El patrullero Andrés Díaz Zabaleta tuvo que darle la cara a la justicia

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Agente de la Policía es acusado, junto a su compañera sentimental, por la desaparición forzosa, secuestro y homicidio agravado de Kelly Zapateiro Guzmán.

Por Jorge Sarmiento Figueroa – Editor general

Desde adentro se podían escuchar con nitidez los gritos en la calle de una multitud enardecida, que,  bajo un sol más ardiente de lo común, luchaba contra los antimotines para ingresar al edificio, sacar al policía y hacer justicia con sus propias manos.

Andrés Díaz Zabaleta, segundo de izquierda a derecha.

Andrés Díaz Zabaleta, segundo de izquierda a derecha.

Tres pisos más arriba, en la Sala Quinta del Complejo Judicial, estaba el agente Díaz Zabaleta, acusado en la audiencia por los delitos de desaparición forzosa, secuestro y homicidio agravado de Kelly Zapateiro Guzmán, de 28 años, a la que el patrullero, en complicidad con Josefa Cardona, su pareja sentimental, se le señala de haber descuartizado e incinerado el 11 de julio, después de extraerle un bebé de ocho meses de gestación.

A las cuatro de la tarde se hizo un receso de la audiencia. Solitario en el pasillo, sin esposas, Díaz Zabaleta reposaba apoyado en la pared; los guardias estaban a varios metros y no le prestaban atención. Algunos se entretenían mirando desde la ventana a la multitud. -¿Cómo están las cosas?-, le pregunté. “Llevo 16 años. He estado en varias audiencias como estas. Sé como son las cosas y no me da miedo. Saldré libre”. -¿Cómo lo sabes?-. “Hace tres años los médicos decían que un cáncer de estómago me iba a matar. Me salvé. Dios me salvó y también me va a salvar de esta. Yo no hice nada”. -¿Y qué va a pasar con Josefa Cardona, tu pareja?-. “Esa vieja no es mi pareja… -De repente Díaz se puso muy nervioso, dejó de mirarme y dirigió la vista hacia el baño, se frotó las manos sudorosas en el pantalón, y terminó la frase-: hace más de diez meses que no la veo”.

Solo un par de minutos antes, allí mismo en el pasillo, Iris Guzmán, la madre de la víctima, conversaba con el fiscal del caso mientras hacía turno para ingresar al baño. La mujer aún no había podido estar cara a cara con el hombre acusado por el atroz asesinato de su hija; pero la puerta del baño se abrió y quedó frente a frente con Andrés Díaz. Ella no se apartó para darle paso, lo desafió con la mirada por largos segundos, y él como pudo se le escurrió incapaz de responder a la confrontación.

Estaba apoyado en la pared cuando vio de nuevo acercarse a la señora Guzmán, que para entrar en la sala quinta tenía que pasar por su lado. Comprendí que era esa la razón por la que se había puesto nervioso al momento de darme la última respuesta. Ella pasó rozándolo, sin dejar de desafiarlo. Los guardias lo rodearon y lo hicieron ingresar. La juez de la sala de justicia reanudó la audiencia.

SAMSUNG CAMERA PICTURESEn la sala, de veintiocho metros cuadrados, había 36 personas. El acusado vestía una camisa de manga larga, tela gruesa color beige, estampada a cuadros y rayas, unos jeans derruidos con dobleces en los tobillos y unos zapatos desgastados del mismo color de la camisa. No usaba medias. Al principio de la audiencia se limpiaba las uñas de las manos como lo haría un manicurista experto y no le importó dar varias veces la espalda a los presentes para asomarse por una ventana. La juez lo increpó. “Usted ha sido llamado a esta audiencia por un crimen espeluznante. ¡Respete y preste atención!”. En ese momento el patrullero perdió toda su serenidad y en menos de 20 minutos bebió tres botellas de agua. El fiscal reveló detalles que el implicado jamás pensó que pudieran llegar a conocimiento de la justicia.

Unos testimonios lo estremecieron más que otros. Sudó toda el agua que había bebido cuando se dio a conocer que él sí había visto varias veces a su cómplice en el último año y que la noche del crimen estaban juntos en la estación de Policía de Manzanillo, en la que al día siguiente apareció una parte del cuerpo de Kelly Zapateiro. El patrullero era comandante de la estación.

La juez Iveth De la Ossa dictaminó medida de aseguramiento intramuros. Andrés Díaz, desolado.

La juez Iveth De la Ossa dictaminó medida de aseguramiento intramuros. Andrés Díaz, desolado.

El fiscal usaba unas gafas de leer que se quitaba cuando hacía pausas calculadas y alzaba las cejas para darle dramatismo a sus mensajes. En el momento culminante, cuando iba a pedir que encarcelaran a Díaz Zabaleta, hizo un rodeo más largo y más elocuente. “Voy a decirlo con crudeza, aunque soy consciente del dolor de la madre, que está aquí presente. Puedo demostrar que este hombre frente a mí olvidó que es policía, olvidó que es un ser humano, y se convirtió en un asesino capaz de abrir con una cuchilla de afeitar a una mujer para sacarle un bebé, luego dispararle con un revólver, descuartizarla e incinerar sus restos para que nadie los descubriera. Es un criminal que no puede quedar libre. Para él y su cómplice pediremos 50 años de prisión, la pena máxima en el país”.

A las dos y treinta de la mañana terminó la audiencia. A Díaz Zabaleta lo esposaron y el equipo antimotines lo rodeó para conducirlo del tercer piso al parqueadero. Lo esperaba una tanqueta blindada en la que fue trasladado a la penitenciaría del municipio de Sabanalarga. Allí esperará nuevas audiencias judiciales. La familia de la víctima pidió que este mismo año se defina el caso y los responsables sean condenados.

Mientras subía a la tanqueta, la muchedumbre, que había soportado la extenuante espera, seguía luchando para arrancárselo a los guardias. Díaz Zabaleta ya no le daba la cara a nadie.

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Acerca del Autor

4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Editor general de Lachachara.co y gestor de proyectos de la Fundación La Cháchara. Ejerce el oficio periodístico desde niño, combinado en la actualidad con la docencia universitaria, asesorías en comunicación para personas y organizaciones. También practica manifestaciones artísticas como la poesía, la pintura y la realización audiovisual. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3182484320

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