El cauce de PoemaRío 2015

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Un desborde de poesía en boca de talentos de todas las latitudes convergieron de manera exacta en la antigua estación del ferrocarril.

Por: Melissa Ochoa

La noche da inicio a la velada en torno a un escenario no más estruendoso que una típica mesa en la que suelen sentarse los escritores para compartir sus letras, ahí, de uno en uno debían rotarse los líricos artistas entre acentos mexicanos, argentinos, bolivianos, uruguayos, venezolanos y franceses y hasta rumanos, y entre la audiencia Francisco, un forastero español que por estos días hace de la docencia su estilo de vida en tierra colombianas.

Aguardaba el momento en que el primero de los versos se asomara a la atmósfera poética que ya evaporada y condensada se precipitaba sobre nosotros en una llovizna veraniega que amenazaba nuestro eterno verano y también la programación, así fue revelada la primera de las sorpresas de la noche: el improvisado cambio de escenario al aire libre hacia  al resguardo del auditorio Julio Mario Santo Domingo.

Otra sorpresa fue ver la cantidad de espectadores con las que aguardaban por el evento y que ni las inconsistencia del clima logro malograr, tampoco la distancia o el horario que logró extenderse hasta entrada la noche.

Los asistentes ya habían disfrutado de las primeras rimas en la Intendencia fluvial, desde las cinco de la tarde. Fuera del alcance de las gotas de lluvia nos dispusimos a sumergirnos en un viaje que nos llevó por diversas épocas sobre las olas de los poemas, uno de ellos nos hizo volver en el tiempo a ver los descubrimientos de 1972 hasta la frivolidad impávida de la Wikipedia y de equipaje solo una maleta llena de libros remolcada desde de México en manos de la poetisa Marlene Zertuche quien prefiere montarse al avión con exceso de libros en lugar de tacones, aunque se denominara «chaparrita» ante todo el auditorio, para ella valía más la pena lucir el contenido de su maleta en  una emblemática entrega de cariño para la Biblioteca piloto del caribe en la dirección de Miguel Iriarte que contó con más de cien libros de escritores mexicanos.

Otra de los rostros emblemáticos de éste evento y que ha jugado un papel importante para su realización es el de Tallulah Flores que en medio de la diversidad de lenguas y estilos literarios que surcaron a nuestro alrededor debió hacer la veces de traductora oficial del rumano al español, y haciendo honor a una de las bromas de las frases que engalanó la noche, citaba que Dios está en todas partes, pero atiende en Buenos Aires, nos transportamos a una noche de tangos en las afuera de la plaza de manos de un cóctel y de nuevos amigos que celebraron unánimes la noche que nos brindó PoemaRío.

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