Los periódicos cambian de dueños y de objeto

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No es solo que los periódicos impresos se estén dejando de comprar, ni que los medios web sean ahora los que acaparan la atención, sino que las multinacionales y grandes jugadores del poder los quieren para ellos.

Escrito por Rafael Sarmiento Coley

rollo periodicoJeff Bezos, el dueño de Amazon, se apodera del ochentañero The Washington Post, Carlos Slim es ya casi dueño del New York Time; El Comercio de Lima de los Miró Quesada, en proceso de cambio de dueño; el australiano Rupert Murdof sigue comprando diarios en el mundo, no conforme con apoderarse de los principales londinenses, norteamericanos, alemanes y de su propio país-continente.

En Colombia, el último jugador que entra al diarismo es el magnate bancario Carlos Sarmiento Angulo, al comprar en solitario el diario El Tiempo, que la familia Santos había vendido previamente a los españoles del Grupo Planeta, y los Cano soltaban las riendas, agobiados por las deudas, de El Espectador para dejarlo en manos de los herederos de los Santo Domingo.

Fin de 80 años de historia

washington postEl caso del Post ha llamado mucho la atención en los medios norteamericanos porque era el último bastión que quedaba en manos de una familia tradicional dedicada de tiempo completo al periodismo, los Grahams. Además, no es cualquier diario. Es el único que exhibe en su historial el haber obligado a la renuncia a un Presidente de la República, gracias a las denuncias de su unidad investigativa en 1972 bajo el régimen de Richard Nixon.

El periódico lo compra un joven emprendedor, Jeffrey Bezos, fundador del portal de ventas por Internet Amazon, y quien según la revista Forbes es uno de los 11 hombres más ricos del mundo. Por el Post pagó 250 millones de dólares a los actuales propietarios, que son la cuarta generación de los Graham. La última directora de la dinastía es Katharine Wemouth Graham.

Con esto se cumple la sentencia fatídica tan en boga de los expertos en derecho de familia que la primera generación construye la empresa; la segunda la fortalece; la tercera la debilita y la cuarta la destruye.

periodicosLos ejemplos en Colombia están a la mano. Y en Barranquilla se dan a la vuelta de la esquina, no solo en el caso de periódicos, sino de colosales fábricas de diversa índole que en su momento fueron pioneras a nivel nacional, y en la tercera o cuarta generación quebraron como bulto de canela.

Colombia, el primer caso doloroso del decaimiento de un periódico se registró con El Espectador, enfrascado en una disputa frontal contra el grupo económico-financiero de Jaime Michelsen. El grupo desató una persecución económica tan brutal, que todo tipo de avisos, hasta los mortuorios, se le retiraron al diario de los Cano.

Luego vino el fatal embate de los carteles de la droga, a los que el periódico enfrentó con admirable valentía, pero quedó aún más debilitado económicamente, hasta el punto que quedó en manos del Grupo Santo Domingo, uno de sus principales acreedores. En esas condiciones el gran diario de los Cano ha venido dando bandazos.

Ya no hay un Santos en cada esquina

En los años 70 del siglo pasado, poco antes de que muriera el expresidente de la República y propietario de El Tiempo, Eduardo Santos Montejo, se decía que en cada esquina de la redacción del periódico había un Santos.

EL-TIEMPOEn efecto, toda la parentela del dueño estaba ahí en la sala de redacción. Comenzando por su hermano Enrique Santos Montejo, quien ejercía como editor general, jefe de redacción y en ocasiones como director encargado, cuando su hermano Eduardo estaba en un alto cargo oficial o fuera del país.

También El Tiempo era una especie de puerta rotatoria para ir dando lustre y renombre a figuras presidenciables del Partido Liberal. En esas condiciones fueron directores del diario santista Alberto Lleras Camargo, Augusto Espinosa Valderrama, Carlos Lleras Restrepo.

El Tiempo no fue fundado por los Santos. Lo fundó Alfonso Villegas Restrepo, hermano de Lorencita. Como la empresa no marchaba bien y la economía cada día estaba más dura, Eduardo Santos le pidió a su mamá que rompiera la chonchita de barro en donde guardaba la plata de la venta de las panelas. Eran cinco mil pesos de la época y con ello dio la cuota inicial para comprar el centenario diario.

Enrique Santos Montejo llegó a escribir durante años una de las columnas más leídas del país, ‘La danza de las horas’, que firmaba con el seudónimo de Calibán.

titular_2_0Calibán tuvo dos hijos legítimos, Hernando y Enrique Santos Castillo, quienes tras la muerte del padre y del tío Eduardo Santos, quedaron totalmente al frente del Periódico. Curiosamente el tío Eduardo, casado con Lorencita Villegas Restrepo, ilustre dama oriunda de Pereira, solamente tuvieron una hija Clarita Santos Villegas, quien murió a los 30 meses de nacida al rodar por las escaleras de la casa paterna.

En cambio los sobrinos Hernán y Enrique Santos Castillos sí fueron bastante productivos. Su propio tío programó el matrimonio de ambos con las hermanas Helena y Clemencia Calderón, de la rancia élite bogotana.

Ya casados Hernando y Enriquito, comenzaron a tener hijos como mapuritos. Fue cuando se hizo célebre el refrán que si se quería un buen puesto en El Tiempo había que irse para el cielo porque acá en cada esquina había un Santos.

Juan Manuel, Subdirector; Rafael, Jefe de Redacción; Enriquito Santos Calderón, editor de edición dominical; Pachito Santos, editor de internacionales; Guillermo Santos (hijo de don Hernando por fuera del matrimonio), encargado de los comentarios de Internet y tecnología; Daniel Samper Pizano, cuasi miembro de la familia, encargado de las revistas especiales; el médico del consultorio interno del periódico, Hernandito Santos Calderón; organizador de eventos y de revistas de farándula, Felipito Santos; responsable de diseños, Juanita Santos. Bueno, y el mandamás, no se sabe porqué circunstancias, Luis Fernando Santos Calderón, el ogro y déspota de la familia (¿sería por eso?) y verdadero poder detrás del trono.

En vida, Eduardo Santos dijo claramente que El Tiempo jamás se metería en negocios distintos al diarismo. En vida, igualmente, trató de mantener una clara división entre el Eduardo Santos Presidente de la República o Ministro y el Eduardo Santos dueño del periódico. Lo que dio lugar a un chiste perverso de un amigo que un día se presentó a su despacho presidencial a pedirle un favor para un descuento especial y le explicó: el Eduardo Santos que usted ve aquí es el Presidente de la República, muy distinto al que usted encuentra allá en la dirección del diario. El tipo se lo quedó mirando con ironía: “¡caramba, pero son igualitos de tacaños!”.

Finalmente, la fatídica cuarta generación de El Tiempo no alcanzó a llegar a destruir la empresa. La tercera se anticipó a vender y salir a gozar de la herencia del tío abuelo. El último en abandonar el barco fue Rafael Santos Calderón, a quien esta semana le hicieron la despedida con todos los honores tras 40 años de trabajo constante en el diario del tío-abuelo. Ahí queda todavía Roberto Pombo Holguín, director actual, casado con Juanita Santos Calderón. No se sabe por cuánto tiempo más. Es el último rescoldo.

El caso barranquillero

Barranquilla, lo registran los acuciosos y muy respetables historiadores del diarismo local, ha tenido una admirable colección de excelentes diarios. Llegó un momento en que por las calles de la arenosa pregonaban a diario, los llamados ‘canillitas’, 17 y hasta 25 periódicos.

Después, por sustracción de materia, fueron quedando Rigoletto, La Prensa de los hermanos Martínez Aparicio; El Heraldo, fundado el 17 de octubre de 1933 por Juan B. Fernández Ortega, Alberto Pumarejo Vengoechea y Luis Eduardo Manotas Llinás. También de respetable tradición nacieron el Diario del Caribe, de Paccini Santo Domingo; y el vespertino El Nacional, de don Julián Devis Echandía.

Periódicos por donde pasaron lo mejor de los periodistas, escritores, literatos, dibujantes y fotógrafos de la Barranquilla del último siglo.

Muchos de esos diarios fueron de vida sólida. Otros tuvieron una presencia fugaz. Pero todos hicieron historia, a su manera.

servicio-de-suscripciones-1En la actualidad sobreviven El Heraldo, La Libertad y varios diarios populares como Al Día, ADN, Q´hubo. A la Libertad le han salido varios compradores, pero don Roberto Esper se niega a vender. Los demás sobreviven con las ventas del periódico diario, porque la pauta publicitaria sigue siendo mezquina. Lo cual ha obligado, aún a los más tradicionales y fuertes, a reventar tarifas. Páginas que en tiempos de vacas gordas se vendían en $42 millones, hoy las regalan hasta en $7 millones.

De una circulación certificada de 90 mil ejemplares diarios y una lecturabilidad de 450 mil lectores, se ha bajado de manera alarmante a 17 mil ejemplares y 85 mil lectores.

El Heraldo tuvo un excelente momento, recién salido el director consejero Juan B. Fernández Renowitzky, quien logró colocar al diario en uno de los más altos niveles de la prensa nacional. Varias multinacionales estuvieron interesadas en comprarlo.

Lo malo del diario es que se trata de una empresa multifamiliar, en donde todos tienen el mismo nivel de voz y voto a la hora de tomar decisiones (son tres bloques, con el 33,33 % cada uno). Y nadie quiere vender porque esa vaca tiene una ubre tan generosa que alcanza para toda la parentela actual, más las decenas que van llegando como la abeja al panal. Hasta cuando la ubre se seque.

¿Por qué el afán de los periódicos?

El mundo se sorprende al ver el afán de los ricos por comprar un periódico. Tal vez muchos recuerdan a Artemio Cruz, el personaje de la novela de Carlos Fuentes, quien en su lecho de enfermo, ya casi moribundo con un cáncer estomacal, no perdía ocasión de llamar al director de su periódico para indagar por los chismes de sociedad. El director lo deleitaba contándole que tenían unas fotos maravillosas de su principal rival en la industria textilera al lado de una rubia que, al parecer, era su nueva amante. ‘Buenísimo. Échaselas a seis columnas, todas las que tengas’. Al día siguiente la víctima le pedía una tregua y un arreglo amistoso: ‘yo te vendo la mitad de mis acciones en mi industria, a un precio cómodo, pero ni una sola foto más de la mona’. Para eso era el poder de tener un diario de bolsillo.

mano con periodicoHoy, las cosas cambian. Hoy hay colosales grupos de inversionistas que meten mano en cuanto negocio santo, o no santo, encuentran a su paso. Necesitan multimedia para defender en forma demoledora y contundente con cine, radio, televisión, internet, redes sociales. Hay grupos empresariales de moda, que imponen tendencias. Desde Hollywood se imponen tendencia en todo tipo de consumo. Los cinco o seis laboratorios farmacéuticos de Alemania, Inglaterra, Francia, Suiza y Estados Unidos, ponen en marcha epidemias, y al mismo tiempo las vacunas para las mismas. Las marcas corporativas se asocian a través de institutos de investigaciones sociales y políticas para imponer tendencias y controlar desordenes sociales. Imponen presidentes. Cualquier bobo que se deje manejar desde la sala de junta de una de dichas corporaciones.

Para eso necesitan los periódicos como punta de lanza de la multimedia. Esa es la cuestión.

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