranquilla. Y veamos quiénes son los trastornados.

Por Chachareros

Gabrielle, sin miedo a vivir afiche“La película no quiere sentar cátedra y resulta modélico el modo en el que cierra su relato, convirtiéndose en civilizado modelo de discurso cuidadosamente diseñado para abrir fructífero debate», dijo Jordi Costa del diario El País. Pero quien más se acerca, a nuestro juicio, al corazón de ‘Gabrielle, sin miedo a vivir’ es Lucero Solórzano, del diario Excélsior, quien concluyó que esta película es “una historia sencilla, muy bien contada y no cae en sensiblerías. Es sólo una exploración honesta de la afectividad y las necesidades de personas ‘diferentes’”.

La diferencia de la que habla Solórzano, y que es la que se aborda en la película, es la de trastornos genéticos diversos que confluyen en un grupo de personas de varias edades que asisten cada día a un centro de recreación especial en Quebec, provincia francesa de Canadá, en donde transcurre la historia. Si el sexo y las relaciones amorosas son de por sí un tema mayúsculo en la totalidad de los seres humanos, con ‘Gabrielle: sin miedo a vivir’ podemos ver para imaginar lo que supone para quienes son señalados por la sociedad como discapacitados mentales.

Gabrielle es una joven enamorada de la vida. Nació con Síndrome de Williams, el que muy probablemente tenía Mozart. Esto la hace un ser sensible a los sonidos y con una capacidad superlativa para ser delicada ante su entorno. Ella conoce y se enamora de un chico llamado Martin, en el centro de recreación. Para ambos el amor es sinónimo de libertad y felicidad. Para sus familias y tutores, la cosa no lo es tanto. Al principio parecen preocupados sinceramente por ellos, pero poco a poco la historia nos va develando las verdaderas razones por las que los problemas que nos preocupan de los otros casi siempre son en realidad el reflejo de los nuestros. De nosotros. Y mientras esto ocurre, ellos, Gabriell y Martin, van en busca del espacio en que no hay tiempo; en busca del tiempo en que no hay espacio. Porque todo lo que les importa es vivir, amar. Vivir sin miedo.

Del año 2013, esta película galardonada en diversos festivales llega ahora a Barranquilla en las dos únicas salas en las que el cine de autor se mueve a sus anchas: la Cinemateca del Caribe. En cartelera hasta el jueves 13 de agosto.

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