Vasos vacíos y vasos llenos de la democracia

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En el ‘menos malo’ de los mundos políticos, la decisión de elegir -o no elegir- es una responsabilidad, un derecho, un deber, un privilegio, un sacrificio y una oportunidad que cada ciudadano tiene en el ejercicio de vivir en comunidad. 

Editorial

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, hastiado de aquellos intelectuales pesimistas que solo ven el «vaso vacío» de la sociedad, y a los que todo lo del mundo les huele mal, escribió en una columna de opinión una defensa de la humanidad contemporánea, afirmando al final que «el mundo en que vivimos es espantoso, pero es el menos espantoso que haya habido».

Ese final de la columna de Abad Faciolince nos sirve de introducción para recordar, ahora que estamos frente a las elecciones democráticas de 2014 en Colombia para Congreso y para Presidencia de la República, que en el país hace apenas 57 años las mujeres obtuvieron el derecho a votar (¡qué ironía!: quien les otorgó ese derecho fue un dictador militar) y que nuestra democracia es de apenas 204 años de edad. Es decir, la nuestra es una joven sociedad, comparada con las de otras latitudes y con nuestro propio pasado de virreyes e inquisidores.

Hoy se ha puesto en duda el ideario de la democracia que busca hacer posible una convivencia social en la que todos somos libres e iguales, y en la que las relaciones sociales se establecen de acuerdo a decisiones colectivas mediante elecciones. Pero el sencillo hecho de estar a favor o en contra de dichas elecciones como forma de decisión política, sin que por eso se castigue o se descalifique a un ciudadano, es un reflejo de la distancia que hay entre la realidad colombiana de hoy y la de nuestro pasado. Ni siquiera habría que ir al pasado, bastaría con ver algunos vecindarios del planeta donde el voto no existe, y si existe está falto de legitimidad y poder.

Por eso, ejercer el derecho y deber de elegir es una invitación que Lachachara.co hace a los chachareros de Colombia, respetando el libre albedrío de acudir a las urnas o no. Por sobre todas las cosas hacemos el llamado para que quienes decidan asistir a la cita democrática lo hagan a plena conciencia, reflexionando, revisando las hojas de vida, las noticias relacionadas con el presente y pasado de los candidatos, y analizando si las propuestas que presentan tienen consonancia con lo que de verdad interesa e importa a la comunidad.

Y, además, recordamos que el ejercicio de la democracia no consiste solo en depositar votos en urnas. Es también el quehacer diario de cada ciudadano por hacer de su vida en sociedad un actuar responsable, digno, valioso para sus conciudadanos. Esa democracia cabe en todos y todas.

El debate nacional de la actualidad no es común y corriente, ni mucho menos algo menor. Estamos en un punto de quiebre de la guerra, casi a las puertas de un pos-conflicto. Estas elecciones entregarán poder a unos congresistas que deberán legislar para ese futuro. Y a un Presidente que deberá liderar esa realidad.  No es justo que una sociedad haya atravesado el oscuro y tortuoso camino de la violencia, de las dictaduras, del oprobio a la libertad, y que todavía hoy haya colombianos inconscientes que dilapidan su valor político vendiendo su voto o eligiendo por amiguismo e intereses personales a hombres y mujeres que han demostrado no ser líderes de bien. Eso, como dice el sabio y sencillo refrán, es «pan para hoy, hambre para mañana».

Además de esa desventura de la cantidad de ciudadanos que venden su voto a un bandido que en el Congreso va tramitar negocios y contratos para él y su familia, nunca para la gente necesitada que le vendió el voto, existe otro tremendo daño en nuestra democracia: la condenable abstención, esa indiferencia dañina y ese desprecio fatal a la vida en comunidad es lo que más hace daño a la democracia. Porque si el abstencionista fuera consciente de que votar es un derecho y un deber, podría acudir a la urna a votar en blanco, por ejemplo. Y ese voto tiene un tremendo peso político en estos tiempos de los indignados.

Es, repetimos, el llamado que hacemos a los ciudadanos colombianos habilitados para votar. El de este domingo es un debate crucial. Para el apoyo a seguir con un proceso de paz que a veces peligra. La configuración de un nuevo mapa político, con jugadores nuevos y con realineamientos que sean benéficos para el país, no para grupúsculos.

Si va a votar o no, si va a votar a conciencia o a botar su ser político a la basura de la corrupción, al final es de cada ciudadano el derecho a elegir. Pero recordemos todos (ya quisiéramos que este mensaje de Lachachara.co pudiera ser leído por todo el potencial electoral de Colombia) que de esa decisión depende, sumadas cada una de las consecuencias de nuestras decisiones, si vemos el vaso vacío o el vaso lleno de la democracia en nuestro país.

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