El norte de Barranquilla se estremece por una extraña explosión

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A las dos de la tarde los cimientos de varios sectores del norte de la ciudad, especialmente en la vía al mar, fueron sacudidos por un estallido. La policía aún no ha podido identificar el origen.

Por Jorge Sarmiento Figueroa

Así quedaron los vidrios en el Altamira international School. Fuente: Twitter.

Así quedaron los vidrios en el Altamira international School. Fuente: Twitter.

En Barranquilla es casi imposible hacer una siesta plácida a las dos de la tarde por estos días. El calor es insoportable. Así que el martes 2 de septiembre la mayoría de los habitantes del norte de la ciudad tomaban café en la terraza o veían televisión en la sala de la casa con el abanico a velocidad máxima o con el aire acondicionado encendido. Algunos incluso salieron a hacer diligencias cercanas que les permitieran tomar un poco de aire. Fue a estos últimos a los que más duro les dio una estruendosa explosión producida de manera misteriosa sin que la policía, varias horas después, hubiera podido determinar sus causas.

Fue como si un terremoto durara una milésima de segundo, lo suficiente para mover el cielo y la tierra, para que el piso temblara, los postes bailaran y las piedras saltaran. Los vecinos se tuvieron que agachar donde estuvieran, como en un atentado de película. No sabían cómo reaccionar. Los autos se detuvieron, los chismosos salieron en el fragor de la escena.

El humo producido por las quemas del otro lado del río, en el Parque natural Isla Salamanca, generaba confusión. No se sabía si el estallido era una bomba que había impregnado de gris el ambiente, si había sido un transformador, un generador. No se sabía nada.

Para los vecinos que se encontraban en el sector de Villa Carolina, las miradas se dirigieron de inmediato hacia la termoeléctrica o hacia las industrias de la vía 40. Pero no hubo sirenas, no hubo secuelas evidentes.

Para los Buenavista, Villa Santos y Miramar, el foco de atención fueron las gasolineras. Hace dos años habían pasado un susto similar cuando estalló una estación de combustible en la carrera 46 con calle 87. Pero no hubo sirenas, no hubo secuelas.

A quienes más duro impactó el estallido fue a los estudiantes, profesores y administrativos que a esa hora estaban en el Altamira International School. La explosión al parecer fue tan cercana que los vidrios no soportaron su poder y se cuartearon. Aunque no hubo heridos, el momento fue de pánico. El colegio tuvo que ser evacuado. Para ellos también es una incógnita lo ocurrido, pero sospechan de las canteras que pululan a su alrededor.

Como nadie sabía a ciencia cierta qué fue lo que pasó, la mayoría decidieron acabar la siesta insoportable y salieron a buscar el origen del estruendo. Los más suspicaces aguzaban la vista hacia las canteras de la vía al mar, allá donde las montañas han perdido la cabeza. Pero tampoco faltaba el mamagallista que decía que la explosión era del Junior. Otros, más religiosos, decían que era la ira de Dios contra quienes mal le han pagado.

Otros aún aguardan a que aparezca la policía, para ver quién les soluciona el problema del calor al mediodía y del humo del otro lado del río, porque sin un Gobernador en el Magdalena ni un ministro de Medio Ambiente, ni un gerente de Cormagdalena que se respeten, los incendios en el Parque Salamanca van para largo. Como los mediodías.

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Acerca del Autor

4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Editor general de Lachachara.co y gestor de proyectos de la Fundación La Cháchara. Ejerce el oficio periodístico desde niño, combinado en la actualidad con la docencia universitaria, asesorías en comunicación para personas y organizaciones. También practica manifestaciones artísticas como la poesía, la pintura y la realización audiovisual. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3182484320

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