Un solsticio musical

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Un mosaico de artistas brilló en Barranquilla para unirse a la celebración musical del día más largo del año, que conmemoran en varios países del mundo las Alianzas Francesas.

Por Melissa Ochoa*

A eso de las once de la mañana se dio inicio con el Conversatorio “Cocinando la salsa  Barranquillera” como primer evento de la celebración organizada por las alianzas Francesa de todo el mundo, en honor a las festividades con que los enamorados del verano adornan sus rituales de flirteo entorno a la música en el día más largo del año.

Joe Arroyo

Joe Arroyo

Doce escenarios fueron dispuestos para armonizar a son de Jazz, Blues, Salsa, Rock, flamencos y demás sones cubanos y africanos, la incidencia de los rayos del sol, sobre la carrera 54 y la calle 38, que adornadas con la ‘lluvia de oro’ que caía de los árboles floreados, daban la bienvenida al solsticio de verano.

El recorrido que empezaba dentro de las instalaciones del museo del Caribe, junto al historiador musical Adlai Stevenson Samper y que contó con  la intervención de Andrés Campos, enrrutó a los pasajeros de esta viaje a través de los pasos de la salsa como protagonista de la identidad del barranquillero, el origen de una subcultura urbana “de Salsa Brava” a través del análisis de la película West Side Story, de donde nacen los diferentes imaginarios entorno a la música que conquistó al Joe Arroyo, Celia Cruz, Rubén Blades y que dio lugar a esa popular frase que le hubiera gustado entonar a  Pedro Navaja desde su esquina Salsera:  I like to live in América.

fiesta de la músicaHistorias y encuentros culturales estaban a la orden del día por todas partes, tan solo en la carrera 44, en todo el Paseo de Bolívar, se pudo degustar de las presentaciones de niños, jóvenes, adultos, profesionales y amateurs en las eliminatorias del festival de música de acordeón, y a unas cuantas calles en simultanea se pudo disfrutar de las presentaciones de algunos de los mejores exponentes del Jazz en la ciudad, al igual que los sonidos de tamboras, bogaloo y percusiones en el parque cultural del Caribe, con grupos como Ensamble de la Universidad Reformada, Juventud Latina y Son Killero.

Así mismo, en la terraza de la facultad de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico fue posible presenciar las presentación de intérpretes de diferentes géneros e instrumentos, como el ensamble de trompetas del quinteto M-Tronque que incitaban a los fandangos que esperaban por la noche en el Barrio abajo, la presentación especial de Chelito de Castro y la Atlántico Big Band con sonidos más clásicos y orquestales, los niños de los grupos estudiantiles de la facultad de música y los profesores de las nuevas especializaciones en licenciatura artística.

Y al norte de la ciudad, las Tunas se apoderaron del interior del centro comercial Villacountry en donde personas de todas las edades se deleitaron escuchando los sonidos de la guitarras españolas, castañuelas, y panderos, entre los cuales se destacaron las presentaciones como las de: Ilustrísima La Tuna Mayor de Barranquilla, con interpretaciones de Ritmos tropicales a son de Flamenco  y La Tuna Corazonista que contó con la compañía de Bailarines del ritmo gitano y de cumbias colombianas.

Para las personas que no sabían lo que ocurría en la ciudad cada encuentro con alguna orquesta era una grata sorpresa que se pintaba sobre su rostros, fue una fiesta que al igual que el presente mundial unifico mundos, géneros y edades alrededor de un elemento espiritual tan poderoso como lo es la música, al calor de un radiante y majestuoso sol de alegría, como dijo el pianista Chelito luego de su presentación: Si todo fuera música, este mundo fuera mejor.

*Melissa Ochoa es periodista de la Universidad del Norte.

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