Esta es la literatura que canta

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“Para que se acabe la vaina” han surgido en el país en los últimos años escritores que se cansaron de contar muertos. “Dígamelo con música, no con sangre”. 

Por Rafael Sarmiento Coley, director

Desde poco antes de la aparición literaria musical de Julio Olaciregui, Óscar Montes, Juan Gabriel Vásquez, Heriberto Fiorillo y William Ospina, hubo varios precursores.

Juana Francisca Díaz

Juana Francisca Díaz

Como es natural, con un formato diferente. Lo de Julio Oñate Martínez, por ejemplo, es la biografía, el dato meticuloso, la semántica de cada canción. Citemos un ejemplo, Oñate Martínez fue capaz de descubrir que Adolfo Pacheco, en la letra original de ´El Pintor´ (trabajo musical grabado por Diomedes Díaz y Juancho Rois con el título ´Ganó el folclor´), tenía una estrofa que decía: “pero yo no sé porqué/ dicen que pintar no puedo/ si yo como Adriano el ciego pinto lo que no se ve”. Esa era la estrofa original.
Y Adolfo Pacheco se refería a otro de los geniales compositores sabaneros, Adriano Salas, quien por culpa de la diabetes perdió la vista y luego las piernas. Los productores y arreglistas de Diomedes, todos del Cesar y La Guajira, decidieron ignorar a Adriano el ciego y cambiarlo por “Leandro el ciego”, en referencia a otro grande del folclor. Salta a la vista que irrespetaron al autor de la letra original.

La nueva narrativa

En el nivel de Oñate Martínez está el profesor Samuel Muñoz Muñoz. Un verdadero investigador de nuestro folclor y autor de un estupendo libro ´Mi primera canción´.

Náfer Durán Mojica

Náfer Durán Mojica

Obra que no debe faltar en la biblioteca de ningún amante de la música. Porque allí están las primeras canciones que le vinieron a la inspiración de renombrados compositores como Rafael Campo Miranda, Esthercita Forero, Adolfo Echeverría, Leandro Díaz, Calixto Ochoa y la lista sigue.
Otro investigador consagrado y respetable es Rafael Oñate Rivera. Sus obras son de lujo. Porque cuenta la historia de cada autor seleccionado y la letra de sus canciones.
Lo mismo hicieron Jorge Ignacio Pretelt Chaljub, Albio Martínez Simanca y Aminio Mestra Osorio, en su magnífica obra de lujo ´AlejandroDurán, su vida y su música´. Este grupo rescató fotos hasta debajo de la tierra, como le ocurrió en El Paso, en donde desenterró un baúl lleno de recuerdos y las fotos de Juana Francisca Díaz y Náfer Durán Mojica, padres de Alejandro Durán.
Con esquemas distintos y a un nivel más fiel a la realidad de los juglares, ese es el grupo más sobresaliente de precursores.
Ahora se nos vino una pléyade de escritores brillantes, talentosos y disciplinados, con obras que relatan la vida cotidiana colombiana, sin disparar un solo tiro, sin una sola bomba, sin una sola masacre.
Gracias a Dios. Bendita sea esta nueva narrativa que nos brindan escritores iluminados como William Ospina con su excelente obra ´Pa ´que se acabe la vaina´.

No te rías que la cosa es seria

Rafael Sarmiento y Oscar Montes

Rafael Sarmiento y Oscar Montes, en el lanzamiento del libro sobre Diomedes.

Le regalé esa obra a un gran amigo. Cuando leyó el título soltó una carcajada. “No te rías, que es literatura pura y dura, pero narrada con música, con alegría en el alma y el corazón».
Y así es ese libro que lo atrapa a uno desde el primer párrafo ´La segunda vida del Negro Adán´, del barranquillero Julio Olaciregui. El autor conduce al lector por las calles de una ciudad que puede ser Barranquilla, con pedazos de aquí y de allá, hasta de la lejana París, en donde Julito ha vivido en los últimos 30 años. Bueno, viviendo y viniendo. Porque no ha podido romper el cordón umbilical que lo ata a esta tierra grata que el con tanta maestría y certera descripción nos recrea con ese Negro Adán inmortal. Ese negrazo de ébano que de un solo golpe con un madero grueso mataba al más grande y guapo de los puercos para sus chicharrones con yuca que Gabo, su combo y Raimundo y todo el mundo disfrutaban en el entonces jacarandoso barrio Chiquinquirá.

Sí, ya está bueno de capos

Dangond, Alejo, Rafa y Pablito.

José Jorge Dangond, Alejo Durán, Rafael Sarmiento y Pablito López.

Juan Gabriel Vásquez en ´Los Informantes´ recrea una historia bella de espionaje, de amor no correspondido, de amantes en secreto, de alemanes disfrazados de colombianos, con nombres de boyacenses. Todo con una narrativa musical. Que encanta. Que atrapa. Que se olvida por siempre y para siempre de los Pablo Escobar, de los Rodríguez Orejuela, de los Rodríguez Gacha, de los Jorge 40, de los Mancuso, de los Cadena, de los políticos corruptos y homicidas.
Esa basura se fue al fondo de un contenedor gigante que entre todos estos autores de las nuevas generaciones montaron en un remolcador y lo lanzaron mar adentro.
Uno se deleita con ´Vivir mejor no pude´ del consagrado joven escritor y periodista sincelejano Óscar Montes. Muestra una visión distinta del Diomedes Díaz que han descrito otros autores. Montes lo hace de manera amena, con datos y vivencias desconocidas. Con un lenguaje claro, preciso, ameno.

El dos en uno

La nueva literartura (6)

William Ospina rinde homenaje a Emiliano Zuleta, autor de ´La gota fría´, de donde toma la frase que da título al libro.

Ya antes Heriberto Fiorillo, el popular Fiori, se había anticipado con ´´La mejor vida que tuve´, y ´Cantar mi pena´. El primero es un bello recuento de la vida de Emiliano Zuleta Baquero, el viejo Mile, tal como él se la contó a Fiori.
Y el segundo –porque es una versión “dos en uno”- es la vida del poeta ciego Leandro Díaz, narrada con un estilo sencillo, ameno, muy descriptivo de esos sitios montañosos en donde transcurrieron los años de infancia y primera juventud del personaje.
Lo más atrayente es leer de cómo Leandro se fue amoldando a su vida de ciego de nacimiento. De cómo superó el menosprecio incluso de sus progenitores. Sin odio, sin rencores. Hasta cuando pudo conocerlo todo a través de los sentidos de los cuales Dios no lo privó. Por fortuna. Podía conocer una flor por su olor o por la textura de su piel. Sentir el olor de la lluvia mucho antes de que cayeran las primeras gotas. Entonces la gente empezó a regar la versión de que Leandro era adivino. Otros que era curandero. Y no faltó quien inventó que era hasta brujo.
Pasó por todas esas pruebas hasta cuando se hizo gigante con su talento descomunal e inagotable para hacer canciones. Entonces le calló la boca a todo el mundo.
Raúl Vallejo se divierte él y recrea al lector con una narrativa erótica y sensual, sin caer en lo vulgar, en su ´Pubis equinoccial´. Claro, hay que leerlo con pinzas. Un poco prevenidos.- Ciertamente tiene pasajes subidos de tono, y luego retorna a una literatura pura, dura, juvenil, jocosa.
En verdad, es grata esta nueva legión de la narrativa que decidió, por fin, olvidarse de los putos capos y los despreciables sicarios, para deleitarnos con una literatura, que no se olvida de la realidad del país, pero nos muestra un camino de esperanza. Narra que hay corruptos. Que han trampas en algunas elecciones. Que hay amiguismos y componendas en las altas cortes para nombrarse unos a otros, nombrar a toda su parentela en otras instituciones del Estado gracias a favores que hacen con anticipación con cargo al presupuesto nacional. Eso está ahí.- Porque no pueden, estos nuevos escritores taparse los ojos frente a una realidad que les golpea los oído. Lo genial de esta nueva narrativa es que lo hacen cantando.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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