Becas estatales, otro elogio al simulacro

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El discurso de las diez mil becas educativas, semejante al de las cien mil casas, es un elogio más al simulacro. Una alharaca administrativa en medios de comunicación para amainar la verdadera responsabilidad del Estado.

Por Jorge Guebely*

 

Jorge Guebely

Jorge Guebely

El anuncio de otorgar diez mil becas educativas sirve para crear la sensación de un gobierno preocupado y ocupado por la formación de los colombianos pobres. Completa el slogan efectista: ‘Colombia, la más educada de América Latina en el 2025’. Manera curiosa de mostrarse ante la Ocde, países que destacan la educación para promover desarrollo económico y cultural. Al final, como todo invectiva política, sólo son titulares de periódicos, un cartel para convencernos de que vivimos en el mejor de los gobiernos.

Al otro lado del discurso, subsisten realidades que lo desmienten. El presupuesto para Educación no alcanza al 4% del PIB. Bastante similar a los anteriores, por lo tanto, con las mismas proyecciones. Ningún liderazgo cultural o económico es posible sin elevar el costo educativo a sus reales necesidades. Lo demás es promesa de político tercermundista.

Inútil que la Ministra anuncie con euforia la universalidad del programa, los jóvenes del Guanía difícilmente se desplazarán a un centro urbano porque los aplasta el Sisben. Muchas de las regiones colombianas carecen de universidades acreditadas convirtiendo el préstamo en otra escandalosa letra muerta. La equidad social no se construye juntando lobos y corderos en el mismo corral, jóvenes pobres y ricos en Los Andes.

Santos enseña el mundo digital a los niños soledeños.La educación hasta ahora ha fomentado la mansedumbre de los corderos y la voracidad de los lobos. Al final, las universidades privadas, a pesar de sus matrículas costosas, saldrán beneficiadas. Un guiño sagaz al espíritu privatizador, un servicio a las élites económicas, función fundamental de la política.

Y mientras tanto, Colombia espera pacientemente un tratamiento respetuoso con su educación, el ajuste pedagógico para su real funcionamiento. Estrategia que se inicia por elevar su inversión más allá del 6% del PIB. Por despolitizar las universidades públicas e incrementar el espíritu académico científico porque la política banaliza, corrompe y arrasa todo lo que contamina. Por el contrario, la academia, al ser origen del conocimiento, operaría como un motor del desarrollo social y humano en una nación. No en vano, el reciente premio nobel de literatura se le otorgó a un país que dedica casi el 7% de su PIB al sistema educativo. Y, hasta ahora, ese país ha obtenido el mismo galardón 15 veces más. Colombia obtuvo uno, Gabriel García Márquez, quien precisamente abandonó la universidad porque los conservadores andaban asesinando liberales en un 9 de abril de 1948.

*Jorge Guebely es escritor, PhD en Literatura

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