Mujica, un lujo de Presidente sin los lujos de su cargo

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Vive en forma modesta, habla y actúa desde la sencillez. Por eso, así se equivoque, lo entienden dignatarios y campesinos. Lucha por la  paz, aunque su pasado es guerrillero. Mujica en imágenes de hogar.

Por Jorge Sarmiento FigueroaEditor general
Fotos de la casa de Mujica, tomadas de la BBC Mundo

Uribe y SantosA pocos meses de realizarse las elecciones presidenciales en Colombia y a solo días de las de Congreso, una salida al vecindario nos permite alejarnos un poco del bosque informativo en que estamos inmersos en Colombia para tener un referente y comparar los perfiles de los candidatos a ocupar la primera dignidad del Estado y renovar (¡ojalá que así sea!), la rama legislativa.

En particular, suponiendo que ocupar la Presidencia o una curul de Congreso en un país representa las dignidades y comodidades que acompañan al poder, la visita al hogar de José Mujica, Presidente de Uruguay, muestra justo lo contrario. Y devela la debilidad del paradigma según el cual para ejercer la política con éxito se necesita mucho dinero. Cuando debería ser al revés. Al Estado se llega a servir, no a robárselo, como hacen, obviamente, quienes ‘invierten’ billones (no gastan, porque ese dinero lo recuperan en menos de los que canta un gallo), para acceder al poder.

José Mujica3

José Mujica declinó, para empezar su Presidencia, vivir en la Residencia oficial de Suárez y Reyes. Prefirió mantenerse en las afueras de Montevideo, la capital uruguaya, en una casa que pertenece a su esposa. En esto no hay punto de comparación porque no sería lo mismo que nuestros Presidentes se negaran a ocupar la Casa de Nariño. Por ejemplo, que Santos hubiera elegido mandar desde Mesa de Yeguas, o Uribe desde el Ubérrimo, pues el primer tiene allá el lujosísimo confort (sus hijos hasta llegaron a viajar a Mesa de Yeguas en avión oficial militar); y el segundo fue mandando a poner en el Ubérrimo todo lo que pudo del Estado, como un servicio de internet a su medida con la infraestructura de la que era en ese entonces la empresa pública de comunicaciones (desde allá trina como loco a todo el mundo).

Mejor no comparar, ni mucho menos con otro caso como el de Venezuela, en donde las hijas del difunto mandatario Hugo Chávez todavía ocupan La Casona (residencial oficial del Presidente), mientras a Maduro lo tienen un día durmiendo al lado de la tumba de su antecesor y mentor, y otro duerme en otra casa oficial. Esa puede ser una de las causas del desmadre en su país, ya que él no manda ni en su casa. Las que mandan a sus anchas son las hijas del difunto Chávez. Según voceros de la oposición, el poder en Venezuela no solo acabó con la cordura de la cabeza y el espíritu de Chávez y su sucesor, sino que sus hijas están más locas que una cabra, hasta el punto que exigen que ciertos ingresos del Estado, como los impuestos de tránsito y las alcabalas, vaya a parar a sus cuentas personales. ¡Están de manicomio y con camisa de fuerza!

El periplo del ‘charrúa’

Volviendo a José Mujica, es cierto que este hombre, que empezó muy joven la política influido por su familia, enfundó primero las armas en los años sesenta, cuando las dictaduras latinoamericanas acallaban las mentes con la represión militar. Eran los tiempos del mundo bipolar y en esta parte del hemisferio (Suramérica) el ‘comunismo’ era el «coco» del Consejo de Seguridad de Estados Unidos y de sus aliados más fieles -Reino Unido de Gran Bretaña y Alemania-, quienes montaron el plan siniestro de la ‘Operación Cóndor’ para matar desde presidentes para abajo, candidatos y grupos subversivos que abrasaran las tesis de la izquierda. Mujica se salvó de milagro, como de milagro es que lo hayan dejado llegar al poder, siendo un hombre íntegro, que no se tuerce.

Al estilo Mandela (Surafrica), Mujica transformó en varios años de prisión su fuerza bruta por la mental, por la espiritual, y logró ser el líder que hoy lleva las riendas políticas de Uruguay. A voto limpio.

josé mujicaDe ese trasegar de este hombre de 79 años hoy el mundo escucha una voz que ha impactado por sus medidas económicas, educativas y otras sociales como la de la legalización de la droga, algo que países como Colombia a pesar de sus muertes y violencia no ha tenido la valentía de decidir. Mujica ha despertado la dignidad de su pueblo y ha puesto a Uruguay en la mesa del diálogo latinoamericano con voz sonora y respetable. Sin populismo, sin quebrantar sus principios, pero tampoco con posiciones «mamertas».

Y queda su estilo de vida, que se refleja hasta en el auto en que se transporta: un Volkswagen escarabajo de 1987. Que por cierto, a veces se le traba el motor de arranque, y él, con la ayuda de algunos peatones, lo empujan hasta cuando el motor le da la gana de prender.

Como estas cosas podrían no ser tan contundentes, el punto incomparable es el siguiente: el 90% del sueldo del Presidente de Uruguay, que es 260.259 (equivalente a 23 millones de pesos colombianos), lo dedica a proyectos de ayuda contra la pobreza. ¿Imaginamos al expresidente Uribe haciendo esto, cuando sus hijos salieron de la Casa de Nariño con zonas francas bajo el brazo? Ni qué decir de Santos, que se da el lujo de negociar millonarios cuadros de Botero usando de intermediarios a asesores de una de las principales casas de subastas de arte del mundo (Fuente: Andrómeda).

¿De qué se quejan los políticos?

En Colombia se suele escuchar a los políticos quejarse de que las campañas cada vez son más caras, como si hablaran de su diario vivir comprando leche, pañales, sal, en la tienda de la esquina. Difícil olvidar a un quejumbroso senador, Juan Manuel Corzo, pidiendo más plata para la gasolina de sus dos camionetas asignadas por el Congreso – y pagadas con el erario, es decir con la plata de los colombianos -, con el argumento de que como él no robaba, tenía que usar su sueldo para los gastos, y dijo:  “yo ando en un solo carro y me toca meter a tres o cuatro escoltas ahí porque no tengo cómo pagar gasolina de dos vehículos. Y lo digo con sinceridad”. O cinismo.

Los congresistas, en una gran línea general, se manifiestan así en público porque los electores, los ciudadanos, no parecen sospechar o se engañan a sí mismos, que cuando un político se queja del costo de la política lo hace por la compleja maquinaria a la que se ha llegado en la democracia colombiana, en donde el precio de cada voto ha subido en la medida en que también suben los intereses de cada votante (al que le pagan y llevan a votar, al que le dan contratos o puestos). Ese paradigma, sin rodeos, solo es válido para las democracias enfermas y corruptas.

Si los congresistas en Colombia no fueran esas personas ambiciosas, aturdidos por el poder de intereses propios y ajenos, no necesitaran escoltas ni carros blindados, tendrían la envidiable posibilidad de andar como Pedro por su casa y construir un aura de prosperidad real por donde pasasen. Y por el otro lado, si los votantes fueran a las urnas a elegir, y no a venderse a los llamados ‘mochileros’ (que cargan el dinero en tulas para comprar votos), no tendrían luego que pagar con hambre, desempleo, inseguridad y la indignación que nace de ver al 10% de los colombianos (entre ellos varios congresistas y sus allegados) con casi toda la riqueza del país. Algo indignante y despreciable.

En conclusión, el estilo austero de vida de Mujica se ha constituido en un mensaje para los líderes de la vecindad que vale la pena replicar, por si acaso las imágenes hablan más que mil discursos. Lo deseable es que aprendieran de Mujica y demostraran que no son tan dementes como las hijas de Chávez.

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4. Jorge Mario Sarmiento Figueroa

Editor general de Lachachara.co y gestor de proyectos de la Fundación La Cháchara. Ejerce el oficio periodístico desde niño, combinado en la actualidad con la docencia universitaria, asesorías en comunicación para personas y organizaciones. También practica manifestaciones artísticas como la poesía, la pintura y la realización audiovisual. Email: jorgemariosarfi@gmail.com Móvil: 3182484320

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