Plinio Apuleyo Mendoza y su idilio con la nueva Barranquilla

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Muchos años después, frente al parque del Buenavista, el periodista Apuleyo Mendoza recordaría aquella tarde remota en que  «Gabo» lo llevó a conocer Barranquilla.

40 años después, el periodista, escritor y diplomático Plinio Apuleyo Mendoza, recorrió la ciudad y encontró que aquella ‘Arenosa’ que parecía desperdiciar sus años de gloria ha rejuvenecido para convertirse en toda una urbe regional.

Compartimos para los chachareros la columna que el periodista publicó en el diario El Tiempo esta semana, dedicada a Barranquilla:

plinio apuleyoAquel lugar, el Hotel del Prado, era el mismo de mis recuerdos más remotos. Contemplando desde un pasillo su quieta piscina de aguas azules y las altas palmeras que se alzan a su alrededor, me devolvía la imagen de un paraje familiar que frecuentaba 40 años atrás, cuando vivía en Barranquilla. De resto todo allí había cambiado y de manera muy positiva gracias en buena parte a sus dos últimos alcaldes, Alejandro Char y Elsa Noguera.
Sí, todo parece renovado. Lo descubre uno al llegar. La calle Murillo, aquella polvorienta vía de acceso a la ciudad que en otro tiempo parecía justificar su apelativo de la Arenosa, con maltrechas casas de suburbio y sus aceras infestadas de vendedores ambulantes, es ahora una avenida amplia, limpia, bien pavimentada, con varios carriles en dos direcciones. En medio de ella, con vía propia y modernas estaciones, el Transmetro ha reemplazado los viejos buses urbanos. Los vendedores ambulantes han sido ubicados en una plaza con bonitas casetas verdes, largos pasillos y puestos de venta con toda clase de artículos, donde un comercio próspero y organizado sustituye lo que antes era símbolo de pobreza.
No lejos de allí, se levanta otra plazuela con modernos y llamativos edificios que pertenecen a un nuevo colegio público. Me enteraría luego que en la ciudad se han construido setenta nuevos colegios con una arquitectura similar donde se educan veinte mil niños. Sus rectores y maestros han sido cuidadosamente seleccionados. Trabajan en equipo buscando siempre entre sus alumnos los mejores resultados. No queda resto alguno de la vieja burocracia pedagógica. Desde su primera infancia, los niños que estudian allí desayunan, meriendan y almuerzan de manera gratuita. Cincuenta colegios más como estos se construirán en un futuro cercano.
Por otra parte, no tardaría yo en descubrir que el centro de otros días, con su Paseo Bolívar –su calle insignia– luce también muy distinto, nada menesteroso, y que por primera vez su Catedral, la iglesia de San Nicolás, ha sido restaurada y su plaza del mismo nombre, libre de un abrumador enjambre de casetas y ventas ambulantes, vuelve a tener la noble imagen de sus primeros tiempos.
El Alto Prado es otro. Si bien conserva aún algunas de sus emblemáticas residencias, consideradas hoy patrimonio de la ciudad, el panorama que encontré fue para mí perfectamente inesperado. La avenida 53 es hoy una extensa sucesión de tiendas de lujo con los más conocidos rótulos internacionales, al lado de oficinas, empresas de toda índole, restaurantes, bancos y hoteles con altísimos edificios de reciente construcción. Lo más curioso de todo es que el Prado se enlaza ahora con recientes urbanizaciones como Buenavista, donde uno se encuentra de pronto con un centro comercial nunca visto en Colombia. En realidad, son dos: Buenavista 1 y Buenavista 2 (ambos con varios pisos, uno de lujosos almacenes, otro de restaurantes, otro de entretenimiento y juegos infantiles), unidos por un puente peatonal desde el cual se divisa una ancha avenida cruzada por raudos automóviles y un panorama de altos edificios que se parece más al de Miami y no al de la Barranquilla de otros días.
Cómo poner la casa en orden
Pero el milagro de la ciudad no es solo urbanístico. Abarca muchos otros campos. Barranquilla, en efecto, tiene hoy la menor tasa de desempleo del país. La construcción en los últimos cinco años ha crecido un sesenta por ciento. Hay una fuerte presencia de empresas extranjeras cuyas inversiones se ven por todo lado. Se han pavimentado más de tres mil tramos viales. Y algo realmente extraordinario: la salud. Contrariamente a lo que sucede en otras partes del país, el Sisbén ofrece a sus 565.000 usuarios locales, en el campo de la atención médica, más ventajas que la medicina prepagada.
El mejor ejemplo de este cambio es el nuevo hospital Adelita de Char. Con una hermosa arquitectura, amplias salas de recibo y espera, habitaciones dotadas con los equipos electrónicos más modernos, brinda servicios de cirugía altamente especializada. Corresponde a un ambicioso proyecto de modernización hospitalaria iniciada en el 2008 por el alcalde Alejandro Char y proseguido por Elsa Noguera, su sucesora. La vieja y ruinosas red hospitalaria, nicho de anquilosados sindicatos y burócratas, fue reemplazada por modernos equipos médicos al frente del nuevo hospital, de otros cinco de mediana complejidad y de 19 unidades de primer nivel. Con atención de primer orden para 700.000 habitantes, Barranquilla, como lo anunció el ministro Alejandro Gaviria, tiene hoy el mejor servicio de salud del país.
Esta transformación social con prioridad en los más necesitados tiene hoy como dinámico motor a la Alcaldesa. Pequeña, apoyada siempre en un par de muletas debido a una osteopetrósis congénita (conocida también como enfermedad marmórea), nunca llegó a imaginar que sería elegida alcaldesa de Barranquilla. Siempre fue ajena a cualquier aspiración política. Especializada en finanzas corporativas y administración de empresas en la Universidad Javeriana, desde siempre estuvo vinculada al sector financiero.
Aunque era amiga de Alejandro Char desde que ambos eran estudiantes en Bogotá, cuando este decidió lanzarse como candidato a la alcaldía de Barranquilla ella no quiso sumarse a su campaña. Tenía una pésima imagen de lo que era la administración distrital. Corrupción, clientelismo, alcaldes que entraban y salían de la cárcel, todo ello explicaba por qué Barranquilla era vista como una ciudad condenada sin remedio a la quiebra.
Pero algo inesperado sucedería en su vida. Fue el anuncio público que hizo Alejandro Char, al ser elegido alcalde, de que ella sería su Secretaria de Hacienda. Ante el estrépito mediático que provocó esta designación, Elsa no tuvo otro remedio que aceptar. Lo que se encontró al hacerse cargo de las finanzas de la ciudad fue un verdadero desastre. Tardó dos años en poner la casa en orden, asumiendo deudas por un valor de 35.000 millones de pesos y definiendo un cuidadoso plan para atenderlas. Era tan desastrosa la situación que cuando ella llegó a la Alcaldía allí habían cortado la luz por falta de pago. El alcalde Char tuvo que declarar la ciudad en quiebra. Tanto él como su Secretaria de Hacienda procedieron a liquidar viejos colegios, cuatro hospitales y cuarenta puestos de salud que estaban en poder de ruinosas telarañas sindicales.
A partir de ese momento, hubo en la ciudad un estricto manejo de las finanzas públicas. La vieja burocracia política fue desalojada. Un nuevo sistema se empeñó en hacer visibles los procesos de compra y contratación, de modo de ampliar notablemente el número de contratantes. Hoy, gracias a rigurosos procesos selectivos, Barranquilla ha logrado en campos como el de la salud la formación de más médicos, más enfermeras y más especialistas que en el pasado.
Para nadie era un secreto la labor que al lado del alcalde Char estaba cumpliendo Elsa Noguera, de modo que la ciudad en sus más limpios estamentos terminó eligiéndola como su mejor sucesora. Al frente de la Alcaldía, además de darle una proyección más amplia en campos como la educación, la salud, la construcción y la hospitalidad a las inversiones, puso todo su énfasis en asegurar un futuro promisorio, capaz de convertir la ciudad de nuevo en la Puerta de Oro de Colombia, como lo había sido cuando era pionera en campos tan diversos como la aviación, la industria y la radio.
Un pie en el futuro
Los resultados obtenidos se aprecian en cifras sorprendentes: la inversión de capital privado ha subido en un 325 por ciento, al paso que la pobreza se ha reducido en un 18 por ciento y la pobreza extrema en un 30 por ciento. La malla vial de la ciudad crece de una forma notable. De acuerdo con las estadísticas, el año pasado se reconstruyeron 7.500 metros cuadrados de vías que han beneficiado a cerca de 80 barrios. La Alcaldía ha entregado siete mil títulos de propiedad y 1700 familias han sido beneficiadas con los programas de vivienda. En los sectores de Gardenias, Villa San Pablo y Cordialidad se están construyendo edificios que contienen seis mil viviendas. A su lado, en estos nuevos conjuntos, la alcaldesa ha dispuesto la creación de centros de salud, puestos de mercado y un colegio para la primera infancia.
En el campo de la educación se han invertido en los últimos cuatro años 180.000 millones de pesos en nuevos colegios y más de cien escuelas, con dotación de pupitres, aire acondicionado, laboratorios de física y química y canchas deportivas. Se ha impuesto, además, el bilingüismo en las escuelas públicas. La jornada escolar es continua, de ocho de la mañana a cuatro de la tarde. Se están entregando actualmente 77.000 meriendas diarias (desayuno, medias nueves y almuerzo) lo que ha servido de instrumento adicional para combatir la pobreza en los sectores populares. Métodos importados de Singapur se han aplicado en la enseñanza de las matemáticas y tres mil jóvenes adelantan hoy estudios técnicos con la misma inspiración.
El turismo de negocios ha determinado la construcción de nuevos hoteles, la mayoría de ellos puestos en marcha por cadenas internacionales como Hilton, Dann Carlton, Sonesta, Sheraton, Royal Washington, City Express y otras.
Como rasgo favorable de este reciente desarrollo, de la disminución de la pobreza y el desempleo, se ha logrado fortalecer la seguridad, aumentando a algo más de 4.900 el número de agentes de policía y creado el programa de control llamado ‘Entornos Socio Urbanos Seguros’. En barrios como el Simón Bolívar, donde las riñas, los robos y la violencia en general eran pan de cada día, se construyeron nuevas sedes policiales, se levantaron redes de alumbrado público, se pavimentaron las calles y todo ello contribuyó sin duda a disminuir la delincuencia.
¿Visionaria? Tal vez es este el rasgo más notable de la alcaldesa Noguera. Sin dejar de ocuparse del día a día, tiene los ojos puestos en el futuro. Sabe que la privilegiada ubicación geográfica de la ciudad puede devolverle la posición que tuvo en otros tiempos como metrópoli comercial e industrial del país y como vital punto de conexión de Colombia con el mundo. De ahí que pueda ser la ciudad más beneficiada con los tratados de libre comercio, pues las industrias que allí se establezcan tendrán más bajos costos de exportación para sus productos.
Nuevos inmigrantes empiezan a llegar atraídos por estas opciones que ofrece un inmediato futuro. De su lado, la Alcaldía ha dispuesto obras espectaculares como el nuevo puente Pumarejo sobre el río Magdalena que reemplazará al actual con dos calzadas de tres carriles cada una y una longitud de dos kilómetros. Para convertirla nuevamente en el primer puerto sobre el Magdalena, se ha construido un corredor portuario que facilitará el tráfico pesado desde y hacia la ciudad. Está a punto de concluirse además la llamada avenida del Río que termina en un malecón de 500 metros, con faroles de atractivo diseño. Allí se prospecta levantar el nuevo edificio de la Alcaldía, centros comerciales y una llamativa zona de restaurantes frente al río. En esta obra se han invertido ya 30.000 millones de pesos.
Sí, da gusto volver a la ciudad donde uno vivía cuarenta años atrás para encontrar que hoy es otra, la de mayor pujanza en el país y mejores índices de crecimiento. Este milagro nos indica hasta qué punto es posible dejar a un lado los vicios tradicionales de la administración pública, su inútil burocracia, la desidia y el despilfarro de los recursos, para dar paso a un manejo con sentido gerencial libre de toda contaminación. Lo ha logrado la alcaldesa Elsa Noguera avanzando siempre tras sus sueños de progreso.

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