Gracias, maestro

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No se equivocó Eduardo Galeano al describir el continente latinoamericano. Nuestra historia quedó más clara para los jóvenes que leímos ‘Las venas abiertas de América Latina’.

Por Jorge Guebely

Eduardo Galeano (qepd).

Eduardo Galeano (qepd).

Siempre fuimos territorio del despojo. Actividad de extranjeros con la anuencia de criollos. Lo mismo durante el colonialismo español que en el neocolonialismo norteamericano. Igual ayer como hoy. Eduardo Galenao  no se equivocó en ‘Las venas abiertas de América Latina’ ni en los bellos pasajes de ‘El libro de los abrazos’, micro-relatos que ponían en evidencia la condición humana de los invisibles. Allí escribió de ‘Los ‘nadies: que no hablan idiomas, sino dialectos; que no profesan religiones, sino supersticiones; que no hacen arte, sino artesanía; que no practican cultura, sino folklore; que no son seres humanos, sino recursos humanos. Los ‘nadies’, que cuestan menos que la bala que los mata’.

Galeano le dio importancia a una inmensa mayoría que sobrevivía y sobrevive anulada por la vileza de una inmensa minoría. En contraposición, aclaró la farsa de los que habitan los barrios altos. Los que para ser algo, abjuran de sí mismo. En los barrios altos, se vive como en Miami, se vive en Miami, se miamiza la vida, ropa de plástico, comida de plástico, gente de plástico, mientras los vídeos y las computadoras se convierten en las perfectas contraseñas de la felicidad’. Sumisión con sabor a derrota cultural y humana; personas satisfechas pero infelices.

Ilustración de Turcios sobre Eduardo Galeano, fallecido el 13 de abril de 2015.

Ilustración de Turcios sobre Eduardo Galeano, fallecido el 13 de abril de 2015.

Ni siquiera se equivocó cuando habló de los políticos electorales, los que tienen el trastorno de la promesa y la trampa. ‘Todos prometen y nadie cumple’. Y también sugirió: ‘Vote por nadie’. Sólo los nadies pueden hacer su propia historia, construir su propio ser.

Y mucho menos se equivocó en la paradoja de la vida. Ese regalo divino para la felicidad que la mezquindad de las élites ha convertido en infiernos cotidianos. ‘Nacer es una alegría que duele’. ‘El inconveniente de haber nacido’, diría Cioran.

Acertado cuando describió patéticamente a nuestro país: ‘En Colombia es raro morir de enfermedad’. Con frecuencia, nuestras muertes provienen de otros incidentes: balas procedentes de las guerrillas, de los paramilitares o del mismo Estado; de cuchilladas en las calles por un celular, de hambre en los campos o de indiferencia en las puertas de los hospitales. El derecho a morir de sus propias enfermedades también pareciera inculcado a la población de los nadies.

Su palabra lúcida y dolida contra las sombras del poder lo hizo inmortal. Muchas generaciones volverán a sus libros para entender mejor el olvido cultivado. Gracias, maestro, por haber existido y por haber contribuido con una conciencia más humana.

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