Un Doodle por el natalicio de Alejandro Obregón

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El gigante navegador Google dedicó hoy 4 de junio un ‘Doodle’ al pintor colombo-español Alejandro Obregón, con motivo del que sería su cumpleaños 94.

Por Chachareros

Alejandro Obregón

Alejandro Obregón

El motivo de diseño que Google dedica para conmemorar cada día las efemérides de un hecho histórico, relacionado con situaciones o personajes (denominado Dooddle), se ha convertido en un icono de referencia para los millones de navegantes que usan el famoso buscador de internet.

El 4 de junio ese motivo de Google ha sido dedicado a uno de los pintores más destacados en la historia de Colombia, el costeño Alejandro Obregón. Es costeño por partida doble, porque nació en Barcelona (España) el 4 de junio de 1920, vivió lo mejor de su vida en Barranquilla y falleció en Cartagena (Colombia) el 11 de abril de 1992, a la edad de 72 años.

Célebre miembro del «Grupo de Barranquilla», connotado amigo del Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez y de Álvaro Cepeda Samudio, sus anécdotas de vida son tan fascinantes como su obra pictórica. Precisamente forma parte de los cuatro grandes amigos habladores de quienes Gabo hace referencia en «Cien años de soledad».

En Barranquilla dejó obras célebres para la posteridad, como el mural del Banco Popular, y el telón de fondo del Teatro Amira de la Rosa, que es toda una realización magistral. En este telón de fondo deja impresa su obsesión perenne por el caimán, la barracuda de los ojos azules y los colores fuertes, chillones e inconfundibles del Gran Caribe, su Caribe. Como cosa curiosa, hay un  mural suyo, que es toda una hermosura como toda su obra, en el pequeño cementerio de Juan de Acosta, en el Mausoleo de la familia Molina, en homenaje a la progenitora de su amigo Luis Alberto Santo Domingo Molina.

Cuando pintaba sus murales en plena calle, mucha gente se reunía a su alrededor a verlo desarrollar su obra con una paciencia infinita. Un día estaba casi solo. Apenas rodeado de unos cuatro o seis muchachitos. Tímidos, sin acercarse mucho a la docena de tarros de pintura que tenía regados en el piso mientras él estaba trepado en un andamio. Uno de los muchachitos dijo: parece gringo. Otro le ripostó: qué gringo ni qué carajo, no ves que tiene los bigotes como candela, los ojos azulitos y el pelo de incendio, es vikingo. No hombre, es holandés, dijo el otro. En esas, uno de ellos, para observarlo más de cerca metió el pié en una de los tarros de pintura y lo derramó por el piso. Obregón le lanzó, como flechas, todos los pinceles que tenía en la mano y se tiró del andamio a coretear a los pelafustanes «miren pelaos hp hijos de su madre, vayan a ver si la puerca puso, desgraciados». Entonces uno de los pelaos gritó: «!Te lo dije, viste, viste, es barranquillero, es barranquillero, que vikingo ni qué carajo!».

Sus amigos lo recuerdan como un hombre de un exquisito sentido del humor y una que otra excentricidad. En una ocasión llegó a la casa-tienda-cantina-restaurante que el grupo de amigos bautizó con el nombre de La Cueva. El dueño del establecimiento tenía un enorme grillo amaestrado. Cuando le silbaba, el grillo volaba desde dónde estuviera escondido y se posaba en el hombro de su amo y domador. Una noche Obregón llegó con hambre y pidió un sanduiche de pollo con jamón. El dueño de La Cueva le dijo que ya no había nada. «Entonces dame las dos tajadas de pan con mantequilla». El señor atendió su pedido y se metió a su oficina a sacar las cuentas del día. Entonces Obregón silbó y el grillo se posó en su hombro pensando que era su amo. Obregón lo agarró de un manotazo, lo metió en medio de las dos torrejas de pan, y cuando salió el dueño de la atienda alcanzó a ver las dos alitas de su grillo, que aún se movían pidiendo auxilio. Obregón, previendo lo que sucedería, salió corriendo, mientras el dueño de la tienda, un veterano cazador, como también lo era Obregón y Álvaro Cepeda Samudio y tantos otros de ese grupo, sacó su escopeta de doble cañón, pero ya «el vergajo tigre mono se me había ido».

En otra ocasión, un lunes en la madrugada cuando la ciudad duerme, se presentó Obregón a La Cueva. Toca la ventana con enorme estruendo. El maestro Vilá, dueño de la tienda, le pregunta qué quiere. Obregón le dice que una cerveza bien fría porque su hígado es una caldera en llamadas. Vilá dice que no hay nada. Que se vaya a joder a otra parte. A Obregón no le gustó, para nada, el desplante, se fue caminando hasta el cercano parqueadero del estadio Romelio Martínez, en donde por esos días funcionaba ocasionalmente un circo cuya principal atracción eran unos elefantes domados que bailaban y hacían morisquetas. De manera sigilosa, como un felino, Alejandro se coló por el frágil cercado en donde estaban los elegantes elefantes, cogió el más grande, se montó en él y se dirigió a La Cueva. A punta de rejo hizo que el animal brincara por encima de una pequeña verja para llegar a una terraza recién encementada, frente a la ventana de la habitación nupcial (todavía ahí se pueden ver las huellas de la osadía del famoso pintor). Obregón le indicó al educado elefante que golpeara la ventana con el moco. Lo hizo tan fuerte, que Vilá y su señora se pararon de la cama de un sobresalto y casi se mueren del susto al abrir la ventana y encontrarse cara a cara con semejante animal y encima el insólito jinete con los dientes pelaos. No tuvieron más que sacarle una canasta de cerveza fría. Obregón tomaba un trago de cerveza y le brindaba otro a su compinche, el elefante. Ambos terminaron borrachos en una comisaria.

Obregón tuvo que ver mucho en la creación de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad del Atlántico. Por eso no le quedaba tiempo de pensar en los asuntos industriales y comerciales de su padre y los hermanos de éste, quienes fueron los fundadores en Colombia de la industria textil con su famosa fábrica Tejidos Obregón. Eran socios del emblemático Hotel El Prado de Barranquilla, junto con Karl Parrish y la familia De la Rosa. Parrish y los De la Rosa poco a poco fueron vendiendo sus acciones y, al final quedaron los Obregón solos con todo el capital accionarios del famoso hotel que aún hoy subsiste como un ícono de la ciudad.

Mas tarde los Obregón emparentaron con los Santo Domingo, así como éstos últimos igualmente emparentaron con una de las familias más distinguidas de Barranquilla, los Pumarejo. Por ello es que hoy en la rancia clase alta sociedad barranquillera hay numerosos nombres pomposos Obregón Santo Domingo, Santo Domingo Pumarejo, y ahora Santo Domingo Dávila.

A continuación compartimos una galería de algunas de sus pinturas y publicamos para deleite de los chachareros la biografía tomada de Wikipedia.

Nacido en 1920 en BarcelonaEspaña, de padre colombiano y madre española, se trasladó con sus padres a los seis años a BarranquillaColombia. En 1929 se reinstala con su tía en Barcelona. En su juventud viajó por España, el Reino Unido y Estados Unidos, países donde se formó como pintor. Tras vivir en Francia durante cinco años, volvió a Colombia y se estableció en Cartagena, donde trabajó con Guillermo WiedemannSantiago Martínez DelgadoEnrique Grau y Ricardo Gómez Campuzano.

Gracias a él el expresionismo figurativo adquirió un gran auge en Colombia a partir de los años cincuenta. En 1958 le fue concedido el primer premio en la Bienal Hispanoamericana en Madrid, y en las décadas siguientes recibió multitud de premios, así como varias condecoraciones por su obra, entre ellas la Cruz de Rafael Núñez, en Colombia. Entre lo más conocido de su producción cabe destacar Máscaras (1952), Homenaje a Zurbarán (1962), Flora (1966), Anunciata en verde (1970), Sortilegio de luna (1985) y La violencia, obra que ganó el Premio Nacional de Pintura en el XV Salón Nacional de Artistas de Colombia.

Alejandro Obregón, apodado por la crítica como el expositor del expresionismo romántico. Era de origen colombiano, viviría sus primeros años en Barranquilla. Hijo de una prestante familia colombiana por lado paterno y de una catalana, creció en medio del Caribe Colombiano. Rechazaba el academicismo y al respecto decía: «Yo no creo en las escuelas de pintura; creo en buena pintura y nada más. La pintura es una expresión individual y hay tendencias como personalidades. He admirado los buenos pintores, los españoles sobre todo, pero considero que ninguno ha ejercido una influencia decisiva en mi formación».

Su experiencia como conductor de camión en las recién abiertas petroleras de la selva del Catatumbo, marcaría sus impresiones acerca de la naturaleza y su percepción como intérprete de ella. Decidido por dedicarse a la pintura y a no ser industrial como su padre, comienza sus estudios en Boston.

Su primer intento semi-vanguardista de distorsión espacial lo realizaría a los 19 años con “Jarro azul”. Desde entonces, y hasta el año 1947, trabaja en la exploración de diversos estilos, sin formar aún una obra de corte personal. Su fama de pintor primero es reconocida en España, con óleos como «Retrato de un pintor» (1943), «Autorretrato» (1943), «Retrato de Ilva» (1944) y «El camión rojo» (1942). En el mismo año en que pinta “El camión rojo” Obregón nuevamente deja entrever que las academias no eran de su gusto y viceversa, pues es expulsado de la escuela Lotja de Barcelona, hecho que lo motiva a seguir su carrera artística como autodidacta.

Colombia y Obregón

Simbología de Barranquilla (1956).

El arte colombiano conoció a Alejandro Obregón, gracias a su participación en el Salón Nacional de Artistas de Colombia en 1944 con las pinturas al óleo como «Retrato de pintor», «Niña con jarro» y «Naturaleza muerta». Su incursión fue recibida con las mejores críticas de la prensa local, que sin dudarlo, calificó su trabajo como un “expresionismo romántico”.

A partir de 1944 surge Obregón como un pintor particular del Arte moderno Colombiano porque no propone un alarde a los elementos propios de la modernidad optimista, como el progreso, el culto a la tecnología o el ímpetu por el manejo de materiales industriales. Al bien, Obregón buscaba la naturaleza y la cultura colombiana como parte central de su obra plástica.

En sus obras fusionaba elementos abstractos y figurativos, como una forma de rebelarse en contra los purismos modernistas. En su trabajo, en ningún momento se percibe repudio a la figura en sí misma, sino a una figuración que se considera narrativa y literal; que se representa en vez de expresar o simbolizar.

Obregón tuvo posteriormente una fuerte influencia de Picasso, como sucede en su obra «Masacre del 10 de abril», luego de su viaje a París, dejará en él una inquietud por las figuras geometrizantes como «Gato comido por pájaro».

En 1954 conoce a la pintora inglesa Freda Sargent con quien se casó en Panamá. Ese mismo año conoce en París al pintor español Pablo Picasso.

Crítica social y política

Telecóndor, escultura en el antiguo edificio de Telecom. Barranquilla.

Muchos de los trabajos de Obregón se caracterizaron por contener una fuerte crítica política y social. Los nuevos pintores y escultores de esa época estaban más comprometidos con los temas culturales y ambientales que con los eventos políticos. Los contemporáneos de Obregón se dedicaron a realizar una revolución de índole estética o formal, más que política.

Pero en el caso de este artista, mientras trabajaba en una revolución estética, la combinaba con la realidad del momento. Este es el caso de los trabajos “El estudiante muerto” (1957) y “Luto por un estudiante” (1957), que aluden a los hechos ocurridos en el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Es famoso el gallo como símbolo de su dictadura militar.

Más violencia en su pintura

Otras obras que se pueden destacar están “Homenaje al cura Camilo” (1968) y “Violencia” (1962), uno de los hitos en la historia del arte colombiano que evidencian uno de los periodos más sangrientos del siglo XX en Colombia.

Después de viajar a Europa, en 1958 llega a Estados Unidos donde comienza a tener contacto con el expresionismo abstracto, movimiento que sin duda va a transformar su obra. A su regreso a Colombia inaugura en junio de 1958 el mural “Homenaje al libro” en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, trabajo que causa impacto y contribuye a marcar el paso de un tipo de muralismo inspirado en OrozcoRiveraGómez ySiqueiros, a una obra acorde a la revolución de Rufino Tamayo que tuvo lugar en México. Ese mismo año presenta una exposición individual en donde el común denominador es la presencia de los cóndores.

Su imagen ecológica y simbólica

Mural «Tierra, Mar y Aire», Barranquilla.

Su fascinación por la naturaleza colombiana persiste de aquí en adelante en toda su obra. Cóndores, toros, barracudas, mares, jardines, paisajes, peces, gaviotas, imágenes del viento, sol y nubes, son algunos de los elementos presentes en sus obras, que tomaron dimensiones simbólicas. Este es el caso del cóndor, uno de sus símbolos más recurrentes.

Dentro de este aspecto de su obra se destacan: “Pez Dorado” (1947), “Nube Gris” (1948), “Ganado ahogándose en el Magdalena” (1955), “Cóndor de los Andes” (1959), “Toro-Cóndor” (1960), entre otros. En 1967 reemplaza a Marta Traba [1] en la dirección del Museo de Arte Moderno de Bogotá, pero luego viajaría de nuevo a la Costa Caribe, a Cartagena. Durante este periodo realizó algunos murales, y obras que exhibió en Nueva York. En Cartagena viviría hasta su muerte en 1992. Fue sepultado en el mausoleo de la familia Obregón en el cementerio Universal de Barranquilla.

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