El Heraldo, 80 años de vigía en la Costa Caribe colombiana

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Como un buen notario, durante casi un siglo ha registrado en sus páginas lo que ocurre diariamente en la Región de Gabo y Macondo.

Por Rafael Sarmiento Coley

Director

Fotos cortesía El Heraldo y archivo particular

lachachara.co @gmail.com01 Primer Heraldo

Cuando los grandes dinosaurios de los medios tradicionales van regando su osamenta como recuerdo de una época ya pasada, lejana e irrepetible, hay otros que con tenacidad y mejor suerte sobreviven a tormentas y crisis pasajeras, como ocurre con el diario El Heraldo de Barranquilla, que este 28 de octubre de 2013 cumple 80 años de vida.

En Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Perú, Ecuador, Venezuela, silencian sus gigantescas o modestas rotativas viejos diarios que hoy  la comunidad de los mayores añora, mientras que la juventud se sube al globo de las nuevas Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Los tiempos cambian. El poder muda de manos. Ni modo. Es la ley de la vida.

No hay papel ni para el baño

La situación venezolana es la más dramática y condenable. Varios periódicos tradicionales han tenido que cerrar porque el Gobierno (tanto el de Maduro como el del difunto Chávez), les han colocado toda suerte de trabas para asfixiarlos. Matarlos de hambre al impedir que tengan acceso a dólares para comprar el papel, las películas y las tintas, principales materias primas de los diarios.

El caso de El Heraldo es distinto. Se mantiene en pie desde la madrugada del sábado 28 de octubre de 1933 cuando salió a la calle el primer ejemplar. Desde entonces ha sido el periódico líder de la Costa Caribe colombiana y el vocero más auténtico de las comunidades costeñas. Por él han pasado ya cuatro generaciones.

Y aunque es ya un lugar común afirmar que los pioneros construyen, la segunda generación crece y diversifica, la tercera disfruta el poder y la riqueza de la empresa y la cuarta destruye por completo o vende al mejor postor para evitar las riñas intestinas, en El Heraldo no ha sido así. Por lo menos no al pie de la letra. Por ahora no lo han vendido a Rupert Murdoch,  Carlos Slim o  Jeff Bezos (el dueño de Amazon.com), quienes andan por el mundo comprando cuanto periódico esté en crisis.

Un periódico que nació en cuna política liberal

El proyecto nació con el propósito de defender los intereses de la región y consolidar y difundir el ideario liberal en esta sección del país, entonces dominada por una mayoritaria prensa de tendencia conservadora. Colombia venía de una prolongada presencia del Partido Conservador en el Gobierno Nacional. Una hegemonía de 29 años, que finalizó en 1930 con el triunfo del candidato liberal Enrique Olaya Herrera. Por lo tanto, el propósito más inmediato del nacimiento de El Heraldo en Barranquilla fue apoyar la candidatura presidencial del liberal Alfonso López Pumarejo, para que el liberalismo se mantuviera y fortaleciera en el poder.03 Ganadora de Concurso

El nombre del nuevo periódico nació de un concurso popular previo a la inauguración del periódico. Y la gente participó masivamente con entusiasmo. Al final, la ganadora fue la entonces jovencita Alicia Pacheco Hoyos, quien se hizo merecedora al premio de 50 pesos. En agradecimiento por este suceso, José María Pacheco G, padre de la ganadora, envió una carta al periódico con fecha octubre 20 de 1933.

En sus primeros cinco años de existencia, El Heraldo funcionó en una vieja casona de la entonces Calle Ancha (hoy Paseo Bolívar). Allí, todas las tardes se reunían a ‘cranear’ el diario, sus principales promotores y periodistas. Entre otros, Enrique De la Rosa, su primer director; Juan B. Fernández Ortega (quien poco después asumió como director), Alberto Pumarejo Vengoechea, Luis Eduardo Manotas Llinás, Julio Montes, Carlos Manuel Pereira, Ramón ‘Moncho’ Santo Domingo, Francisco Pardo Fuenmayor (‘Paco Lince’), Pepe Vengoechea y Raúl Fuenmayor Arrázola.

Después, el periódico se trasladó a la Calle Real (calle 33), a pocos metros de la histórica iglesia y plaza de San Nicolás, la primera parroquia que tuvo Barranquilla. (Ese trayecto y ese espacio geográfico en el tiempo en que fue redactor de El Heraldo, es el que describe Gabo en ‘Recuerdos de mis putas tristes’. Espacio y tiempo recreados con inigualable maestría). De allí pasó, en 1981, a su sede actual en la calle 53B número 46-25. x

Ese mismo año del nacimiento de El Heraldo, el Gobierno Nacional adjudicó a las firmas Compañía del Puerto, Terminal de Barranquilla S.A., Raymond Concrete Pile y Winston Bross la construcción del primer puerto marítimo y fluvial que tuvo Colombia, que incluía la obra colosal de Bocas de Ceniza para garantizar el canal navegable a la zona portuaria barranquillera. No fue fácil, porque, como siempre, el desdén del centralismo no giraba a tiempo el dinero para las obras. El Heraldo asumió con vigor —como en tantas otras gestas— la lucha por estas obras.

Una obra diaria de buena fue

Los tres pilares fundamentales en la fundación de El Heraldo fueron Juan B. Fernández Ortega, Alberto Pumarejo Vengoechea y Luis Eduardo Manotas Llinás.

Presentación1

Juan B Fernández Ortega, Alberto Pumarejo Vengoechea, Luis Eduardo Manotas Llinás,

Fernández Ortega, uno de los primeros colombianos que ganó el codiciado Premio María Moors Cabot en 1952 —después de Alberto Lleras Camargo, en 1947, y de Enrique Santos Montejo, ‘Calibán’, en 1949—, nació en Barranquilla el 24 de junio de 1892. A los 16 años se inició como reportero en ‘Rigoletto’ y luego pasó a ‘El Nacional’ de Pedro Pastor Consuegra, uno de los primeros periodistas asesinados en Colombia en razón de su oficio. Su esposa fue María Renowitzky de Fernández. Tuvieron dos hijos, Juan B. y Arturo , viajó a Bogotá a estudiar Abogacía y retornó con su título y su vocación periodística más briosa. Con Pedro Juan Navarro fundaron ‘El Liberal’, y con los hermanos Martínez Aparicio le dieron vida a un diario independiente, ‘La Prensa’.

Su amistad con Enrique Olaya Herrera nació en 1911, cuando este, de paso hacia Chile, llegó a Barranquilla. Años más tarde, Olaya Herrera llamó a Fernández Ortega para que dirigiera en Bogotá el ‘Diario Nacional’. En 1930, cuando Olaya Herrera se convirtió en el primer Presidente liberal tras el largo predominio conservador de tres décadas, llamó a Fernández Ortega para el cargo de Secretario General de la Presidencia. En 1931 fue Gobernador del Atlántico y Representante a la Cámara. Ya antes se había desempeñado en la diplomacia, como Canciller de la delegación colombiana en Italia (1923-1924). Y en 1933, mientras nacía El Heraldo, él estaba en Panamá como delegado diplomático de Colombia. De allí regresó para asumir la Dirección del diario (al cual él calificó con certeza indiscutible que el suyo era “un diario de buena fe”),  hasta finales de la década del 60, cuando pasó a ser Director Consejero hasta su fallecimiento, el 21 de enero de 1993.

Marco Schwart (1)

Marco Schwartz Rodak

Su hijo, Juan B. Fernández Renowitzky, había asumido la Dirección a finales de la década de los 60, hasta 2005, cuando a su vez quedó como Director Consejero, y en su reemplazo en enero de 2005 fue nombrado por unanimidad el abogado, economista, historiador, ex vicepresidente de la República y primer gobernador por elección popular que tuvo el Atlántico, Gustavo Bell Lemus, quien ejerció el cargo hasta 2009 para irse a Oxford, Inglaterra, a concluir sus estudios para el doctorado en historia y economía y luego fue nombrado embajador de Colombia en Cuba.

 A la salida de Bell de la dirección de El Heraldo, el Editor General Ernesto McCausland Sojo asumió el manejo editorial del diario, hasta su fallecimiento el 21 de noviembre de 2012.Durante cuatro años el diario estuvo acéfalo de dirección. Hasta septiembre de 2013 cuando fue designado un antiguo joven redactor de dicho diario, Marco Schwartz Rodaki, director en propiedad.

 Alberto Pumarejo, el visionario y patriarca costeño

Alberto Pumarejo Vengoechea, banquero y político, nació en Barranquilla en mayo de 1883. Adelantó estudios de Literatura en Barranquilla y en París, y en 1916 se graduó de abogado en la Universidad Republicana de Bogotá. Se casó con la dama barranquillera Eva Certain. Tuvieron tres hijos: el ya fallecido Alberto Mario —quien más tarde sería por muchos años Gerente de El Heraldo-, Beatriz Helena (‘La Nena Pumarejo’),  y Jaime Pumarejo Certain (fallecido).Alberto Pumarejo Vengoechea murió en Barranquilla en 1970 sin ver convertido en realidad el sueño por el cual libró una de sus más duras batallas, el puente sobre el río Magdalena, bautizado en su nombre como un justo homenaje póstumo. Fue, sin duda, la figura más sobresaliente de la política costeña durante un largo trecho del convulsionado siglo XX colombiano.

Luis Eduardo Manotas Llinás, un hombre apegado al derecho

El abogado Luis Eduardo Manotas Llinás fue otro de los caracterizados líderes para crear una empresa que resistiera los escollos que enfrenta el diarismo en todas partes. Con el suficiente poder de convocatoria, reunió alrededor del proyecto fundacional a cerca de 60 dirigentes liberales. Gracias a las personalidades de sus tres líderes fundadores, que inspiraban acatamiento, lograron mantener en armonía aquel conglomerado conformado, en su mayoría, por personas con invencible espíritu liberal revestido de una congénita irreverencia. A pesar de esa diversidad de caracteres, la nave periodística viajó exitosamente hacia un mismo confiable rumbo. Manotas Llinás se casó con doña Emilia Baena. Tuvieron dos hijas: Carolina y Margarita Manotas Baena. La primera de ellas contrajo matrimonio con el administrador de empresas barranquillero, egresado de la Facultad de Estudios Económicos y Financieros de Babson, Boston, Manuel De la Rosa Vives (fallecido), quien se desempeñó por muchos años como Gerente de El Heraldo. Margarita se casó con Alberto Gieseken Roncallo, quien ejerció, hasta su fallecimiento el 16 de septiembre de 1990, el cargo de Superintendente del diario. Manotas Llinás nació en Sabanalarga, Atlántico, el 31 de mayo de 1894. Falleció, junto con su esposa Emilia, el 10 de julio de 1956, en un accidente de tránsito mientras viajaban entre Nueva York y Miami.

Las nuevas generaciones

15 JUAN B. Fernandez Renowiztky

Juan B. Fernández Renowiztky

Cuando al final de la década de los años 60 del siglo XX llegó a la Dirección de El Heraldo el abogado, filósofo y periodista Juan B. Fernández Renowitzky, se fijó como propósito dar el salto hacia el cambio que imponía el momento: enviar a los museos los viejos linotipos que hacían los textos del periódico con plomo derretido con candela, el llamado sistema ‘caliente’, para pasar al off-set, sistema ‘frío’.

Ese propósito se hizo realidad el 8 de septiembre de 1981. Con la euforia mesurada que ha predominado siempre alrededor de esa casa periodística fueron inauguradas las nuevas instalaciones del diario, en donde está actualmente, en la calle 53B número 46-25. En un edificio “hecho a la medida de las funciones en auge” del periódico, según Fernández Renowitzky. El diseño estuvo a cargo de la firma barranquillera Barón y Macchi. El constructor fue el ingeniero Guillermo Cuello Lascano.

26 Rotativa actual

Rotativa actual

Al dar ese paso, con una nueva rotativa que le permitió salir a la calle a tono con los colores y la alegría irreverentes del Caribe colombiano, con un moderno equipo electrónico de composición y armada, y el inmediato advenimiento de la era digital de toda la elaboración del diario, Fernández Renowitzky hizo una tarea fecunda, y dejó a la generación siguiente el camino despejado para un ancho porvenir.

Y nadie más que él podía propiciar ese enorme cambio, pues conoció el periódico desde su fundación en 1933. En esa época Fernández Renowitzky tenía siete años, nació el 22 de marzo de 1926, y su diversión favorita consistía en irse, después de abandonar el pupitre en el Colegio San José en donde compartía salón con Gabriel García Márquez, a hacer sus pininos como periodista en la sala de redacción del diario que dirigía su padre, Juan B. Fernández Ortega.

Fernández Renowitzky se casó con la dama barranquillera Elisa Noguera. Su hijo único, Juan B. Fernández Noguera, a muy temprana edad entró a formar parte esencial del liderazgo positivo para los necesarios cambios que en forma permanente tienen que hacer los periódicos. A Fernández Noguera se debe el nacimiento de varios de los productos periodísticos que forman parte de esta casa editorial.

Llegó la cuarta generación

Hoy el periódico está en manos de la cuarta generación. Los nietos y bisnietos de los tres briosos fundadores  ocupan las sillas de la junta de socios, en ocasiones en forma armoniosa, y de vez en cuando, como es natural, en medio de agrarias disputas que terminan en  uno que otro golpe lanzado al aire.

La controversia principal consistió en la designación de Director, cuando Fernández Renowitzky decidió retirarse, para no seguir enfrentando a una junta, en su mayoría, adversa. Fue algo injusto con él, quien en más de 35 años no solo le había dado categoría al diario con el prestigio de su nombre y su indiscutible capacidad profesional, sino que lo había dejado en la era de internet y la multimedia, con una vigorosa sede en Bogotá que hoy recauda el 70 por ciento de la pauta del periódico.

11 El Director Gustavo Bell

Gustavo Bell Lemus

Para zanjar las divergencias, fue necesario acudir a un ‘jugador externo’, (out sider, como llaman los norteamericanos): Gustavo Bell. Pero éste tampoco aguantó más de cinco años esas constantes controversias entre los nuevos miembros de junta, conformada por gente ya madura y muchachos recién salidos de la universidad. La idea que se percibía era que mucha gente le respiraba en la nuca al director de turno. Y ni qué decir de gerencia y jefe de recursos humanos. Meras figuras decorativas en manos de los socios.

Una de las graves amenazas que enfrenta el diario es la ‘multiplicación’ de los ‘terneros’ que viven de la ubre de la misma vaca. Aunque las acciones están divididas en tres grupos con un 33.33% cada uno, de cada grupo hoy hacen parte dos y hasta cuatro familias. Toda esa parentela vive del diario.

Las intimidades de tres familias que se multiplicaron

Está la línea de los Fernández Noguera, Fernández Renowitzky, Fernández Iglesias y Fernández McCausland , que son dueños de un 33.33% y tienen un voto en la junta de socios. Por el otro lado están los Gieseken Manotas, Gieseken Borrero, Cuello Gieseken, Pumarejo Osorio (realmente son dos jóvenes Pilar, casada con el fotógrafo y catedrático Alex Riquet, y la periodista Silvia), y Pumarejo Heins (hijo único del exalcalde Jaime Pumarejo Certain de unas segundas nupcias con Ingerborg  Heins), asumió el liderazgo de la heredad y dejó en un segundo plano a sus dos hermanas, hijas de un primer matrimonio con Silvia Osorio Carbonell). Este grupo diverso, disperso y antagónico tiene igualmente el 33.33% y un voto.

Y por último están, también con un 33,33% de propiedad accionaria en El Heraldo, los De la Rosa Manotas, De la Rosa Valiente, Correa De La Rosa, De La Rosa García.

En estos grupos, en aras de lograr una paz estable, se han registrado unos cruces. Matrimonios “en busca de mantener la sociedad en armonía”. Alberto Mario Pumarejo Guerrero se casó con María Carolina De la Rosa Valiente. Hijos de Alberto Mario Pumarejo Certain y de Manuelito De la Rosa Manotas, periodista combativo, casado con Julia Carolina Valiente.

Pero de inmediato hubo la respuesta del grupo contradictor, los Fernández Renowitzky. El hijo único de Juan B. Fernández Renowitzky, Juan B. Fernández Noguera, después de dos matrimonios y seis hijos, se casó con Rosario Pumarejo Guerrero, también con dos nupcias encima y tres hijos. Además de esos matrimonios ‘políticamente planeados’, se han registrado uniones normales (por amor, como diría el poeta), como el del cienaguero Hernando ‘El Cachaco’ Corrrea (todo un bacán ejemplar) y María Emilia De la Rosa (el verdadero motor de las ventas en el periódico, aunque su mal genio a veces se le sale de la ropa). Y Luis Eduardo de la Rosa, más conocido como ‘El Polli’, ese sí, un bacán congénito, quien  contrajo matrimonio con Alejandra Jaramillo. Por último el tercer hermano de Manuelito de la Rosa Manotas, Carlos Ignacio De la Rosa, se casó con Lina Lamboglia, hija del difunto parlamentario barranquillero Giovanni Lamboglia, muy recordado en la ciudad.

 Y Carolina De la Rosa, del mismo grupo familiar, contrajo nupcias con Ernesto Herrera y ya tienen una heredera, Carolina Herrera De la Rosa. Todos esos matrimonios, por supuesto, suman más abejas al panal, y todas esas abejas reinas, abejas del común  y abejitas, se sienten dueñas, como no, de un pedacito del 33.33 por ciento que le toca a cada grupo. Y poner de acuerdo a tanta gente en caso de venta de la empresa como ha sucedido en tantos otros grupos familiares, ahí es donde tuerce la puerca el rabo. Sobre todo porque en este rebaño no existe el líder sabio con la autoridad moral y el respeto necesario para trazar una hoja de ruta.

06 German y Gabo

Gabo, Fernández Renowhisky, Fernández Noguera, Germán Vargas, Ernesto McCausland y Ricardo Rocha.

Hay miradas hacia Juan B. Fernández Noguera. Es capaz. Serio y honesto. Como lo hubiera hecho cualquier otro en su lugar, ante las trifulcas y tempestades, cortó por lo sano imponiendo como presidente de la Junta Directiva a su amigo de infancia, Francisco Posada Carbó, hijo del dirigente empresarial, escritor y exprecandidato presidencial Francisco Posada De la Peña (fue presidente del Grupo Santo Domingo en sus primeros tiempos), periodista (fue director del Diario del Caribe que puso casi al mismo nivel de calidad y circulación de El Heraldo). Posada Carbó y Fernández Noguera fueron compañeros amigos desde la infancia. Su amistad fue tan sólida, que jamás las controversias y rivalidades de sus padres lograron separarlos.

En los círculos sociales de Barranquilla nunca ha dejado de comentarse esa inexplicable ironía de la vida en esta historia. En vida, Pacho Posada De la Peña, conservador pastranista, fue el más enconado contradictor periodístico y político de Juan B. Fernández Renowitzky. Pero ambos respetaron la amistad entrañable que desde niños nació entre ‘Juanchito’ y ‘Pachito’. Se habla también de Arturo ‘El Turi’ Fernández para que asuma el liderazgo, pero su actitud, con frecuencia, es la de un hombre cansando de tanto trabajar en distintos frentes (fue urbanizador, tubo la discoteca “El Gusano” y cajas de cambio que le produjeron intensos dolores de cabeza).

Así las cosas, las confrontaciones quedaron empatadas y tuvieron que conformarse con un nuevo protocolo de familia, modificación de estatutos y de la escritura constitutiva que establecía que la línea editorial del diario siempre debía estar en cabeza de un Fernández, mientras que la gerencial-administrativa e intendencia en manos de los Pumarejo-De la Rosa-Manotas-Gieseken. Ese panorama es el que oscurece el porvenir, que sin embargo, se mantiene sólido, con un buen músculo financiero, pero con una pesada carga en el conglomerado de socios, mientras que los salarios de redacción y otras áreas clave en la elaboración de un diario dejan mucho que desear. Hasta el punto de que la última vez que Gabo vino a la redacción del diario en donde mucho se formó, preguntó con sorna a los redactores presentes, delante del director: “¿Y todavía El Heraldo paga esos salarios de hambre?”. El coro fue: “¡Todavíaaaa!”.

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Acerca del Autor

1. Rafael Sarmiento Coley

Director general de Lachachara.co y del programa radial La Cháchara. Con dos libros publicados, uno en producción, cuatro décadas de periodismo escrito, radial y televisivo, varios reconocimientos y distinciones a nivel nacional, regresa Rafael Sarmiento Coley para contarnos cómo observa nuestra actualidad. Email: rafaelsarmientocoley@gmail.com Móvil: 3156360238 Twitter: @BuhoColey

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