El mundo literario llora al padre del «realismo mágico»

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Ciudad de México. El escritor colombiano Gabriel García Márquez ha muerto este Jueves Santo, según informaron fuentes de la familia a medios locales.

 Por Chachareros y agencias EFE 

México.- El escritor colombiano Gabriel García Márquez es llorado por los amantes de la literatura en el mundo, tras su fallecimiento este Jueves Santo, según informaron fuentes de la familia a medios locales. Las informaciones difundidas por medios como Televisa indican que el premio nobel murió en su casa del sur de la capital mexicana, acompañado de parte de su familiares.

En las cercanías de la vivienda hay especiales medidas de seguridad, mientras están llegando numerosos periodistas para seguir de cerca los hechos. Cada historia y cada vivencia pasaban por el tamiz de su ojo de periodista porque estaba convencido de que «la crónica es la novela de la realidad».

Santos confirma fallecimiento

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, confirmó este Jueves de la Semana Mayor la muerte del Nobel de Literatura de 1982, Gabriel García Márquez, ocurrida en Ciudad de México a los 87 años de edad.

«Mil años de soledad y tristeza por la muerte del más grande colombiano de todos los tiempos! Solidaridad y condolencias a la familia», escribió el presidente en su cuenta de Twitter.

Fuentes de la familia informaron a medios mexicanos del fallecimiento del autor de «Cien años de soledad» en su casa del sur de la capital mexicana, acompañado de parte de su familiares.

En otro mensaje, el jefe de Estado se refirió a García Márquez como un «gigante» de la literatura universal, de los que «nunca mueren».

Gabriel García Márquez nació el 6 de marzo de 1927 en Aracataca, una ciudad del departamento colombiano de Magdalena, en la región del Caribe que inspiró su obra.

La salud del Nobel colombiano se había deteriorado en la últimas semanas por una complicación respiratoria que obligó a su ingreso en un hospital de la capital mexicana del que salió para continuar su convalecencia en casa donde falleció.

Reacciones por el adiós de Gabo

Lima.- El presidente de Perú, Ollanta Humala, afirmó hoy que «Latinoamérica y el mundo entero sentirán la partida de este soñador», al referirse al fallecimiento del colombiano Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura de 1982.

Humala publicó un mensaje en su cuenta en la red social de Twitter minutos después de que se confirmara el fallecimiento del autor de «Cien años de soledad».

«Descansa en paz Gabriel García Márquez allá en Macondo», añadió el mandatario peruano.

El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, confirmó hoy la muerte del Nobel de Literatura de 1982, ocurrida en Ciudad de México a los 87 años de edad.

Tras conocer la noticia, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura del 2010, se mostró muy acongojado por el fallecimiento y envió las condolencias a su familia.

Los dos autores fueron grandes amigos hasta la mediana edad, pero una pelea por motivos nunca explicados los alejó, aunque siempre remarcaron el respeto y la consideración por la obra del otro.

México, cuna de obra cumbre de Gabo y su hogar durante medio siglo

México.- México, que recibió a exiliados argentinos, españoles o chilenos en tiempos dictatoriales, se convirtió también en el hogar del nobel colombiano Gabriel García Márquez, quien llegó al país hace más de medio siglo y lo convirtió en cuna de su novela más universal, «Cien años de soledad» (1967).

 «A México le hice llegar yo», decía su amigo y escritor Álvaro Mutis (1923-2013) sobre la llegada de Gabo, quien a finales de los años cincuenta estaba en apuros en Colombia y le convenció para que se mudara.

Un viaje circunstancial que estaba previsto que durara apenas una semana se convirtió en definitivo para García Márquez, quien recordó que su llegada coincidió con «el día que se mató (Ernest) Hemingway», el 2 de julio de 1961. «Lo sé porque exactamente en la mañana me llamó (el escritor mexicano) Juan García Ponce y le dije, ‘qué hay de nuevo'». Este me contestó: ‘¡¡Qué hay de nuevo!! ¡Que el cabrón de Hemingway se partió la madre de un escopetazo!», recordó el autor de «Crónica de una muerte anunciada» (1981).

El plan inicial de García Márquez era estar «una semana» para visitar a Mutis «y de eso hace cincuenta años», llegó a decir el laureado autor de mil historias hermosas, que con el tiempo se fue vinculando de manera más estrecha a México. La idea de Gabo fue entonces dedicarse al cine, un arte cuyas claves había aprendido en Roma.

En aquella época México era «el país soñado al que todos queríamos llegar, el punto de referencia en América Latina al que todos mirábamos desde el sur como el sitio asombroso y bello», comentó hace años Mutis, al destacar que para él y Gabo fue un «refugio creador, un país cuya gente y cultura son una fuente de inspiración».

Precisamente fue Mutis quien recomendaría a García Márquez la lectura de «Pedro Páramo» (1955), la gran novela de Juan Rulfo años antes de que el autor colombiano encontrara el hilo que le condujo a «Cien años de soledad», una obra que Carlos Fuentes (1928-2012) consideraba el «Quijote americano».

Como contó García Márquez en varias ocasiones, fue en 1965 en el sur de México cuando sintió la inspiración definitiva para escribir la novela que relata la historia de la familia Buendía ambientada en el pueblo imaginario de Macondo.

En enero de 1965 el escritor viajaba en automóvil con su familia desde Ciudad de México al balneario de Acapulco cuando a la altura de Cuernavaca tuvo un percance y decidió desistir de la travesía.

Una de las múltiples conjeturas «macondianas» sobre el episodio indica que una res se le atravesó en el camino, le averió el vehículo y le obligó a regresar a casa, pero todas la versiones, incluidas las contadas por él, coinciden en que en ese instante vislumbró las claves que buscaba para escribir su primera gran novela.

«La tenía tan madura que hubiera podido dictarle allí mismo, en la carretera de Cuernavaca, el primer capítulo, palabra por palabra, a una mecanógrafa», diría García Márquez mucho después, al evocar aquel momento mágico.

A partir de entonces el autor colombiano se encerró a escribir durante dieciocho meses en su estudio de Ciudad de México provisto de grandes reservas de papel y cigarrillos.

Mutis, Fuentes y Julio Cortázar (1914-1984), que leyeron parte de los originales, tuvieron la impresión de que su amigo y colega estaba elaborando una obra inmortal desde las primeras líneas: «Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

A finales de 1966, la editorial argentina Sudamericana aceptó, deslumbrada, los textos mecanografiados y en 1967 publicó«Cien años de soledad» con un enorme éxito.

Durante más de media vida en México, García Márquez cultivó amistades con algunos de los más importantes creadores, pero vivió alejado de los reflectores la mayor parte del tiempo, especialmente en sus últimos años, aunque solía salir a la puerta de su casa en la fecha de su cumpleaños, el 6 de marzo, para saludar a los periodistas que allí se congregaban para dar cuenta del aniversario.

Fuentes dijo, a propósito de sus 80 años, que había en él «un mito de la fundación del mundo y también una ética de la destrucción del mundo» entre las cuales «se interpone el poeta, el narrador».

«Es transatlántico, es español, es hispanoamericano, piensa y escribe en español, aunque se reconoce en el rostro del mundo», aseguró el escritor mexicano en Cartagena de Indias sobre su colega y amigo colombiano.

La sombra de García Márquez, alargada e irrepetible

Barcelona, por Carmen Sigüenza.- Gabriel García Márquez creó un estilo tan original con un territorio dentro del español tan único que cualquier imitación siempre ha estado condenada a convertirse en un remedo o en algo grotesco, aunque su influencia y su sombra ha sido muy grande entre los escritores de diferentes generaciones.

 

Algunos de ellos, sobre todo, latinoamericanos, quisieron matar al padre y a toda la generación del «boom» latinoaméricano, uno de los movimientos o ciclón literario más importantes del siglo XX, pero los más son los que valoran la revolución que supuso tanto para los escritores como para los lectores.

 

Para los autores españoles, también hijos literarios de García Márquez, el «boom», en general, fue un soplo de aire nuevo y fresco.

 

El escritor y académico Antonio Muñoz Molina, Premio Príncipe de Asturias, cuando leyó «Cien años de soledad», con quince años, en una edición de Círculo de Lectores se quedó «entusiasmado y sobrecogido», señaló en una entrevista que concedióa Efe.

 Y para el escritor y académico Javier Marías, una de las voces más internacionales del panorama español, leer a García Márquez y a los escritores del «boom» fue la demostración de que se podía escribir en español de una forma menos academicista de lo habitual en España.

«Ello, pese a las excepciones de autores como Juan Benet, cuya «Volverás a Región», de 1967, «tuvo para los escritores que entonces éramos jóvenes tanta importancia como ‘Cien años de soledad’, aunque de manera distinta, claro», precisó Marías a Efe. El autor de «Corazón tan blanco», tras pasar una época de amor por «Cien años de soledad», se decanta ahora por «Crónica de una muerte anunciada» o «El amor en los tiempos del cólera».

 

Y para los escritores latinoamericanos el peso o la sombra de García Márquez lo viven ya como el de un clásico, necesario e irrepetible. «Y de los clásicos solo se puede aprender», dice el escritor mexicano Jorge Volpi, de 46 años, miembro de la generación del «Crack», que luchó contra las repeticiones del modelo de García Márquez, «no del original, sino de las repeticiones del modelo».El escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez (1973) dice que él no sería escritor si no hubiera leído «Cien años de soledad» a los 16 y «Rayuela» a los 19. «Y no sería el escritor que soy si no hubiera leído toda la obra de Vargas Llosa a los 21″, añade.

Así es que, eso tan freudiano de «matar al padre» parece que se queda con García Márquez en las salas de los psicoanalistas y en el imaginario individual, ya que todos los escritores más bien han intentado aprender de él sin la necesidad de sepultarlo. «Nunca he sentido esa necesidad de matar, asegura Gabriel Vásquez, al referirse a García Márquez: «Me han entrado ganas de discutir mucho y a veces pelear a puñetazo limpio. Y muchas veces ni siquiera es con él, sino con sus imitadores baratos que han convertido la literatura latinoamericana en un parque temático del realismo maravilloso. A ellos sí que les reprocho algo», argumentó a Efe.

Una nueva forma de hacer literatura nació con García Márquez pero con él no muere, ya que el español, como decía Octavio Paz es un árbol con muchas hojas; unas hojas que están representadas por cada uno de los escritores con talento de las nuevas generaciones.

Gabriel García Márquez, el colombiano universal

Bogotá, por Ovidio Castro Medina.  El hijo de un telegrafista y un ama de casa se convirtió en el mejor embajador de Colombia ante el mundo al ganar el Premio Nobel de Literatura de 1982 y retratar de forma sin igual el embrujo del Caribe y las alegrías y desdichas del país en el que nació. El mayor de los once hijos de Gabriel Eligio García y Luisa Santiaga Márquez nació en la hirviente localidad de Aracataca, en el norteño departamento de Magdalena, cercana a la Sierra Nevada de Santa Marta, semilla del mítico pueblo Macondo de «Cien años de soledad» (1967), novela con la que este colombiano se convirtió en orgullo del país y en icono de la literatura universal. Pese a que se fue a vivir a México hace más de medio siglo, Gabriel José de la Concordia García Márquez siempre estuvo cerca de Colombia opinando y tratando de aportar algo para construir un país que siempre parece estar en «obra negra». «Gabo ha sido siempre colombiano, muy vinculado a su país, a su región Caribe, a su pueblo natal Aracataca al que nunca perdió de vista», declaró recientemente a Efe uno de sus amigos de toda la vida y compadre, el escritor, periodista y diplomático Plinio Auleyo Mendoza.

 

Su relación con Colombia siempre fue estrecha, pasaba temporadas en su casa en Cartagena de Indias y, sin importarle quien fuera el inquilino de la Casa de Nariño, sede del Ejecutivo, estuvo siempre dispuesto a ayudar, nunca a ejercer un papel de opositor, como tampoco ocupó jamás un cargo público pese a que alguna vez un presidente le ofreció ser cónsul en Barcelona.

Gabo, que sorprendió al mundo no solo con el realismo mágico de sus novelas sino por recibir el Nobel usando un «liqui-liqui», traje blanco típico del Caribe, se aventuró en los temas de la anhelada paz de Colombia e incluso llegó a definirse como un «conspirador por la paz». Conocida fue su estrecha relación con el líder cubano Fidel Castro, lo que permitió que la isla fuera escenario de reuniones sobre Colombia en distintas épocas. La última vez que se conoció de sus mediaciones fue hace nueve años, en el Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), para un acercamiento con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Igualmente se hizo presente en enero de 1999, como invitado especial, en el inicio de los frustrados diálogos del Gobierno de Andrés Pastrana (1998-2002) con las FARC en San Vicente del Caguán, sur del país, y en la Administración de Belisario Betancur (1982-1986) apoyó el proceso que concluyó con la entrega de armas del Movimiento 19 de Abril (M-19).

 

En 1994, García Márquez integró la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, creada por diez «sabios», a los que el Gobierno pidió reflexionar y dar recomendaciones sobre el futuro del país en esos campos.

 

«Nuestra educación conformista y represiva parece concebida para que los niños se adapten por la fuerza a un país que no fue pensado para ellos, en lugar de poner al país al alcance de ellos para que lo transformen y lo engrandezcan», expresó en ese momento.

 

Su sentimiento de colombiano lo manifestó en una carta firmada en marzo de 2001 junto a otros seis intelectuales del país en contra de la exigencia del visado para visitar España como parte del espacio Schengen.

 

En la carta, dirigida al entonces presidente del Gobierno español José María Aznar, el Nobel anunciaba que mientras estuviera vigente la exigencia del visado él y los demás firmantes no volverían a visitar la península Ibérica.

 

Firmaron junto con García Márquez el pintor y escultor Fernando Botero y los escritores Álvaro Mutis, Fernando Vallejo, William Ospina, Darío Jaramillo Agudelo y Héctor Abad Faciolince.

En su discurso de aceptación del Nobel, en diciembre de 1982, titulado «La soledad de América Latina», habló de la dramática realidad de esta parte del mundo y se definió como un «colombiano errante y nostálgico», pero en realidad ese día el hijo del telegrafista de Aracataca estaba entrando para la posteridad como el más universal de los colombianos.

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